1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

Sugerencias para meditar:

  ¿Qué es lo que has buscado o buscas con más empeño en tu vida? ¿Crees que eso puede darte la felicidad que deseas?

  ¿Qué búsquedas percibes a tu alrededor? ¿Qué le interesa más a la gente que tú conoces y por qué luchan?

  ¿De qué modo crees que Jesús puede responder a todas esas búsquedas?

 

En contacto con mis búsquedas más profundas:

        Si yo supiera que en mi misma ciudad existe una persona poseedora de un carisma especial, cuyo roce, mirada y palabra vivificante tiene la capacidad de levantar de su pesada postración mi vida, asediada a veces por fiebres y demonios que limitan su capacidad de alegre crecimiento, me agolparía a su puerta y aguardaría mi turno, aunque tuviese que esperar horas a la intemperie.

        Desgraciadamente, hasta ahora no he conocido a ningún ser humano tan lleno de Espíritu que haya movilizado mi búsqueda y mi espera hasta ese extremo. Confieso que me encantaría encontrar a una persona santa de estas características pero, aunque en la Iglesia de Dios hay muchos hombres y mujeres santos, aún no he conocido personalmente, ni he tenido noticia, de nadie con una santidad tan vital, tan libre, tan amante, tan absolutamente incondicional y tan feliz como la de Jesús. Sé de santos muy entregados y rigurosamente "celosos" del Reino de Dios, pero muy poco alegres. Sé de santos comprometidos por causas justas, pero olvidados del gozo. Sé de santos gozosos, pero olvidados de la tierra... Sé de carismáticas de bellas y elocuentes palabras, pero de recortada acogida... Todos estos personajes humanos decepcionan o dejan un regusto agridulce de satisfacción incompleta y de vacío que sólo el Señor Jesús puede colmar.

        El Evangelio de hoy me pone en contacto con mis búsquedas y anhelos más profundos y radicales. Me digo a mí misma que lo que realmente deseo es sentirme amada, vivir con gozo y plenitud, y experimentarme fecunda para otros. Y sé  que el único que ha vivido todos estos anhelos hasta el extremo de lo humanamente alcanzable y el único que puede enseñarme y regalarme vivir del mismo modo es Jesús.

 

3. Oramos

 

1) Damos gracias a Jesús, porque Él es nuestra vida abundante, con palabras inspiradas en el salmo 63:

Señor Jesús, tú eres mi Dios,

con ansia te busco,

mi alma tiene sed de ti,

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra seca, agostada,

sin agua.

 

Cuando te contemplo

en los caminos de Galilea,

tan lleno de vida y de fuerza,

sanando corazones destrozados

y vendando sus heridas,

descubro que tu gracia vale más

que todo cuanto hasta ahora

me parecía valioso.

Por ello, mis labios desean alabarte.

 

En el lecho me acuerdo de ti, Jesús,

y velando, fijo mis ojos en tus huellas,

porque eres mi Maestro,

y la luz de tus palabras

me hace cantar de alegría.

 

Mi alma está unida a ti,

por la fe,

y tu gracia me sostiene.

 

 

 

 

     

 2) La segunda propuesta de oración es una acción de gracias a Jesús, que sana todas nuestras enfermedades.

 

Señor Jesús, concebido por obra del Espíritu Santo,

¡qué esperanza nos da saber

que tú has tomado nuestras debilidades

y has cargado nuestras enfermedades,

que eres el Señor de vivos y muertos

por haber pasado de la muerte a la vida.

 

Ofrendaste tu Pascua para que pudiéramos

vivir como resucitados, de pie.

Vemos que tu Espíritu acompañó

los pasos de tus amigos,

como la columna de fuego en la noche del Éxodo.

 

El testimonio del Espíritu acompañó y acompaña

el testimonio de tu Iglesia, haciéndose una misma voz.

¿Y qué afirman con su testimonio?

Tu resurrección,

la derrota del demonio, 

la sanación de nuestras enfermedades,

la salvación.

 

El Espíritu es testigo, 

consuelo y alegría.

Lo demuestra con los signos que tú realizaste,

curando a la suegra de Pedro

y sanando a tantos enfermos.

 

Es testimonio de tu perdón y nos anima a pedir perdón:

Señor, ten misericordia de mí.

Es testigo de tus curaciones y nos impulsa a decir:

Señor, sana mis heridas y que pueda interceder por mis hermanos.

Es testigo de tu Palabra y enseñanza de Maestro:

Señor, que tu Espíritu me haga buen discípulo

y que ponga en práctica tu Palabra.

Haz, Señor, que mi vida no sea mía sino tuya y de mis hermanos.

Es testigo de un sepulcro vacío y mudo,

de tu retorno a la vida:

Señor, dame la gracia de vivir como resucitado,

dejando atrás tantas muertes.

Es testigo de que mis labios puedan llamar "Padre" a nuestro Dios:

Señor, que siempre responda a la llamada de ser hijo tuyo,

y que viva inserto en una familia de hijos y hermanos.

Es testigo y autor de lo que pone en mis labios

para que hable de ti ante el mundo:

Señor, dame fidelidad creciente

y la paz y alegría que de ella brotan.

 

 

Paz Carbonari, pddm (Argentina)

 

 

 

 

 

 

Mª Concepción López, pddm (España)