Lectura orante de 

Mateo 14,22-33

Oración inicial - leemos - meditamos - oramos

 

¡Ánimo! Soy Yo. No tengáis miedo

 

Oración para disponer el corazón

 

 

Para poder entender algo de Ti, no me basta leer en los libros,

ni escuchar hermosas prédicas de teólogos eruditos.

Necesito que vengas tú y susurres en mi oído

tus palabras llenas de verdad.

 

Para caminar a tu luz y encontrar gracia en tu Evangelio,

es insuficiente que lo aprenda de memoria.

Necesito que tú mismo abras mis ojos

y endereces mis pies hacia tus sendas de vida.

 

Para que la tierra árida que soy rebose fecundidad

y produzca mucho fruto,

no basta que yo la siembre con mis torpes manos

todos los días.

Necesita que tu Espíritu descienda sobre ella, como un torrente,

y que tus manos expertas, Divino Sembrador,

la trabajen y la siembren a tu modo.

 

A tu modo, ven a mí, Señor y Dueño de todos.

A tu modo, despiértame y zarandea, en la noche, mi vida adormecida,

para que eche a andar

siguiendo la voz que, inesperadamente,

me habla siembre en su silencio tenue.

 

(Oración inspirada en Mt 13,3-9; Mc 10,46 ss; Jn 7,38-39; Mt 14,25 ss; 1 Re 19,12)

 

 

1. Leemos la Palabra

 

Mateo 14,22-33

22 En seguida, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente.

23 Y después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.

24 Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. 25 De madrugada [a la cuarta vigilia de la noche], se les acercó Jesús andando sobre el agua. 26 Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.

27 Jesús les dijo en seguida:

- ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

28 Pedro le contestó:

- Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

29 Él le dijo: - Ven.

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; 30 pero, al ver la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:

- Señor, sálvame.

31 En seguida, Jesús le tendió la mano, lo agarró y le dijo:

- ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

32 En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.

33 Los de la barca se postraron ante él diciendo:

- Realmente eres Hijo de Dios.

 

  Orientaciones para la lectura 

 

1. Lee despacio y atentamente el evangelio. Es un relato muy conocido. Después de leerlo, ¿qué título le pondrías?

2. ¿Qué frases o palabras te han llamado más la atención y resaltarías? Escríbelas, si te ayuda.

3. Intenta buscar qué estructura tiene la narración, en cuántas partes se divide y cuál es la parte central. Te proponemos la siguiente división:

vv. 22-23: Transición

Estos versículos ponen fin al relato de la multiplicación de los panes y preparan lo siguiente. Observemos que la narración que sigue tiene una estructura simétrica:

v. 24: Tempestad

vv. 25-27: Encuentro de los discípulos con Jesús que va andando por el lago, y diálogo

vv. 28-31: Diálogo de Pedro con Jesús

v. 32: Jesús calma la tempestad

v. 33: Profesión de fe de los discípulos que compendia todo el relato

4. Fíjate en los temas centrales de este evangelio: el miedo de los discípulos ante las amenazas que zarandean su vida, y la fe en Jesús, Hijo de Dios, capaz de vencer todas esas amenazas.

5. Explicación:

vv. 22-23: 

Inmediatamente después de la multiplicación de los panes (Mt 14,13-21), Jesús "obligó" a los discípulos a subir a la barca para ir a la otra orilla del lago, mientras él despedía a la gente. ¿Por qué esta prisa de Jesús? Si leemos el episodio paralelo en Juan, veremos cuál es la causa de su premura: "Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo" (Jn 6,15).

Numerosos pasajes nos dicen que la gente no entendió el sentido de los gestos y milagros de Jesús. En lugar de leerlos en clave de que el Reino del amor, del servicio, la fraternidad y el compartir está ya aquí con Jesús, lo interpretaron así: "¡Por fin tenemos un mesías poderoso que será nuestro rey y nos librará del yugo opresor!". Jesús huye de estas falsas expectativas e interpretaciones y a menudo acude a su Padre para recuperar su identidad de Hijo y reforzar su proyecto, que es el del Padre, muy distinto de las pretensiones humanas. Mateo nos dice que la oración de Jesús se prolongó desde el atardecer hasta la cuarta vigilia de la noche (ya de madrugada). Oración intensa y prolongada para aprender del Padre lo que debía hacer y decir (cf. Jn 4,34; 5,20; 7,16; 8,26.28...).

v. 24:

Ahora el narrador traslada su foco de atención a la barca, muy distante ya de la orilla y a merced de una tempestad. Imaginemos la escena: una pequeña barca "zarandeada" por grandes olas; el miedo y la impotencia de los discípulos, que remaban inútilmente, pues el viento era contrario; el peligro de un naufragio casi inevitable...

