1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

  ¿Cómo te sientes ahora? ¿Te sientes cansad@ o relajad@? ¿Por qué? ¿También puedes decir al Señor, como los discípulos, que has hecho la misión que te ha entregado?

  Si estas relajad@, ¿qué has hecho para relajarte? ¿O no tienes nada que hacer y nada te preocupa?

  La gente seguía al Señor y a los discípulos. Tenía anhelo de algo. Buscaba algo o a alguien que pudiera satisfacer su vida o sus necesidades.

¿Qué anhelos tienes en este momento? ¿Quién o qué les puede llenar?

  Por compasión de la gente, aunque quería descansar, Jesús les atendió, les enseñó. ¿Quiénes son los que te necesitan ahora? ¿Sientes la compasión que te empuja a darte a ellos? Si no, ¿qué te lo impide? ¿El cansancio? ¿la falta de libertad? ¿incapacidades y limitaciones?

 

         Acababa de hacer mis exámenes. Cuando salí de la universidad quería gritar: “¡Quiero descansar!”. Estaba muy cansada porque llevaba casi dos meses de exámenes y trabajos. Fue la primera vez en mi vida que hice tantos exámenes y trabajos seguidos. Cuando acabé, me felicité a mí misma. Me di un descanso, un buen paseo visitando a unos conocidos y haciendo cosas que no había podido hacer antes. Una de éstas cosas fue visitar a Emilia, una filipina que estaba enferma y había ingresado en el hospital. No podía mover sus piernas, de modo que estaba en un silla de ruedas. Mientras la miraba, me decía: “Oh Señor, dale un  descanso.” Ya llevaba unos tres meses en el hospital. Pero lo curioso es que no se notaba ningún cansancio ni dolor en su rostro. Aún sonreía mientras nos contaba su vida. Me encantó su disposición, su serenidad. Nos contó que tiene una hermana, un marido y una hija que se turnaban para darle un paseo por la tarde alrededor del hospital. Por eso comprendí por qué no se sentía tan mal por su condición. Hay personas que han sido el rostro de Jesús que la invita: “Ven a mí… descansa…” El cuidado de sus seres queridos, el tiempo que dedican a estar con ella, todo esto le da el mejor “descanso”. Cada uno tiene sus ocupaciones (su marido y hermana trabajan; su hija estudia), pero cada uno da tiempo para “descansar” con ella y darle “descanso”. Su presencia es un “descanso” para ella, y la suya para ellos.

 

Me encantó aquel día en que visitamos a Emilia. Apenas llegó su hermana, se acercó a ella y le dio algo que llevaba en el bolso (me pareció que era un dulce o postre). Era un detalle que de verdad le dio un descanso, una experiencia de la compasión de Jesús encarnada en la persona de su hermana. Su hermana llegó muy cansada (vino de su trabajo de limpieza en una casa), pero aún tuvo tiempo de comprar algo que podía dar alegría a Emilia.

 

“¡Venid a mí!”, dice el Señor. Jesús siempre nos ofrece un descanso cuando lo necesitamos: en el encuentro con él en la oración , en el encuentro con él a través de personas que nos cuidan, que nos quieren.

 

  ¿Experimentas de veras este descanso que viene del Señor? ¿Cómo? Si no, ¿por qué?

  Por otra parte, ¿puedes decir que “eres un descanso” también para los demás? ¿O tu presencia sólo añade fatiga a sus cansancios?

 

Date un “descanso”, en silencio; escucha… descansa… hasta que puedas decir con san Agustín: “Mi corazón está inquieto hasta que descanse en el Señor.”

 

3. Oramos

 

Ven a mí…

            Me llamas, pero no te escucho.

            Me invitas, pero te rechazo.

 

Ven a mí…

            Sigues llamándome, pero busco otro camino.

            Estoy cansad@, pero sigo trabajando.

 

Ven a mí…

            Me siento vací@, aunque estoy llen@ de trabajo.

            Me siento cansad@, aunque estoy descansando.

 

Descansa conmigo…

            Ya he hecho lo que me has pedido.

            Ahora me invitas a descansar y estar contigo.

 

Descansa conmigo…

            ¿Cómo puedo descansar,  si mi mente está llena de preocupaciones?

            ¿Si mi corazón está envuelto en dolores y emociones desagradables?

 

Ven…descansa…

            ¿Dónde? ¿Cómo? Te busco… me callo…

            Me paro…y en SILENCIO te encuentro.

 

Oh Señor… eres  mi descanso.

            Me das un abrazo, descanso en tu regazo.

            Me tomas la mano, experimento el mejor “descanso”.

 

 

 

 

 

 

Cecilia Payawal, pddm (Filipinas)