Lectura orante de 

Mateo 20, 1-16

Oración inicial - leemos - meditamos - oramos

 

Los trabajadores de la viña - ¡Dios mío, qué grande eres!

 

Invocación al Espíritu

 

Espíritu de Vida,

te invoco sinceramente:

ven en ayuda de mi debilidad.

Ven, Espíritu de Dios,

y habita en mi flaqueza

para que tu fuerza sea patente en mi existencia.

 

Ven, presencia renovadora

y pueda yo, en mi fragilidad,

acoger la Palabra  de la Vida.

 

Ven a mí, injusto y pecador,

y por tu poder creador

se encarne en mí

la Buena Noticia.

 

Ven a mí, Espíritu de la Verdad,

toma posesión de mi corazón y de mi mente,

acomódate  en mi hogar,

conduce mi vida cotidiana

según los designios de Dios Padre-Madre.

 

Ven a mí, ven a tu Iglesia

y hazla gustar de tu gozo embriagador,

en la acogida diaria y confiada de la única Palabra que salva.

 

 

1. Leemos la Palabra

 

Mateo 20,1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

-1 El Reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. 2 Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

3 Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, 4 y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido".

5 Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. 6 Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí, el día entero, sin trabajo?".

7 Le respondieron: "Nadie nos ha contratado".

Él les dijo:

"Id también vosotros a mi viña".

8 Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:

"Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros".

9 Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

10 Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11 Entonces se pusieron a protestar contra el amo:

"12 Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno".

13 Él replicó a uno de ellos:

"Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? 14 Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. 15 ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? 

16 Así, los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos.

 

  Orientaciones para la lectura 

 

Si en los dos últimos domingos nos encontrábamos con el discurso de Jesús sobre la vida en comunidad (Mt 18: corrección fraterna y perdón), ahora hallamos al Maestro en la larga etapa de Galilea a Jerusalén (lo encontraremos durante siete domingos hasta que se presenten las parábolas sobre la vigilancia antes de cerrar el año litúrgico). Hoy, Jesús, ya en el camino, prosigue su enseñanza, no ya por medio de discursos, sino partiendo “de la vida", de los sucesos cotidianos. Procura conseguir que en sus discípulos se produzca el cambio de mentalidad. Será la parábola de los obreros de la última hora lo que muestra claramente su pensamiento. 

            Lo importante de esta parábola es que, en el Reino, las bendiciones y recompensas se reciben por la bondad y el amor de Dios, y no según el mérito o el tiempo de servicio. En el Reino no hay lugar para la envidia ni la codicia. El dueño de la viña representa a Dios en el reino (Is 5,1-7). La primera hora de contratar jornaleros era en torno a las seis de la mañana, el comienzo de la jornada laboral veraniega de doce horas. Las otras horas representan aproximadamente las nueve de la mañana, el mediodía, las tres y las cinco de la tarde. El denario era el salario habitual para un jornalero. El propietario ve a gente sin trabajo, y consiguientemente sin ingresos, y los llama a trabajar en su viña.

Aproximadamente a las seis de la tarde, el propietario llama a su administrador para que, como manda la ley, pague a los trabadores su jornal (Lv 19,13; Dt 24,15); pero ha de hacerlo empezando por los últimos y terminando por los primeros, para hacer comprender que, aun cuando los últimos han trabajado sólo una hora, se les proporcionará su sustento, lo mismo que a quienes han trabajado soportando el calor del día. Asimismo, quienes entran en el Reino a última hora recibirán las mismas bendiciones de vida eterna que quienes llevan más tiempo en él (cf Ez 18,21-23). La bondad de Dios no puede ser objeto de discusión. A los que murmuran se les recuerda que han recibido lo que habían acordado. No se ha cometido ninguna injusticia, sino que todos han recibido conforme a la bondad de Dios. (v. 15). 

La parábola original acaba en el versículo 15 y Jesús se dirigía a los judíos diciéndoles: lo mismo que el dueño no es injusto al dar a todos el mismo salario, porque se basa, no en sus “méritos” sino en su propia bondad, tampoco Dios es injusto al admitir a su Reino a los pecadores, porque es bueno. Mateo, al añadir una conclusión (v.16), cambia el auditorio: la parábola se dirige ahora a los discípulos, a los cristianos de su comunidad; se apoya en un detalle secundario de la historia (el orden a la hora de pagar). Lo mismo que el amo hace pasar en último lugar a los obreros que llegaron primero, también Dios hace pasar a su reino en último lugar a los judíos que fueron los llamados primero, detrás de los paganos llamados los últimos. En este contexto, la parábola se convierte también en una promesa para los discípulos llamados a pasar antes que los jefes religiosos judíos. Pero sigue siendo una advertencia: el hecho de ser ahora los primeros llamados de esta iglesia no les da ningún derecho.  

 

        

 

meditamos - oramos

 

 

 

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