1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

Lee y relee otra vez el evangelio. Con la ayuda de los detalles y explicaciones de la lectio, intenta asimilar más el mensaje del evangelio. Un momento de silencio te puede ayudar. Imagina el escenario del evangelio. Lo mejor sería que pudieras imaginarte dentro del escenario. ¿Qué sentirías o pensarías si estuvieras allí, cuando y donde sucedió el relato del evangelio? 

         ¿Qué palabra, frase o personaje te atrae más? ¿Por qué? ¿Qué mensaje te quiere decir? ¿Qué mensaje te puede servir aquí y ahora? ¿Qué mensaje te hace recordar una experiencia del pasado, que te sirve como luz o guía en tu vida de hoy? Escucha..., déjate llevar por el Espíritu que te quiere revelar algo a través de la PALABRA... 

         Por mi parte, me atrae más la respuesta de Jesús: «Pues, lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Ciertamente, tenemos que dar lo que debemos a las autoridades: la autoridad del césar en nuestra vida y la autoridad de Dios. Pero, a veces, nos encontramos en unas encrucijadas y no sabemos qué voz tenemos que seguir. Esto me hace recordar el día en que estaba hablando con mi padre, antes de entrar en la vida religiosa. Él me dijo: «¿Por qué quieres ser monja? ¿No nos quieres? Acuérdate: si te vas ahora, no esperes encontrar a un padre cuando vuelvas». Fue muy doloroso para mí este momento, sobre todo cuando vi que mi padre lloraba por el dolor que sentía. Yo no podía responderle nada. Le amo tanto que me dolía mucho que no pudiera comprenderme. 

         ¿Qué autoridad debo seguir? ¿La autoridad de mi padre que me cuida desde mi nacimiento, o la autoridad de Aquel Padre que me ama y me llama a compartir este amor con los demás? 

         Este ejemplo tiene un contexto distinto al contexto del evangelio para este domingo. Pero creo que es parecido también en el sentido de que cualquier decisión que tomara traería unas consecuencias con las que no podía complacer a todos. Como Jesús, es necesario tener una convicción, un principio, una fe que nos pueda guiar e inspirar a seguir lo que creemos que es lo mejor, según la revelación que recibimos de la autoridad de Dios

         A pesar de los conflictos que Jesús tenía con los fariseos, Él tuvo el coraje de confrontarse con ellos, de decir y hacer lo que le parecía mejor. Aunque sabía que le podían perseguir por contradecir los principios y enseñanzas de los fariseos, Jesús se mantuvo fiel a la autoridad del Padre, que le llamaba a proclamar su LEY DE AMOR contra las leyes rigoristas de los fariseos. 

         En nuestra vida, aquí y ahora, habrá fariseos y herodianos que nos persiguen. (O quizás, somos fariseos o herodianos para los demás, sin darnos cuenta.) ¡Que Jesús sea nuestra inspiración para que podamos ser fuertes, con la convicción enraizada en la autoridad del amor de Dios, que nunca se puede ser vencido por nadie, y permanecerá para siempre!

 

  3. Oramos

 

Con la oración aconsejada por San Ignacio de Loyola, vamos a dar a Dios lo que debemos: todo lo que tenemos y somos. Entreguémonos a Él, que nos lo ha dado todo. 

 

Tomad, Señor, y recibid,  toda mi libertad,

mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad,

todo mi haber y mi poseer;

Vos me lo disteis,

a Vos, Señor, lo torno;

todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad;

dadme vuestro amor y gracia,

que ésta me basta.

 

 

 

 

 

 

Cecilia Payawal, pddm (Filipinas)