
Oración inicial - leemos - meditamos - oramos
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
- Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes; a uno le dejó cinco talentos de plata; a otro, dos; a otro, uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
«Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco».
Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor».
Se acercó luego el que había recibido dos talentos, y dijo:
«Señor, dos talentos me entregaste; mira, he ganado otros dos».
Su señor le dijo:
«Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante: pasa al banquete de tu señor».
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo:
«Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo».
El señor le respondió:
«Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».
Orientaciones para la lectura
Desde el punto de vista litúrgico, la razón por la que se ha elegido este
evangelio para este domingo es que el año litúrgico está llegando a su fin.
Por eso el evangelio tiene el tono de los tiempos finales.
Por otra parte, desde el punto de vista bíblico, este pasaje pertenece al discurso escatológico de Mateo (Mt 24,1-25,46). ¿Qué quiere decir escatológico? La palabra griega eschatos significa último, postrero. De ahí que escatológico sea lo que hace referencia a con los últimos tiempos. En el A.T., la primera noción escatológica claramente expresada es la del día de Yahveh (cf. Am 5,18; Is 2,12). Este día aparece como una amenaza constantemente inminente suspendida sobre el mundo pecador. Sin embargo, su fecha, fijada en los secretos de Dios, es desconocida. Para designarla, los profetas hablan sencillamente del «fin de los días». Y estos días suponen, para el mundo pecador, un juicio definitivo. Desde ahí podemos entender el tono del evangelio de este domingo (y del domingo que viene): en ambos se habla de un juicio final, un tiempo para ajustar cuentas.
Jesús, como todo judío de su tiempo, participa de este pensamiento escatológico.
Para él, la fecha del tiempo final tampoco es conocida: es
un secreto del Padre (Mc 13,32) y no pertenece a los hombres conocer los tiempos
y los momentos que él ha fijado por su propia autoridad (Hechos 1,7). Por
consiguiente, Jesús sigue invitando a estar preparados, a vigilar, a través de
las parábolas, como la parábola del mayordomo (Mt.24,45-51), la parábola de
las diez vírgenes (Mt.25,1-13) y el evangelio de este domingo: la parábola
de los talentos (el talento es una de las denominaciones del dinero
en el tiempo del Nuevo Testamento). Es significativo señalar que el autor del
evangelio de Mateo puso estos relatos escatológicos antes del relato de la pasión
y resurrección de Jesús. Por lo tanto, serían también una preparación para
los últimos tiempos de Jesús. Es decir, su último tiempo físico
con la humanidad, sin negar que creemos que su presencia resucitada
permanece para siempre en medio de nosotros.
Tras
esta introducción podemos preguntarnos qué dice la parábola de los
talentos. Primero,
hemos de comprender que esta parábola es una manera de describir el Reino
de los Cielos (o Reino de Dios, según el evangelio de Marcos). ¿Qué
quiere decir Reino de los Cielos? El judaísmo, tomando al pie de la
letra los oráculos escatológicos del Antiguo Testamento, concebía la venida
del reino como algo fulgurante e inmediato. Pero Jesús lo entiende de otra
manera. Para Jesús, el reino viene cuando se dirige a los hombres la palabra
de Dios; debe crecer como una semilla depositada en la tierra (Mt
13,3-9.18-23); levantará al mundo, como la levadura puesta en la masa (Mt
13,33). El mismo reino es semejante a un grano de mostaza que tomó un
hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier
semilla pero, cuando crece, es mayor que las hortalizas. Se hace árbol, hasta
el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas (Mt 13,31-32).
Este reino existirá en la tierra en la medida en que la palabra de Dios
sea acogida por los hombres (cf. Mt.13,23). Por lo tanto, con la venida del «Reino
de los Cielos», llega a su fin el dominio del Satán, del pecado y de la muerte
sobre los hombres. Como dijo Jesús: «Si yo expulso los demonios por el Espíritu
de Dios, ha llegado, pues, a vosotros el reino de Dios» (Mt 12,28). Por ello es
necesaria una decisión: hay que convertirse, abrazar las exigencias del
reino para convertirse en discípulo de Jesús.
Con esta premisa sobre el significado del Reino, podemos situarnos mejor en el
mensaje de la parábola de los talentos. Esta parábola dice que
el Reino de los Cielos es como un hombre que encomendó su hacienda a sus
siervos. Hemos de fijarnos que el hombre encargó los talentos según la
capacidad de los siervos (v.15). Los que recibieron cinco y dos se
pusieron a negociar y ganaron más talentos. Pero el que recibió sólo uno, se
fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. ¿A qué se
debe esta actuación del siervo? Él mismo lo dice, justificándose ante su señor:
«...me dio miedo y fui y escondí en tierra tu talento» (v.26).
