Lectura orante: El aceite del
amor (Gemma Victorino, pddm)
Meditación:
El óleo de la esperanza previsora (Concepción López, pddm)
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Lectura
orante de Mateo 25,1-13: El aceite del amor
Mateo (25,1-13)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
- 1El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. 2Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
3Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; 4en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
5El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
6A media noche, se oyó una voz:
«¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!».
7Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. 8Y las necias dijeron a las sensatas:
«Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas».
9Pero las sensatas contestaron:
«Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis».
10Mientras iban a comprarlo llegó el esposo y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
11Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:
«Señor, señor, ábrenos».
12 Pero él respondió:
«Os lo aseguro: no os conozco».
13Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.
Orientaciones para la lectura
Acercándonos al final del año litúrgico, la Iglesia nos invita a reflexionar
sobre los últimos tiempos, a contemplar el Reino de Dios desde la perspectiva
de la venida definitiva de Cristo. La imagen que nos ofrece es hermosa: "El
Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes que, con su lámpara en la
mano, salieron al encuentro del novio". La jornada hacia el Reino
es un evento representado con un icono de la relación de amor entre personas.
Nuestro encuentro con Dios, al final de la vida, será un encuentro de amor, la
cumbre de la aventura de amor vivida en la jornada de nuestra vida presente.
Sin embargo, la jornada está llena de ambigüedades. Como en las parábolas
anteriores del Reino (cf. Mateo 13), la realidad histórica nunca ha sido sólo
negra o blanca, sino una mezcla de ambos colores. Hay trigo y malas hierbas (Mt
13,24-30); hay peces malos y buenos (13,47-50); hay siervos buenos y malos
(24,45-50), fieles e insensatos (25,14-30). Así sucede también en la parábola
para este domingo: hay vírgenes necias y prudentes.
La distinción entre insensatez y sabiduría depende de la preparación,
atención y cuidado para mantener las lámparas encendidas, especialmente
durante el momento difícil de la espera de la venida del Novio. En un
principio, las diez vírgenes eran iguales, en el sentido de que todas empezaron
con sus lámparas encendidas. La distinción, sin embargo, viene de su habilidad
para mantener la luz encendida hasta el momento del encuentro final con el
Novio.
La insensatez está en no tener aceite para mantener la llama
encendida. Si en el inicio del evangelio según san Mateo el Señor declara a
sus seguidores como "luz del mundo" (cf. Mt 5,14-16), su reto,
después, es cómo mantener la llama de nuestra fe en Él y nuestro cumplimiento
de su mandato, especialmente el mandato del amor. Lo que da luz a nuestra vida,
a nuestra persona, no es nada más que el amor que Dios Padre, Él mismo, ha
derramado en nuestros corazones a través del Espíritu Santo que nos ha sido
dado (cf. Rom 5,5).
La sabiduría se encuentra en cómo nos dejamos poseer por el Espíritu
Santo, el Espíritu de amor que nos capacita para amar a Dios por encima de
todo y amar a los demás como a nosotros mismos (Mt 22,37). Este amor es, en
primer lugar, un regalo y, por consiguiente, una respuesta alimentada y
cultivada a lo largo de la vida hasta que sea una señal de nuestro discipulado,
de nuestra identidad como seguidores de Cristo (cf. Juan 13,35). Es imposible
pasar de esta identidad a otra. De ahí la respuesta de las vírgenes prudentes
a las necias en la parábola.

Como las otras parábolas del discurso escatológico del evangelio de Mateo, la
historia de las diez vírgenes subraya el aviso de mantenernos preparados
para la venida inminente del Señor. No esperemos procurar este "aceite
de amor" en el último momento, porque sería tarde ya. En el último
tiempo, puede ser que lo hayamos hecho todo motivados por este amor y, por lo
tanto, estemos preparados a ser recibidos por el Novio, el mismo que nos ha
llamado y nos capacita para amar. Pero también puede ser que descubramos,
desgraciadamente, que el Novio no nos reconoce porque no le hemos conocido de
veras, contentos de vivir nuestras vidas superficialmente, amparándonos en el
pretexto de que decir "¡Señor, Señor!" es suficiente para que Él
nos permita entrar en el Reino (cf. Mt 7,22).
