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  3. Oramos

 

a) Hágase (Paz Carbonari, pddm)

b) María del Adviento (Alberto Iniesta)

 

a) Hágase (Paz Carbonari, pddm)

 

Dios Santo, dador de todo bien:

desde siempre una Virgen fue elegida

como cuna de amor donde nacería tu Hijo,

Jesús el Emmanuel, Hijo del Altísimo,

Príncipe de la Paz y poderoso consejero.

 

María se sorprende ante el anuncio de tu ángel.

Pregunta: “¿Cómo será esto?”

Y responde: “Hágase en mí según tu Palabra”.

Señor, sé que desde ese preciso instante,

desde el “Hágase” de la Hija de Sión,

nos visitó la Luz de las naciones.

María alabó las maravillas de Dios

y por obra del Espíritu proclamó tu nombre.

 

El Espíritu de ayer es el Espíritu de hoy.

Derrama, Señor, tu Espíritu;

baja del corazón de tu HIJO

y toca nuestros corazones.

Ninguna cosa es imposible para Ti,

toca mi corazón, Señor,

y muévelo a decir SÍ a tu proyecto.

“Hágase en mí según tu Palabra”.

Hágase como Tú quieres.

 

 

b) María del Adviento (Alberto Iniesta)

 

 

¡Pobre María, tan incomprendida!,

tan incomprendida casi como tu mismo hijo,

al que aquí abajo nunca comprenderemos del todo,

ante el que tú misma, es verdad, también te pasmabas,

pero seguías,

como Abrahán seguía la palabra de Dios que le guiaba,

aunque no supiera de antemano el camino.

María había llevado el camino en sus entrañas de carne,

y lo llevaba siempre en sus entrañas de fe.

 

María vuelta a nuestra casa,

no como una diosa, sino como hija de Dios;

no como una madre, sino como una hermana;

no como una maestra, sino como una discípula,

la mejor discípula

del mejor maestro.

 

María peregrina,

que pisaba la tierra paso a paso,

que no fue llevada en volandas por los ángeles,

que, aun teniendo el Hijo de Dios dentro,

no estuvo ensimismada,

sino extasiada,

entregada al servicio del prójimo,

en viaje a casa de su prima Isabel,

en viaje a todas nuestras casas,

a servir, 

a echar una mano en esas cosas corrientes de todos los días,

en esos pucheros donde los santos descubren a Dios.

María nos recuerda que el mundo está preñado de Dios,

que es cuestión de saber verlo,

y para saber verlo, es cuestión de saber desearlo.

¿Tendremos, 

al menos en Adviento,

hambre de Dios?

¡Dichosos los hambrientos

porque ellos serán saciados!

 

(Alberto Iniesta)

 

 

 

 

Mª Paz Carbonari, pddm (Argentina)