1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

      

1. Las tradiciones que nos hablan de la sed y el agua en el éxodo, que hemos visto, nos llevan a preguntarnos cómo es nuestra confianza en Dios. ¿Hemos llegado, alguna vez, a preguntarnos amargamente: “¿Está Dios entre nosotros o no?”? Las lecturas nos alientan a confiar a pesar de los signos adversos. Los israelitas se lamentaban: “¿Por qué nos habéis subido de Egipto para traernos a este lugar, un lugar donde no hay sembrado, ni higuera, ni viña, ni ganado y donde no hay ni agua para beber?” (17,5). Lo que Dios les ha prometido es una tierra que mana leche y miel. Lo que ven es un desierto yermo donde no hay ni agua para beber. La Palabra nos enseña paciencia, espera y confianza en Aquel cuya Promesa se cumple en su momento oportuno. 

2. Los israelitas en el desierto y la samaritana tienen algo en común entre ellos y con nosotros: todos tenemos sed. ¿Te resulta fácil identificarte con estas figuras bíblicas? ¿Por qué? 

3. Pregúntate cuáles son tus búsquedas y deseos más profundos. ¿De qué tienes sed? ¿Qué te falta en la vida para ser feliz? 

4. Date cuenta de cuáles son los “maridos” en los que a veces pones tu seguridad y tu felicidad: la salud, la prosperidad económica, el éxito profesional, la buena fama...

5. Confróntate con Jesús: Él es el Agua Viva y da el Agua del Espíritu Santo. ¿Con qué manantiales calma Dios la sed de tu vida? ¿Qué oasis, ríos, fuentes, pozos... ha puesto en tus desiertos? 

6. Jesús dice que su alimento es hacer la voluntad del Padre y llevar a cabo su obra. ¿Con qué “manjares” alimentas tu vida y tu fe? ¿Qué lecturas, conversaciones, “ritos”, hábitos, costumbres, relaciones...? ¿Qué espacios de oración dejas para que el Señor te dé de beber y te alimente? 

7. ¿Crees que Jesús es el Salvador del mundo y tu Salvador, como confesaron los samaritanos? ¿Sientes la urgencia amorosa de anunciarlo así a los demás?

 

3. Oramos

 

a) Exprésale a Dios lo que quieras decirle (acción de gracias, petición de perdón, súplica, intercesión...) tras haber meditado la primera lectura y el Evangelio. 

 

b) Oración: Señor, dame tu agua viva.

 

 

R. Señor, dame tu agua viva para que nunca más tenga sed

 

Señor, Tú me sondeas y me conoces.

Sabes que mi corazón anda siempre inquieto, ansioso, anhelante...

Tengo muchas cosas, no carezco de nada.

Pero “los dioses y señores de la tierra” no me satisfacen.

El cántaro que lleno con mis obras y mis ajetreos cotidianos

se me antoja cada día más incapaz de saciar mi sed de vida plena.

Recorro calles y plazas, con mi cántaro en las manos.

No me bastan las aguas turbias y efímeras

que soy capaz de retener en él.

 

Como busca la cierva corrientes de agua,

así te busco yo, Dios mío.

Como tierra reseca, agostada, sin agua,

mi alma tiene sed de ti,

y espera, resistente, que tu lluvia me empape

y convierta mi desierto en vergel,

que tu torrente me inunde

y de mi seno corran ríos de agua viva.

 

Que tu misericordia no retarde tu Promesa, Señor,

que nuestro deseo la atraiga;

que mi vida rendida a tu Espíritu

consienta en mí la misma transformación

que obró en la samaritana;

que, dejando por fin mi cántaro,

me convierta en discípulo/a y apóstol del Salvador.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mª concepción López, pddm (España)