a) Hágase (Paz Carbonari, pddm)
b) María del Adviento (Alberto Iniesta)
a) Hágase (Paz Carbonari, pddm)
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Dios
Santo, dador de todo bien: desde
siempre una Virgen fue elegida como
cuna de amor donde nacería tu Hijo, Jesús
el Emmanuel, Hijo del Altísimo, Príncipe
de la Paz y poderoso consejero. María
se sorprende ante el anuncio de tu ángel. Pregunta:
“¿Cómo será esto?” Y
responde: “Hágase en mí según tu Palabra”. Señor,
sé que desde ese preciso instante, desde
el “Hágase” de la Hija de Sión, nos
visitó la Luz de las naciones. María
alabó las maravillas de Dios y
por obra del Espíritu proclamó tu nombre. El
Espíritu de ayer es el Espíritu de hoy. Derrama,
Señor, tu Espíritu; baja
del corazón de tu HIJO y
toca nuestros corazones. Ninguna
cosa es imposible para Ti, toca
mi corazón, Señor, y
muévelo a decir SÍ a tu proyecto. “Hágase
en mí según tu Palabra”. Hágase como Tú quieres. |
b) María del Adviento (Alberto Iniesta)
¡Pobre María, tan incomprendida!,
tan incomprendida casi como tu mismo hijo,
al que aquí abajo nunca comprenderemos del todo,
ante el que tú misma, es verdad, también te pasmabas,
pero seguías,
como Abrahán seguía la palabra de Dios que le guiaba,
aunque no supiera de antemano el camino.
María había llevado el camino en sus entrañas de carne,
y lo llevaba siempre en sus entrañas de fe.
María vuelta a nuestra casa,
no como una diosa, sino como hija de Dios;
no como una madre, sino como una hermana;
no como una maestra, sino como una discípula,
la mejor discípula
del mejor maestro.
María peregrina,
que pisaba la tierra paso a paso,
que no fue llevada en volandas por los ángeles,
que, aun teniendo el Hijo de Dios dentro,
no estuvo ensimismada,
sino extasiada,
entregada al servicio del prójimo,
en viaje a casa de su prima Isabel,
en viaje a todas nuestras casas,
a servir,
a echar una mano en esas cosas corrientes de todos los días,
en esos pucheros donde los santos descubren a Dios.
María nos recuerda que el mundo está preñado de Dios,
que es cuestión de saber verlo,
y para saber verlo, es cuestión de saber desearlo.
¿Tendremos,
al menos en Adviento,
hambre de Dios?
¡Dichosos los hambrientos
porque ellos serán saciados!
(Alberto Iniesta)
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Mª Paz Carbonari, pddm (Argentina)