Lectura orante

Juan 20,1-9

Invocación inicial - leemos - meditamos - oramos

 

 

«Vio y creyó»

 

Invocación al Espíritu (Secuencia de Pentecostés)

 

Ven, Espíritu divino,

manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.

 

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma.

Divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre,

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado,

cuando no envías tu aliento.

 

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

 

Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos;

por tu bondad y tu gracia,

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.

Amén.

 

1. Leemos el evangelio de Juan 20,1-9

 

1 El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. 2 Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:

Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

3Salieron pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. 4Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; 5se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

6Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo 7y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

8Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. 9Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

 

 

  Orientaciones para la lectura 

 

En esta primera parte de la lectura orante, vamos a intentar esclarecer el sentido de algunas expresiones y frases del evangelio, para poder comprender mejor su mensaje:

  v.1a: "El primer día de la semana", nos sitúa en el comienzo de algo nuevo: el tiempo de la nueva creación que la resurrección de Jesús inaugura, en espera de la Pascua definitiva.

  v.1b: "Al amanecer, cuando aún estaba oscuro": Indica el momento en que el día está naciendo, ya hay una tenue luz, pero aún hay oscuridad. Según el lenguaje de Juan, "la tiniebla" designa la ideología contraria a la verdad de la vida (cf. Jn 1,5; 3,9; 6,7; 12,35). Aplicando este sentido a este apartado del evangelio de Juan, veremos que María Magdalena va al sepulcro poseída por la falsa concepción de la muerte, y no se da cuenta de que el día ha comenzado ya. María cree que la muerte ha triunfado. Va únicamente a visitar el sepulcro, sin llevar nada. La comunidad (representada por María) ha olvidado la recomendación de Jesús en Betania (12,7): la fe en la vida, simbolizada allí por el perfume, está ausente de María y de los discípulos que aparecerán a continuación. Busca al dador de vida como a un cadáver.

 

  v.2: Fue entonces corriendo...: La reacción de María es de alarma y va a avisar a dos discípulos. Como Jesús lo había anunciado, su muerte ha provocado la dispersión (16,32: se acerca la hora, y ya está aquí, de que os disperséis cada uno por vuestro lado y a mí me dejéis solo)

        En vez de anunciar que estaba quitada la losa, María anuncia que han quitado al Señor. Lo que era señal de vida lo interpreta como signo de muerte. Para ella, Jesús es el Señor, pero un Señor impotente; piensa que está aún a la merced de lo que quieran hacer con él. No ha superado la experiencia de la entrega y muerte de Jesús. El plural que utiliza: no sabemos, muestra a la comunidad desorientada. La persona de María está siendo, en este relato, una figura tipo de la comunidad.

        Por lo tanto, «la tiniebla» (20,1) es el reflejo de la situación de desamparo en que la comunidad se siente por la muerte de Jesús. La comunidad se siente perdida sin Jesús. Hay una actitud de búsqueda, pero buscan a un Señor muerto. Él representaba su fuerza; al creer que ha pasado a ser debilidad e impotencia, la comunidad queda ella misma sin fuerzas.

 

  vv.3-4: el otro discípulo se adelantó, corriendo más de prisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. El hecho de correr más de prisa y llegar antes al sepulcro ha de ser interpretado como un dato positivo. Corre más de prisa el que tiene experiencia del amor de Jesús, el que ha sido testigo del fruto de la cruz (19,35). Pedro, no como el otro discípulo, no concibe aún la muerte como muestra de amor y fuente de vida (12,24).

 

  v.5: no entró. El discípulo no entra en el sepulcro. No lo hará hasta que no haya entrado Simón Pedro. Al ceder el paso a Pedro le muestra su deferencia y su amor, a que lo lleva su sintonía con Jesús. Después de las negaciones de Pedro en el atrio del sumo sacerdote (18,15-17.25), es un gesto de aceptación y reconciliación. Habiendo seguido a Jesús dispuesto a morir con él (18,15-16), no afirma su superioridad frente al que lo ha negado, sino que, al contrario, lo deja entrar antes para que exprese primero su amor a Jesús. 

 

  v.8: vio y creyó. El discípulo que está en sintonía con Jesús, la Vida (11,25; 14,6), comprende sus señales y podrá ser testigo de la resurrección como lo ha sido de la muerte y del amor de Jesús (19,35). Ahora cree y ve así la gloria de Dios (11,40: ¿No  te he dicho que si llegas a creer verás la gloria de Dios?), es decir, el alcance de su amor, que vence la muerte dando la vida definitiva.

        Juan pone de nuevo en contraste a los dos discípulos al señalar solamente la fe del discípulo amado. En la cercanía a Jesús y en la percepción de las señales este discípulo precede siempre a Pedro (13,23.25; 15,15s; 21,7).

 

  Este evangelio concluye en el versículo 10, no recogido en la lectura litúrgica: Los discípulos de fueron de nuevo a su casa. Los discípulos no continúan la búsqueda de Jesús, sino que vuelven a su casa. La dispersión continúa. No anuncian lo sucedido. Aún no han visto a Jesús, solamente han constatado su ausencia. Para dar testimonio no basta saber que Jesús está vivo, hay que experimentarlo presente. Los discípulos que estaban dispersos cuando recibieron la noticia de María, siguieron dispersos hasta que Jesús les haga llegar su mensaje (20,18). Sólo él puede convocarlos. 

 

 

 

        

 

meditamos - oramos

 

 

 

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