
Oración inicial - leemos y meditamos - oramos
Mateo 18,15-20
(En esta ocasión, no presentamos la versión litúrgica, sino una traducción del texto griego más literal, para que se puedan apreciar, con más claridad, los paralelismos y repeticiones de la perícopa)
15 Si tu hermano peca contra ti,
vete a corregirlo, a solas tú con él.
Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
16 Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos,
para que todo asunto quede zanjado por la palabra
de dos o tres testigos.
17 Si no quiere escucharles, díselo a la Iglesia.
Y si hasta a la Iglesia no quiere escuchar,
sea para ti como el gentil y el publicano.
18 En verdad os digo: todo lo que atéis en la tierra
quedará atado en el cielo,
y todo lo que desatéis en la tierra,
quedará desatado en el cielo.
19 También os digo que si dos de vosotros
se ponen de acuerdo en la tierra
para pedir algo, sea lo que fuere,
lo conseguirán de mi Padre,
que está en los cielos.
20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre,
allí estoy yo en medio de ellos.
Orientaciones para la lectura y la meditación
1. Tras leer y releer el evangelio de hoy, cayendo en la cuenta de sus repeticiones, intenta distinguir en él su estructura. ¿Qué tema es predominante en cada parte?
2. Confronta la primera parte de la perícopa (vv. 15-17) con la primera lectura de la Liturgia de la Palabra de hoy: Ezequiel 33,7-9.
3. En 1 Cor 5,1-13 encontramos el caso de un pecador público (un incestuoso), dentro de la comunidad de hermanos. Pablo juzga la situación y da orientaciones concretas sobre cómo proceder. Este ejemplo puede ayudarnos a comprender mejor la praxis de la comunidad primitiva, reflejada en Mateo 18,15-20.
4. Confronta los siguientes versículos del evangelio de hoy con los paralelos que ofrecemos:
v.15 // Santiago 5,19-20
v.17 // 1 Corintios 5,1-13
v. 18 // Mateo 16,19 y Juan 20,22b-23
v.19 // Mateo 7,7; 21,22
v.20 // Juan 14,23
5. Podríamos estructurar el evangelio de hoy en dos partes:
a. Mt 18,15-17: Corregir para ganar al hermano
b. Mt 18,18-20: Con la fuerza y el poder del Resucitado
a. Mt 18,15-17: Corregir para ganar al hermano
La primera parte (vv.15-17), trata de la praxis que ha de tener la comunidad eclesial con aquellos que, en su seno, no caminan en comunión con ella, pecan públicamente y se niegan a escuchar la corrección de los hermanos en la fe. El pecado del que se habla no es, pues, una ofensa personal, sino un pecado que aleja al hermano de la comunidad.
Las palabras de este evangelio no pretenden orientar, por tanto, nuestro comportamiento con "los de fuera", sino con aquellos que, llamándose "hermanos" (dos veces aparece esta expresión en el v. 15), viven voluntariamente alejados de la comunidad y de Cristo. Así lo dice Pablo en la carta a los Corintios: "Os escribí que no os relacionarais con quien, llamándose hermano, es impuro, avaro, idólatra, ultrajador, borracho o ladrón" (1 Cor 5,11).
En este caso, la práctica de la Iglesia no ha de ser la de juzgar, ni la de condenar. Las palabras de Jesús, en Mt 7,7, orientan la actitud y el comportamiento de los creyentes hacia la compasión y la comprensión: "No juzguéis, para que no seáis juzgados". Por eso, la Iglesia (tanto la Iglesia jerárquica como las pequeñas comunidades eclesiales) no está llamada a ser juez de nadie, pues uno sólo es el Legislador y Juez (cf. Sant 4,12), sino a ser centinela de la vida para sus miembros y para los hombres y mujeres "de fuera" que quieran acercarse a Dios.
¿Qué queremos decir con la imagen del centinela?
En la primera lectura del profeta Ezequiel (33,7-9), Yahveh constituye a su profeta como centinela de la casa de Israel para que advierta al malvado de que, si no se convierte, morirá por su culpa. Como el centinela toca el cuerno, desde la muralla de la ciudad, para avisar a sus habitantes de un peligro inminente, y puedan poner a salvo sus vidas, así Ezequiel ha de alzar su voz en nombre de Dios para que el malvado no muera. Porque Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ez 18,23). Por eso, Dios mismo grita: "¡Convertios y vivid!" (Ez 18,32).
En continuidad con este mensaje, la comunidad eclesial está llamada a despertar a aquellos que viven como dormidos ignorando que la consecuencia de su pecado es la muerte.
Otra imagen que puede ayudarnos a ahondar en el mensaje del evangelio de hoy es la del pastor, que Mateo sitúa en el llamado discurso eclesial al que pertenece nuestro texto, y que abarca todo el capítulo 18: el Padre es como un pastor que busca incansablemente a la oveja perdida, porque su voluntad es que no se pierda ni uno sólo de los miembros de la comunidad, ni aún el más pequeño (Mt 18,12-14). Del mismo modo, la Iglesia está llamada, en su tarea pastoral y en continuidad con la misión de Jesús, a hacer lo posible por que no se pierda ni uno sólo de los que el Padre le ha dado (cf. Jn 6,39). Ahora bien, si después de los desvelos de la comunidad, el pecador se obstina en su pecado, ha de ser expulsado de ella. A eso se refiere la expresión: "sea para ti como el gentil o el publicano".
b. Mt 18,18-20: Con la fuerza y el poder del Resucitado
La segunda parte del evangelio (vv. 18-20) está constituida por dos afirmaciones de Jesús, revestidas de especial solemnidad, al estar introducidas por la expresión: "en verdad os digo"1.
a) La primera afirmación hace referencia a la autoridad, dada por Jesús a su Iglesia, de atar y desatar. Estos verbos expresaban, entre los rabinos, la totalidad del poder de prohibir y permitir, de condenar y absolver (= excluir de la comunidad y admitir en ella).
En el contexto de mt 18,18, parece que el sentido de atar y desatar es el de retener y perdonar el pecado, como en Jn 20,23.
b) La segunda afirmación de Jesús es que la comunidad que ora unida y en su nombre, obtendrá del Padre aquello que pide. El apóstol Santiago habla del poder de la oración precisamente en el contexto del perdón de los pecados: es preciso orar unos por otros para ser sanados (cf. Sant 5,16).
¿De dónde le viene a la Iglesia esta autoridad, tanto la de atar y desatar, como la de obtener del Padre aquello que pide? El v.20, que sirve de conclusión a la perícopa, da la razón de ese poder: el Señor Resucitado está en medio de la comunidad y actúa en ella.
Así pues:
- como el Cristo médico, que no vino para los justos sino para los que están mal, ella es enviada a los "enfermos" y pecadores (Mc 2,17);
- y como Cristo, siempre vivo para interceder por nosotros ante el Padre (Heb 7,25), ella está llamada a ser comunidad orante en favor de todos los hombres y mujeres de nuestro mundo.
El Evangelio de hoy es una buena noticia para todos:
para las comunidades cristianas, que tienen la hermosa misión de ser centinelas
de la vida y sacramento del perdón de Dios,
y para quienes pecan y están alejados, pues a ellos se les dice que Dios no
quiere su muerte, sino que se conviertan y que vivan.

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