1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

 

Este evangelio me suscita una pregunta, y es con qué actitud interior salgo yo a trabajar, cada mañana, a la viña de nuestro Dios y Padre. Porque la viña, que es el Reino de Dios, es también mi viña. Yo soy su heredera, co-heredera con Cristo y con una multitud innumerable de hermanos y hermanas. ¿Trabajo gozosamente en ella, empleando en ese trabajo todas mis fuerzas, ganas y creatividad, o más bien me siento como una jornalera en campo ajeno, que va simplemente a "cumplir" y recibir su paga?

        Si soy hija, la fecundidad de la viña será mi paga, y mi alegría cotidiana será mi recompensa. Si soy sierva, "tirar del carro" de los trabajos apostólicos será una carga que me desgasta y arruina mi felicidad.

        Si soy sierva, sentiré celos de que otros alcancen éxito en sus trabajos, y una recompensa inmerecida que me correspondería a mí, dado mi mayor esfuerzo y mi sacrificio constante... No creeré ni acogeré con confianza el amor de nuestro Padre, que es la recompensa de quienes trabajan en la viña del Reino.

        Conozco a muchos cristianos que trabajan con ahínco en su santificación y perfeccionamiento. Tienen madera de ascetas: ayunan, se sacrifican, se afanan por Dios y por la salvación de las almas... y, por supuesto, no toleran a los cristianos "perezosos", que ni ayunan ni se ofrecen como víctimas inmoladas por la salvación del mundo aunque, para colmo de "injusticias", estos cristianos incluso parecen, a veces, más dichosos que ellos... ¡No hay derecho, Señor!

        Yo misma he vivido, por mucho tiempo, mi relación con Dios con esta actitud de "jornalera", trabajando por mi "perfección", mientras mi corazón se hacía cada vez más duro e incapaz de acoger a los "imperfectos" y de agradecer mi vocación cristiana como un don inmerecido, y de alegrarme porque Dios ama igualmente a los "ingratos y malos" (Lc 6,35), a los perezosos e indignos.

        Pero, aquella imagen mentirosa de mí misma, que buscaba autojustificarse a fuerza de puños, cayó y se hizo añicos. Y así va quedando en mí "un resto pobre y humilde", que se alegra inmensamente por poder contarse entre los enviados a trabajar en la viña del Reino, y da gracias a Dios por esta bondad tan suya, tan incomprensible para nosotros.

        Sí, la bondad de Dios es desconcertante, ilógica, "injusta" desde los "ojos humanos", cuya mirada es corta y raquítica. Los humildes gozan con esa bondad y dan gracias a boca llena, porque son sus beneficiarios. Pero, a los soberbios, a los que desean ser estimados y reconocidos por sus obras de justicia, esa bondad los deja confundidos.

        Este evangelio nos despierta, para que vivamos nuestra vocación cristiana con más gozo, gratuidad y gratitud por el don recibido. Nos llama a trabajar con otros, sin compararnos, sin creernos superiores ni inferiores. Nos invita a trabajar por el Reino, con la entrega de que somos capaces en cada momento, y a confiar en la recompensa que Dios ha prometido a los pobres: Él mismo. «Dichosos los pobres de espíritu, porque Dios es suyo» (Mt 5,3).

 

  3. Oramos

 

Padre Bueno,

gracias por llamarnos a trabajar en tu viña,

sea a la mañana, a mediodía o al atardecer.

Gracias por fijarte en nosotros 

y considerarnos dignos,

seamos "primeros" o "últimos",

"pequeños" o "grandes",

"ignorantes" o "sabios"...

 

Danos el amor suficiente

para trabajar cada día, 

sin esperar salarios al estilo humano.

Danos espíritu de hijos 

que se saben herederos de tu Reino

y trabajan en él como en casa propia.

Danos corazón fraterno

para trabajar con otros, mano con mano,

sin pretender ser más que ellos.

 

Danos corazón de hijos y hermanos 

en la viña de tu Reino, Padre Bueno.

Otra propuesta de oración: Salmo 144,2-3.8-9.17-18

«Día tras día te bendeciré, Dios mío,

y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor y merece toda alabanza,

es incalculable su grandeza.

El Señor es clemente y misericordioso,

lento a la cólera y rico en piedad;

el Señor es bueno con todos,

es cariñoso con todas sus criaturas.

El Señor es justo en todos sus caminos,

es bondadoso en todas sus acciones;

cerca está el Señor de los que lo invocan,

de los que lo invocan sinceramente»

 

 

 

 

 

Mª Concepción López, pddm (España)