Lectura orante de 

Mateo 15,21-28

Oración inicial - leemos - meditamos - oramos

 

Mujer, ¡qué grande es tu fe!

 

Invocación al Espíritu

 

Ven, Espíritu Santo,

ilumina mi mente, abre mi corazón, toma mis manos,

para que comprenda el mensaje de la Palabra,

para que sienta la profundidad del amor divino,

para que camine abriendo mis manos

a los que necesitan curación y misericordia.

 

Ven, Espíritu Santo,

aumenta mi fe en el Dios que ama a todos, santos y pecadores;

dame el amor que abraza a todos los hombres y mujeres del mundo entero;

afianza mi esperanza en medio de mis debilidades, limitaciones e incapacidades.

 

Ven, Espíritu Santo,

yo solo sé que no puedo hacer nada;

acompáñame, guíame, llévame,

para que pueda llegar al abrazo del Padre,

para que pueda seguir las Palabras y enseñanzas del Hijo,

para que pueda caminar con los demás,

con amor, fe y misericordia,

con la fuerza, la luz y la ternura

que vienen solo de Dios.

 

 

1. Leemos la Palabra

 

Mateo 15,21-28

21 En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.

22 Entonces, una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

- Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.

23 Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:

- Atiéndela, que viene detrás gritando.

24 Él les contestó:

- Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.

25  Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas:

- Señor, socórreme.

26 Él le contestó:

- No está bien echar a los perros el pan de los hijos.

27 Pero ella repuso:

- Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.

28 Jesús le respondió:

- Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas.

En aquel momento, quedó curada su hija.

 

  Orientaciones para la lectura y la meditación

 

Para poder profundizar nuestra reflexión, vamos a poner la atención en algunas palabras o frases que nos pueden ayudar a comprender mejor el evangelio de este domingo.  

1. …se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón.” (v.21) Podemos ver la mención de estos lugares en Mateo 11,21. Dice: “¡Ay de ti, Corazain! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido.” Tiro y Sidón son ciudades fenicias, es decir, un territorio pagano que la comunidad de Mateo aceptaba con dificultad, apoyando su postura en las palabras de Jesús: “No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” (v.24) Pero vemos que en los relatos anteriores a este relato sobre la curación de la hija de una cananea, Jesús recibió una gran oposición por parte de los fariseos y maestros de la ley (Mt 15,1-20), además de la falta de fe de la gente en sus milagros como signo de la llegada del Reino de Dios (Mt 11,20). Por lo tanto, esta sería una de las razones por las que Jesús se dirigió a territorio pagano, a pesar de que entendía que tenía que ocuparse de los judíos antes que de los gentiles.

2. Entonces, una mujer cananea…gritaba diciendo: «¡Ten compasión de mí, Señor, hijo de David! Mi hija tiene un demonio muy malo» ( v. 22) En primer lugar, en este versículo se puede apreciar el amor de una madre hacia su hija. La madre sufre en sí misma el mal que padece su hija como si fuera propio. Por eso, su petición es: “¡Ten compasión de mí!”. En segundo lugar, esta persona tiene dos rasgos en su contra como para atreverse a pedir misericordia a un maestro judío. Por una parte, se trata de una mujer. Las mujeres, como los niños, no tenían reconocimiento social en tiempos de Jesús. Pero además, esta mujer es cananea, pagana. Los judíos consideraban a los paganos “gentuza” indigna de la salvación de Dios a causa de su idolatría. Por eso es comprensible la reacción de los discípulos: “Despídela, que viene gritando detrás de nosotros.” También vemos la razón de la respuesta de Jesús: “No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

3."…vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!» (v.25) Una vez más vemos cómo la mujer pide a Jesús por amor a su hija. Dice “socórreme” y no “socorre a mi hija”. Su amor la lleva a sentir con su hija como si fueran una sola cosa. Pero ahora, destacamos la fe de la mujer. En este relato del evangelio, podemos fijarnos en que la mujer llamó a Jesús “Señor” tres veces (vv. 22, 25 y 27). Para los hebreos, el número tres quiere decir que es definitivo o superlativo. Por tanto, la fe de la mujer es definitiva y muy profunda. La mujer cree en Jesús como Señor y en su capacidad y poder de curar. Es una fe que no sólo se manifiesta en palabras sino en la acción. Dice el evangelio: “vino a postrarse ante él”.

4. "No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.” (v.26). Jesús quiere que la mujer comprenda que ha sido “enviado sólo a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (v.24). En la frase de Jesús, “los hijos” son sinónimo de los judíos y “los perritos”, de los gentiles. Jesús usa un diminutivo que atenúa la fuerza despectiva de la palabra “perros”, usada para designar, habitualmente, a los paganos.

5. “…pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.” (v. 27) Es de verdad muy notable la fe de la mujer. A pesar del rechazo que recibió de Jesús, insistió en que Jesús le podría hacer el favor que pedía. Aún creía que aunque no le diera el “pan” entero, le bastaría “las migajas”.

El tema del pan en el diálogo de Jesús con la mujer tiene un sentido simbólico: se refiere a los signos que Jesús realiza. Comer las migajas que caen de la mesa de los hijos equivale a recibir de Jesús el don de la curación de su hija. Esta curación es más que un pan material. Forma parte del pan del reino: su enseñanza y sus signos que lo hacen presente.

6. “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas. En aquel momento, quedó curada su hija.” (v.28) Jesús destaca la fe de la mujer y subraya que, por la fe, la llegada del reino puede suceder: “quedó curada su hija”. La curación de su hija es un signo de la llegada del reino de Dios a la casa de la mujer cananea, a la casa de los paganos rechazados por la comunidad judía, a la casa de una mujer considerada como débil e incapaz de defenderse o protegerse a sí misma y a los suyos. Esta actuación de Jesús le recuerda a la comunidad de Mateo que, a través de su acercamiento a los paganos, él descubrió en ellos una fe ejemplar (véase Mt 8,10). Además, a través de sus encuentros con los paganos, anunció la conversión a la fe de todos los pueblos (es decir, no sólo de los judíos) y su entrada en la Iglesia (Mt 8,11-13; 28,16-20).  

 

        

 

meditamos - oramos

 

 

 

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