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3. Oramos

1. La Palabra nos ha planteado unos desafíos nada fáciles: trabajar para que llegue el Reino, usar nuestros “talentos” para que el Señor nos encuentre preparados a entrar en su Reino en el “tiempo final”. Por eso, vamos a ponernos en las manos del Padre, el Abba de nuestro Señor Jesucristo, para que nos dirija, para que nos guíe, a fin de que venga a nosotros su Reino. Vamos a entregarnos a Él con las palabras de Charles de Foucould.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Padre,

me pongo en tus manos.

Haz de mí lo que quieras.

Sea lo que sea, 

te doy las gracias.

 

Estoy dispuesto a todo.

Lo acepto todo,

con tal que tu voluntad 

se cumpla en mí

y en todas las criaturas.

No deseo más, Padre.

Te confío mi vida,

te la doy

con todo el amor

de que soy capaz.

 

Porque te amo

y quiero darme a ti,

ponerme en tus manos,

enteramente,

sin reservas,

con una confianza absoluta,

porque Tú eres mi Padre.

 

 

1. Quien ama al Señor es bendecido por Él y ve multiplicada su dicha. Oramos inspirándonos en el salmo 127.

 

¡Dichosos quienes aman al Señor

y siguen sus caminos!

 

Comeréis del fruto de vuestro trabajo,

seréis dichosos, os irá bien.

Vuestros campos multiplicarán sus trigos.

Vuestros rebaños parirán sus crías.

Vuestros hogares se llenarán de dicha.

 

Tu mujer, como parra fecunda,

en medio de tu casa;

tus hijos, como renuevos de olivo

alrededor de tu mesa.

 

Tu marido, como árbol frondoso,

una ayuda adecuada para ti;

tus hijos, el encanto de tus ojos,

día tras día.

 

Ésta es la bendición

del hombre y de la mujer

que aman al Señor.

Que el Señor os bendiga y os dé su paz,

que veáis la prosperidad

de todos los pueblos de la tierra,

todos los días de vuestra vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

Cecilia Payawal, pddm (Filipinas)