Lectura orante

Juan 1,35-42

invocación inicial - leemos - meditamos - oramos 

 

 

«Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos»

 

Invocación al Espíritu

 

Antes de empezar la Lectura orante, vamos a invitar al Maestro a venir a nosotros para que nos ilumine con su Palabra.

 

¡Oh, Verbo! ¡Oh, Cristo!

Tú eres mi Señor y mi único Maestro.

Habla, que te quiero escuchar

y quiero practicar tu Palabra,

porque sé que viene del cielo.

Quiero escucharla, quiero meditarla.

Quiero ponerla en práctica,

porque en tu Palabra está la vida,

el gozo, la paz y la felicidad.

Habla, Señor,

tú que eres mi Señor y mi Maestro.

No quiero escuchar a nadie más.

(Antoine Chevrier)

 

 

1. Leemos la Palabra

 

Juan 1,35-42 

En aquel tiempo, 35estaba Juan con dos de sus discípulos y, 36fijándose en Jesús que pasaba, dijo:

- Éste es el cordero de Dios.

       37Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. 38Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:

- ¿Qué buscáis?

Ellos le contestaron:

- Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?

39Él les dijo:

- Venid y lo veréis.

        Entonces fueron, vieron dónde vivía, y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.

        40Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; 41encontró primero a su hermano Simón y le dijo:

- Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).

        42Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:

- Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Pedro).

 

  Orientaciones para la lectura 

Tras las fiestas navideñas, reemprendemos el camino “ordinario” reavivando nuestra conciencia de discípulos / discípulas de Jesús de la mano del evangelista Juan.

Para una comprensión más profunda del mensaje del evangelio de hoy, proponemos una triple lectura del texto, poniendo la atención en los diversos aspectos que indicaremos a continuación:

 

Lectura 1: situándonos en la historia

 

        Es importante situar la narración en el espacio y en el tiempo. Para ello, no es suficiente leer el pasaje correspondiente a este domingo. Es conveniente leer también toda la sección en la que se integra, es decir, Juan 1,19-2,12.

 

        Así pues, en primer lugar leeremos Juan 1,19-2,12, subrayando o anotando todas las indicaciones de tiempo y lugar que encontremos en estos versículos. Podremos darnos cuenta, con ello, de que esa sección ha sido estructurada por el evangelista en una sucesión de seis días, y de que todo acontece en “Betania, al otro lado del Jordán” (Jn 1,28), en Caná de Galilea (2,1) y en Cafarnaúm (2,12). Otro lugar mencionado en esta sección es Betsaida, la ciudad natal de Felipe, Andrés y Pedro (1,44). Posiblemente todos ellos eran discípulos de Juan Bautista y se encontraban en el Jordán atraídos por su anuncio.

 

  La narración comienza con el testimonio que da Juan el Bautista, ante los sacerdotes y levitas: él no es el Cristo, ni Elías, ni el profeta, sino una simple voz que anuncia al que tiene que venir.

 

  Es entonces cuando hace su aparición Jesús, que acude al Jordán a recibir de Juan el bautismo de agua. Esto sucede “al día siguiente” (v. 29), es decir, el día segundo.

 

  “Al día siguiente” (v. 35) -día tercero-, Juan señala a sus discípulos a Jesús como el Cordero de Dios. Su misión está cumplida: él ha de disminuir y Cristo ha de crecer y pasar delante de él. El que tiene a la Novia (la nueva comunidad mesiánica constituida por los discípulos) es el Novio, Jesús. Juan es sólo el amigo del Novio que se alegra de su protagonismo en las bodas de la Nueva Alianza (cf. Jn 3,29-30; 1,27-30). No hay celos ni rivalidad en Juan cuando sus discípulos pasan a ser discípulos de Jesús. Por el contrario, ésa es su alegría.

 

  “Al día siguiente” (v. 1,43) -día cuarto-, es Jesús mismo el que llama a Felipe y elige a Natanael.