Su miedo le paralizó y se quedó con lo que había recibido de su amo. La
consecuencia de esto es que su señor dio lo que tenía a su otro compañero
que había trabajado bien y le echó a las tinieblas de fuera.
Si no supiéramos el contexto de la parábola, sobre todo el sentido de «Reino
de los Cielos», esta parábola nos causaría temor. Pero hemos de recordar que
su propósito no es atemorizar, sino recordar a los que escuchaban a Jesús
en su tiempo que el reino de Dios tiene también sus exigencias.
Hay que trabajar, usar lo que tienes, lo que has recibido para que
llegue el «Reino de los Cielos». Aplicando el evangelio a nosotros,
cristianos, esta parábola contempla a los cristianos que esperan a Cristo
y deben estar siempre preparados (cf. Lc 12,35-36; 13,25). Los
siervos de la parábola son los cristianos que deben hacer fructificar los dones
recibidos para el desarrollo del Reino (cf. Lc 19,12-13).
Soy
una persona miedosa (como el siervo que recibió sólo un talento). Sé que Dios
me ha dado muchos talentos pero, por varias razones, a veces me da miedo
actuar para hacerlos fructificar. Me parezco al siervo que cavó un hoyo en
tierra y escondió el dinero de su señor (v.18).
Sin embargo, a lo largo de mi vida, el Señor me ha dado no sólo talentos,
sino también personas que me inspiran a usar, a compartir, a hacer fructificar
mis talentos. Una de estas personas es mi padre que, en una ocasión, me
dijo: «¿Qué tienen que no tienes? Si otros lo hacen, puedes hacerlo también
tú». Su confianza en mí fortaleció la confianza en mí misma y, todavía
hoy, me quita el miedo que me paraliza. Otra de esas personas fue mi maestra de
noviciado. Sus palabras me sirven de estímulo también hoy:«No puedes saber si
eres capaz sin probar, sin atreverte primero. ¡Pruébalo y tú verás!»
Estas son algunas de las experiencias sencillas de la PALABRA ENCARNADA en mi
vida, de la LLEGADA DEL REINO DE DIOS en la cotidianidad de mi existencia. Son
experiencias que me enseñan a creer en mí misma, a creer no en un Señor duro,
sino en un Señor que confía en mí, que confía en que también yo puedo
aportar algo para que llegue el Reino de Dios.
Mientras tanto, la Palabra me hace mirar, no sólo a mí misma, sino también a
mi alrededor, el mundo donde vivo. Esta mirada me hace preguntar:« ¿Cómo
puede llegar el Reino de Dios en nuestro mundo si, cuando nos abrimos más los
ojos, lo que vemos no es el reino de la Luz sino de las tinieblas:
guerra, terrorismo, matanzas, amenazas, muertos (por ejemplo, el terrorismo en
España, en Israel, los muertos en Bali (Indonesia), la explosión de las bombas
en Filipinas…)? ¿Cómo podemos creer que ya está aquí el Reino de Dios?
Estas realidades velan u ocultan el hecho de que el Reino de los Cielos ha
llegado ya y está llegando cada día. Por eso, la parábola de los
talentos nos invita a usar nuestros dones para aportar
algo, sin miedo, con entusiasmo. Nuestro esfuerzo será tan pequeño como un
grano de mostaza y nadie le dará demasiada importancia. Pero después llegará
a ser como una semilla depositada en la tierra: crecerá como un árbol que
acoge a todas las naciones.
Y tú, ¿qué haces para que llegue el Reino de Dios? ¿Cuáles son los
“talentos” que el Señor te ha encargado? ¿Cómo los usas? ¿Qué quieren
decir para ti los últimos tiempos? ¿Los ves como una amenaza o
juicio definitivo? ¿Te dan miedo o te dan alegría? ¿Estás convencid@ que
es el tiempo en que llegará la plenitud del Reino de
Dios: sin tinieblas, sino todo luz; sin guerra, sino todo paz; sin odio, sino
todo amor?
Sin embargo, algunos dicen que no tienen talentos. Hemos de recordar que los talentos no representan sólo las capacidades extraordinarias. El simple hecho de tener una VIDA es un gran DON O TALENTO que hemos recibido de Dios. Por consiguiente, lo que tenemos que hacer es cultivar esta VIDA, hacerla crecer como un grano de trigo que da frutos para los demás. Por encima de todo, esta VIDA que tenemos contribuirá a la llegada del Reino cuando la PALABRA SE ENCARNE EN ELLA CADA DÍA, sin miedo, con entusiasmo. Así, en el “tiempo final”, el Señor nos dirá: «¡Bien, siervos buenos y fieles! Entrad en el gozo de vuestro Señor.»
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