
Oración inicial - leemos - meditamos - oramos
Ven,
Espíritu Santo,
ilumina
mi mente, abre mi corazón, toma mis manos,
para
que comprenda el mensaje de la Palabra,
para
que sienta la profundidad del amor divino,
para
que camine abriendo mis manos
a
los que necesitan curación y misericordia.
Ven,
Espíritu Santo,
aumenta
mi fe en el Dios que ama a todos, santos y pecadores;
dame
el amor que abraza a todos los hombres y mujeres del mundo entero;
afianza
mi esperanza en medio de mis debilidades, limitaciones e incapacidades.
Ven,
Espíritu Santo,
yo
solo sé que no puedo hacer nada;
acompáñame,
guíame, llévame,
para
que pueda llegar al abrazo del Padre,
para
que pueda seguir las Palabras y enseñanzas del Hijo,
para
que pueda caminar con los demás,
con
amor, fe y misericordia,
con
la fuerza, la luz y la ternura
que vienen solo de Dios.
Mateo 15,21-28
21 En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
22 Entonces, una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
- Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.
23 Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
- Atiéndela, que viene detrás gritando.
24 Él les contestó:
- Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
25 Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas:
- Señor, socórreme.
26 Él le contestó:
- No está bien echar a los perros el pan de los hijos.
27 Pero ella repuso:
- Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.
28 Jesús le respondió:
- Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas.
En aquel momento, quedó curada su hija.
Orientaciones para la lectura y la meditación
Para poder profundizar nuestra reflexión, vamos a poner la
atención en algunas palabras o frases que nos pueden ayudar a comprender
mejor el evangelio de este domingo.
1. “…se
retiró hacia la región de Tiro y de Sidón.” (v.21) Podemos ver la
mención de estos lugares en Mateo 11,21. Dice: “¡Ay de ti, Corazain! ¡Ay de
ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón
se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en
sayal y ceniza se habrían convertido.” Tiro y Sidón son ciudades fenicias,
es decir, un territorio pagano que la comunidad de Mateo aceptaba con
dificultad, apoyando su postura en las palabras de Jesús: “No he sido
enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” (v.24) Pero
vemos que en los relatos anteriores a este relato sobre la curación
de la hija de una cananea, Jesús recibió una gran oposición por parte de
los fariseos y maestros de la ley (Mt 15,1-20), además de la falta de fe de la
gente en sus milagros como signo de la llegada del Reino de Dios (Mt 11,20). Por
lo tanto, esta sería una de las razones por las que Jesús se dirigió a
territorio pagano, a pesar de que entendía que tenía que ocuparse de los judíos
antes que de los gentiles.
2. “Entonces, una mujer cananea…gritaba diciendo: «¡Ten compasión de mí, Señor, hijo de David! Mi hija tiene un demonio muy malo» ( v. 22) En primer lugar, en este versículo se puede apreciar el amor de una madre hacia su hija. La madre sufre en sí misma el mal que padece su hija como si fuera propio. Por eso, su petición es: “¡Ten compasión de mí!”. En segundo lugar, esta persona tiene dos rasgos en su contra como para atreverse a pedir misericordia a un maestro judío. Por una parte, se trata de una mujer. Las mujeres, como los niños, no tenían reconocimiento social en tiempos de Jesús. Pero además, esta mujer es cananea, pagana. Los judíos consideraban a los paganos “gentuza” indigna de la salvación de Dios a causa de su idolatría. Por eso es comprensible la reacción de los discípulos: “Despídela, que viene gritando detrás de nosotros.” También vemos la razón de la respuesta de Jesús: “No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.”
3."…vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»
(v.25) Una vez más vemos cómo la mujer pide a Jesús por amor a su hija. Dice
“socórreme” y no “socorre a mi hija”. Su
amor la lleva a sentir con su hija como si fueran una sola cosa. Pero ahora,
destacamos la fe de la mujer. En este relato del evangelio, podemos fijarnos en
que la mujer llamó a Jesús “Señor” tres veces (vv. 22, 25 y 27). Para los
hebreos, el número tres quiere decir que es definitivo o superlativo. Por
tanto, la fe de la mujer es definitiva y muy profunda. La mujer cree en Jesús
como Señor y en su capacidad y poder de curar. Es una fe que no sólo se
manifiesta en palabras sino en la acción. Dice el evangelio: “vino a
postrarse ante él”.
4.
"No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.”
(v.26). Jesús quiere que la mujer comprenda que ha sido “enviado sólo a las
ovejas perdidas de la casa de Israel” (v.24). En la frase de Jesús, “los
hijos” son sinónimo de los judíos y “los perritos”, de los gentiles. Jesús
usa un diminutivo que atenúa la fuerza despectiva de la palabra “perros”,
usada para designar, habitualmente, a los paganos.
5.
“…pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de
sus amos.” (v. 27) Es de
verdad muy notable la fe de la mujer. A pesar del rechazo que recibió de Jesús,
insistió en que Jesús le podría hacer el favor que pedía. Aún creía que
aunque no le diera el “pan” entero, le bastaría “las migajas”.
El tema del pan en el diálogo de Jesús con la mujer tiene
un sentido simbólico: se refiere a los
signos que Jesús realiza. Comer las migajas que caen de la mesa de los
hijos equivale a recibir de Jesús el don de la curación de su hija. Esta
curación es más que un pan material. Forma parte del pan del reino: su enseñanza y sus signos que lo hacen presente.
6.
“Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas. En aquel
momento, quedó curada su hija.” (v.28) Jesús destaca la fe de la mujer y subraya que, por la fe, la
llegada del reino puede suceder: “quedó curada su hija”. La curación de su
hija es un signo de la llegada del reino de Dios a la casa de la mujer cananea,
a la casa de los paganos rechazados por la comunidad judía, a la casa de una
mujer considerada como débil e incapaz de defenderse o protegerse a sí misma y
a los suyos. Esta actuación de Jesús le recuerda a la comunidad de Mateo que,
a través de su acercamiento a los paganos, él descubrió en ellos una fe
ejemplar (véase Mt 8,10). Además, a través de sus encuentros con los paganos,
anunció la conversión a la fe de todos
los pueblos (es decir, no sólo de los judíos) y su entrada en la Iglesia
(Mt
8,11-13; 28,16-20).
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