El verbo griego basanizo, traducido en este contexto como "zarandear", expresa la idea de sufrimiento humano, porque rara vez se aplica a cosas. Normalmente se aplica a desgracias o enfermedades de personas, con el significado de "torturar" o "atormentar". Por lo que hay que pensar que no era la barca la zarandeada, sino el ánimo de los discípulos, quizá la comunidad entera. Y es que el agua, la tempestad y la noche son símbolos de inseguridad, angustia y muerte, según lo atestiguan los salmos (cf. Sal 18,16ss; 32,6; 69,2ss; 91,5; 107,23-32...).

vv. 25-27: 

A la cuarta vigilia de la noche, entre las tres y las seis de la madrugada, Jesús vino hacia ellos. Ese tránsito de la noche al día es el tiempo bíblico de la intervención salvadora de Dios (cf. Éx 14,24) y, para los cristianos, el tiempo de la resurrección de Jesús (Mt 28,1).

Jesús se acerca caminando sobre el agua. Se trata de una imagen o una facultad sobrenatural de la que se hablaba a menudo en la antigüedad, aunque no en el A.T. Lo que tenían claro los antiguos es que era algo imposible para los mortales y estaba reservado a Dios, a los "hijos de Dios" o héroes, o a quienes adquirieran esa facultad por medio de la magia. Esta mentalidad nos da una idea de lo que Mateo nos quiere transmitir al decirnos que Jesús caminaba sobre las aguas: Jesús es, de alguna manera, Dios.

Ante la visión de Jesús, los discípulos tienen miedo, una reacción natural del ser humano ante lo desconocido que supera su capacidad de comprensión. Marcos dirá que su miedo y desconcierto se deben a que "no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada" (Mc 6,52).

Jesús calma su miedo diciéndoles: "¡Ánimo, soy yo, no temáis!". Con esta frase saludaba el Dios bíblico a los antepasados y a Israel (cf. Gn 15,1; 26,24; 28,13; Is 41,13...). Jesús toma en sus labios el nombre divino "Yo soy" (Éx 3,14) para disipar su miedo.

vv. 28-31: 

Pedro se dirige a Jesús con el tratamiento de "Señor". Ha reconocido en Jesús andando sobre las aguas una facultad divina. Quiere que Jesús le haga partícipe de algo que sabe imposible para el ser humano, pero su petición se mueve entre la confianza y la duda: "Si eres tú...".

Jesús manda venir a Pedro. Sólo el mandato de Jesús puede hacer posible lo imposible. Pero Pedro se fija en el viento, en la tempestad, en la amenaza e inseguridad, en lugar de mirar al Señor. Por eso siente miedo y comienza a hundirse. Entonces grita: "¡Señor, sálvame!". Mateo describe el episodio con palabras del salmo 69,2 ss, un salmo conocido por los lectores de evangelio quienes, probablemente, se sintieron identificados con Pedro, figura tipo de todo discípulo. La oración de Pedro es la oración de la comunidad cristiana: "¡Sálvame, oh Dios, porque las aguas me llegan hasta el cuello!".

Jesús tiende la mano a Pedro, lo agarra y lo saca de las aguas. Mateo está diciéndonos que la presencia salvadora de Dios no consiste en que no haya tempestades, sino en que Dios se hace presente en medio de ellas.

Jesús recrimina a Pedro su "poca fe". A menudo la fe de los creyentes es así: una mezcla de coraje y angustia, de oír al Señor y ver el viento, de confianza y duda... El evangelista sabe que ésta es la condición humana, y por eso no condena la duda. Fe y duda no se excluyen. Simplemente, el Señor asume y supera la duda como supera la tempestad.

v. 32: El episodio tiene un rápido desenlace. Jesús y Pedro suben juntos a la barca y la tempestad se calma. Se entiende que es Jesús el que amaina el viento.

v. 33: El relato concluye con la confesión de fe de los discípulos, que reconocen en Jesús al Hijo de Dios. Con este episodio, Mateo quiere presentar a los discípulos como personas que creen y entienden, pese a las dificultades, amenazas y desánimos.

 

        

 

meditamos - oramos

 

 

 

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