"El Reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio". Nuestra existencia humana, vivida cristianamente, es una "salida" continua, un "éxodo", hacia el Reino. La vida es un pasaje, centrado en y atraído por la energía de Cristo.
Es un aprendizaje continuo de cómo entrar plenamente en esta relación de amor que no niega la existencia de las ambigüedades de la vida. Hay tiempos oscuros y luminosos, tiempos buenos y malos, gozos y tristezas. ¿Cómo puedo, siendo un discípulo cristiano, mantener la luz de Cristo encendida hasta su venida final?
¿Cómo puedo participar activamente en el Misterio Pascual y ser un testimonio del mismo amor con el que he sido amado: "me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gál 2,20)?
¿Cómo puedo ser transformado por aquel amor para poder salir de mi "insensatez, de mi manera superficial de seguir a Cristo, y ser poseído por la sabiduría y amor del Espíritu que grita en mí, invitándome a la plena identificación con mi "Abba, Padre" (cf. Rom 8,15)?
Mientras caminamos aquí, en este mundo, estamos en un "momento de espera" y, a menudo, este momento suele ser más "noche" que "día". Los días de nuestra vida son setenta años, o quizá ochenta, si somos fuertes, pero son casi todo vacío y dolor (Salmo 90,10). Sin embargo, caminamos con la seguridad de que el Señor llega finalmente (cf. 1 Ts 4,13-18) y que nuestra jornada de la vida es una larga preparación, un ejercicio de estar en contacto con la presencia del Novio en sus "rostros diversos", sobre todo en los extraviados, en los últimos y en los más insignificantes (cf. Mt 25,31-46).
Casi al final del año litúrgico, el evangelio nos plantea el reto de identificarnos con las vírgenes necias para que podamos tomar el tiempo suficiente para salir de nuestra insensatez y superficialidad y caminar hacia la participación plena en la sabiduría del amor, y disfrutar del premio final: la unión eterna con el Novio.
1. Salmo 63,2-8
Dios, tú eres mi Dios, yo te busco,
mi ser tiene sed de ti,
por ti languidece mi cuerpo,
como erial agostado, sin agua.
Así como te veía en el santuario,
contemplando tu fuerza y tu gloria,
-pues tu amor es mejor que la vida,
por eso mis labios te alaban-,
así quiero bendecirte en mi vida,
levantar mis manos en tu nombre;
me saciaré como de grasa y médula,
mis labios te alabarán jubilosos.
Si acostado me vienes a la mente,
quedo en vela meditando en ti,
porque tú me sirves de auxilio
y exulto a la sombra de tus alas.
2. Poema de San Juan de la Cruz (La fonte, selección)
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Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche.
1. Aquella eterna fonte está ascondida, qué bien sé yo dó tiene su manida, aunque es de noche. 2. En esta noche oscura de esta vida, qué bien sé yo por fe la fonte frida, aunque es de noche. 3. Su origen no lo sé, pues no lo tiene, mas sé que todo origen della viene, aunque es de noche. 4. Sé que no puede ser cosa tan bella y que cielos y tierra beben della, aunque es de noche. 5. Su claridad nunca es escurecida, y sé que toda luz de ella es venida, aunque es de noche. 7. Sé ser tan caudalosos sus corrientes, que infiernos, cielos riegan, y las gentes, aunque es de noche. 8. El corriente que nace desta fuente bien sé que es tan capaz y omnipotente, aunque es de noche. 11. Aquí se está llamando a las criaturas, y de esta agua se hartan, aunque a escuras, porque es de noche. |
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3. Oración personal
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Señor
Jesucristo, alegría de nuestra alma,
sostennos en nuestra búsqueda de ti. Llenos de la sabiduría del amor. Que seamos tus llamas ardientes iluminando la oscuridad de la noche, proclamando tu bondad, tu belleza, tu misericordia y amor. Y, al final de la jornada, que seas el premio de nuestra alma, porque, si en ti morimos, en ti resucitaremos. |
Gemma Victorino, pddm (Filipinas)
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