 

  “Tres días después” (2,1) –día sexto, según el cómputo judío-, Jesús da comienzo a sus señales en Caná, acompañado por su madre y sus discípulos.

 

Así pues, el evangelista Juan conduce toda la narración de esta sección:

- hacia el “tercer día”, día de “la hora de Jesús” recordada en 2,4, día de glorificación para Jesús que aconteció en su muerte-resurrección;

- hacia el día sexto, día de la creación del hombre y de la mujer, según Gn 1,26-31;

- y hacia unas bodas nupciales en las que Jesús es, a la vez, el vino nuevo y el nuevo Esposo que inaugura la nueva alianza. La boda, como es sabido, en el A.T. era símbolo de la alianza entre Dios-Esposo y el pueblo-Esposa (cf. Os 2,16-25; Is 1,21-23; 49,14-26; 54; 62; Jr 2; Ez 16).

        La estructura de la narración de Juan 1,19-2,12, según las indicaciones espacio-temporales, sería la siguiente:

 

Tiempo

Acontecimiento

Lugar

Día primero

Testimonio de Juan el Bautista (1,19-28)

Betania, al otro lado del Jordán (1,28)

"Al día siguiente" (1,29)

Bautismo de Jesús (1,29-34)

Idem

"Al día siguiente" (1,35)

Los discípulos de Juan siguen a Jesús (1,35-42)

Idem

"Al día siguiente" (1,43)

Llamada de Felipe y Natanael (1,43-51)

Idem

"Tres días después" (2,1)

Las bodas de Caná-Comienzo de "los signos" (2,1-11)

Caná de Galilea

"Después" (2,12)

Estancia de unos pocos días en Cafarnaúm (2,12)

Cafarnaúm

 

 

Lectura 2: Los personajes

 

Cae en la cuenta de los personajes que aparecen en el evangelio de hoy: Jn 1,35-42.

 

  Juan Bautista

  Sus dos discípulos

Notemos que son los discípulos de Juan. ¿El texto nos da información sobre la identidad de ambos? ¿Sabes si se habla de los discípulos de Juan en algún otro pasaje de los evangelios o del N.T.?

  Jesús

¿Qué títulos recibe y de quién los recibe? ¿Qué significan?

- Cordero de Dios

- Maestro

- Mesías

  Andrés

¿Qué papel desempeña Andrés en esta narración?

  Simón, al que Jesús llama Cefas (“piedra”)

¿Qué hace y qué dice Pedro en esta narración? ¿te extraña? ¿por qué?

 

  Lectura 3: Las acciones

 

Por último, podemos prestar atención a los verbos significativos del texto:

 

a) Los verbos que se refieren al sentido de la vista:

- Juan “fija la vista” en Jesús (v. 36) y le llama “Cordero de Dios”. Jesús es el nuevo Cordero que libera a su pueblo de la esclavitud del pecado y le hace pasar de la muerte a la vida.

- Jesús “fija la vista” en Pedro y le llama Cefas (“piedra”).

- Jesús invita a sus discípulos a “venir y ver”, es decir, a experimentar su forma de vivir. Inmediatamente, los discípulos “fueron”, “vieron” y “se quedaron” con él.

 

b) Oír-escuchar:

        Los discípulos de Juan, entre ellos Andrés, escuchan las palabras de su maestro Juan, que les encaminan a Jesús. No sólo “oyen”, sino que atienden y actúan en consecuencia.

 

        Ver y oír son dos verbos muy importantes para Juan. Expresan la experiencia profunda y vital que él ha tenido de Jesús y que desea que todos los discípulos tengan. Por ello comienza así su primera carta:

 

«1Lo que existía desde el principio,

lo que hemos oído,

lo que hemos visto con nuestros ojos,

lo que contemplamos

y tocaron nuestras manos

acerca de la Palabra de la vida,

(…)3lo que hemos visto y oído

os lo anunciamos…» (1 Jn 1,1.3a)

 

c) Buscar-encontrar:

 

        A menudo, en la Biblia, el verbo “buscar” tiene un sentido profundo, trascendente. Y es que, para una persona creyente, todas las búsquedas del corazón humano son, en el fondo, una búsqueda de Dios. “Buscadme y viviréis”, dice el Señor, por medio del profeta Amós (Am 5,4.6; cf. Sal 69,32). Todos los profetas insisten en la necesidad de esa búsqueda (cf. Is 55,6; 65, 1.10; Os 5,15; 10,12; Sof 2,3; Jr 29,13…). Pero sólo encuentra aquel que busca con verdadero deseo y corazón limpio: “Me buscaréis y me encontraréis cuando me solicitéis de todo corazón; me dejaré encontrar de vosotros” (Jr 29, 13-14; cf. Dt 4,29). La búsqueda de Dios tiene que estar acompañada por el amor y la justicia. De lo contrario, Dios mismo oculta su rostro y no se deja encontrar. Así lo dice Oseas, dirigiéndose a los sacerdotes y a la casa real de su tiempo: “Irán en busca de Yahveh, pero no lo encontrarán: ¡se ha retirado de ellos!” (Os 5,6).

        En los evangelios, muchos son los que buscan a Jesús, aunque con intenciones bien diversas. Algunos, como los discípulos de hoy, lo encuentran. Sin embargo, aquellos que no creen serán incapaces de encontrarlo (cf. Jn 7,34; 8,31).

 

d) Seguir-permanecer:

 

        Discípulos son aquellos que siguen a Jesús y viven con él y como él. Para Juan es muy importante también el verbo “permanecer”: Es discípulo el que permanece en Jesús (Jn 15,4.5), en su palabra (Jn 8,31; 15,7) y en su amor (Jn 15,10).

 

 

  ¿QUÉ NOS DICE, en definitiva, EL TEXTO?

 

  Juan Bautista no sólo es el precursor del Mesías, sino también testigo de lo que ha visto y oído: Jesús es el verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, cordero de la nueva Pascua, de la nueva Alianza y de la liberación definitiva.

  En torno a Juan hay un movimiento de espera activa del Mesías. Muchos vienen a él para bautizarse en agua. De éstos, algunos permanecen como discípulos suyos. Pero a estos discípulos, él mismo les orienta a Jesús, porque no es él el Mesías, sino una humilde voz al servicio del anuncio de Jesús.

  Y dos de los discípulos de Juan, al oír su testimonio, se fían, siguen a Jesús y caminan tras él movidos por una búsqueda. Jesús reconoce su búsqueda y les sale al encuentro. Sabe lo que mueve a aquellos hombre, pero quiere que ellos expresen su deseo: “¿Qué buscáis?… –Maestro, ¿dónde vives?”.

  Los antiguos maestros no enseñaban sólo doctrina, no ilustraban sólo la memoria o adiestraban en una técnica a sus discípulos, sino que les enseñaban a vivir. Eso es lo que ellos desean aprender de Jesús: a vivir.

  Jesús les invita: “Venid y veréis”. Y el narrador nos cuenta, de un modo conciso, que “fueron”, “vieron” y “se quedaron” (“permanecieron”) con él.

  Más tarde, los mismos discípulos se transforman en testigos y apóstoles que atraen a otros hacia Jesús con su anuncio entusiasta y convencido. En este caso es Andrés el que transmite a su hermano Simón lo que él mismo ha “visto y oído”, contemplado y tocado con sus manos: al Mesías Jesús. Pero esa transmisión del mensaje no es del todo efectiva hasta que el nuevo discípulo no se encuentre personalmente con Jesús y experimente, como Pedro, que también él es elegido y amado de forma única por Jesús.

  Éste es el mismo itinerario de discipulado-anuncio que seguirán otros personajes del evangelio de Juan, como la samaritana (Jn 4), el ciego de nacimiento (Jn 9) o María Magdalena (Jn 20,11-18).

 

        

 

meditamos - oramos

 

 

 

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