1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

 

1. Experimentar la resurrección (Cecilia Payawal, pddm)

2. Nacer a una vida nueva (Beato Santiago Alberione)

 

 

1. Experimentar la resurrección (Cecilia Payawal, pddm)

 

        Mientras leía y meditaba este pasaje del evangelio de Juan, me costaba creer que el sepulcro vacío pudiera ser un signo de la resurrección del Señor. Me imaginaba presente allí y me preguntaba qué habría hecho yo si hubiera sido uno de los discípulos que vieron el sepulcro vacío. ¿Creería, como María, que se habían llevado al Señor? ¿Entendería los signos? ¿Tendría la fe del discípulo amado?

 

        Me sorprende la reacción de este discípulo. Me maravilla su fe, a pesar de que no "vio" físicamente al Señor. Pero hay que recordar que en el evangelio de Juan, el verbo "ver" significa "experimentar". Por lo tanto, a pesar de la ausencia física del cuerpo de Jesús, el discípulo amado experimentó su presencia. Por eso creyó en el Señor Jesús y en su resurrección.

 

        Verdaderamente, es difícil creer, sobre todo cuando experimentamos "tinieblas", de la misma manera que los discípulos las experimentaron tras la muerte de Jesús. Ellos sintieron miedo, angustia, inseguridades, tristeza. Se encerraron por el temor de que les persiguieran, como hicieron con su Maestro Jesús.

 

        Para mí, la fe del discípulo amado es una maravilla. Quizá su relación de amor profundo con el Señor fue la causa de esta fe en Él, de la fe en que el Señor está realmente vivo. ¿No es la misma experiencia que tenemos cuando un ser querido ha muerto? Algunos dicen que sienten como si sus seres queridos siguieran viviendo, como si estuvieran presentes y nunca hubieran muerto para ellos. La experiencia del discípulo amado con el Señor puede ser algo parecido a esta experiencia. Aunque, por supuesto, la resurrección del Señor Jesús va más allá. No es la proyección de un deseo o una imaginación, sino que el Señor vive y estará siempre presente en las personas de los que creen en Él como Mesías, como Señor y Salvador nuestro, de los que creen que está y estará con nosotros hasta el fin de los tiempos.

 

        Los discípulos "vieron" a Jesús. Por eso, creyeron. Pero nosotros, ¿cómo podemos creer sin verle? Leyendo la historia de la Iglesia, encontraremos los ejemplos de mártires y santos que creyeron hasta el final de su vida. No vieron físicamente al Señor, pero experimentaron su presencia resucitada. Esta experiencia les llevó a creer. Y esta creencia, esta fe en el Señor, fue la causa de su muerte por las persecuciones que sufrieron en sus tiempos.

 

        Hoy día, nadie nos quitará la vida si creemos en el Señor resucitado (al menos, en nuestras sociedades...). Pero, ¿por qué a veces nos resulta difícil creer? Probablemente nos falta el "ver", el "experimentar" la presencia del Señor de la misma manera que el discípulo amado, los mártires y los santos la experimentaron. Ahora podemos preguntarnos: ¿Cómo experimentamos la presencia del Señor resucitado, sobre todo en los momentos de "tinieblas"? Cuando no encontramos nada más que un "sepulcro vacío", un Señor silencioso que nos parece que no actúa, ¿creemos aún? ¿O creemos en los otros "mesías que nos ofrecen más seguridades en el mundo de hoy?

 

 

 

 

2. Nacer a una vida nueva (Beato Santiago Alberione)

 

        Pensad en la resurrección: al tercer día, Jesús resucitó y se apareció a María Magdalena, a los apóstoles, a Pedro. En este tiempo, instituyó la Iglesia e inauguró una vida nueva.

        Vida nueva es resurgir de nuestros defectos, cambiar de vida: el que era perezoso, que se haga fervoroso; el que era irascible, dulce; no dejar espacio a las ocasiones, sino obrar con diligencia y puntualidad en los deberes cotidianos. Acudid a la reconciliación, para “morir”, y a la eucaristía para resucitar. ¡Vivid una vida nueva! Una vida en la que se ama a Dios más que a uno mismo, siempre!

 

        Conviene resurgir de la tumba de los pecados y defectos y vivir la vida de santidad y de fervor. Que haya un cambio de vida con la Pascua: es la fiesta más grande del año. Realicemos en nosotros una muerte y resurrección en espíritu, según el ejemplo de Jesús, que ha muerto y resucitado: éste es el modo mejor de vivir la Pascua. Todos los otros modos no cuentan.

 

        Orad a Jesús para que tenga piedad de nosotros y nos perdone. Que nos conceda vivir la vida nueva con más fervor. María vive en la alegría por la resurrección de Jesús. También nosotros tendremos mayor alegría si renacemos con Cristo.

   

 

 

3. Oramos

 

A) El venerable Santiago Alberione (próximamente, beato) es uno de los que "vieron" y creyeron en el Señor resucitado. Recemos la oración que expresa su fe en Él, la Vida y la Resurrección.

 

 

Bendito seas, Jesús:

has muerto porque eres hombre;

y has resucitado porque eres Dios.

Has confirmado tu doctrina

con la verdad de tu resurrección.

 

La fe es el fundamento de la salvación.

Dame fe viva, dinámica y expansiva.

Que crea cada vez más y llegue a ser

una lámpara que ilumina a su alrededor.

 

 

B) Oremos con la Secuencia del día de Pascua, que expresa la fe de María: "¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!"

 

Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.

 

Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.

 

Lucharon vida y muerte

en singular batalla

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

 

¿Qué has visto de camino,

María, en la mañana?

- A mi Señor glorioso,

la tumba abandonada,

los ángeles testigos,

sudarios y mortaja.

 

¡Resucitó de veras

mi amor y mi esperanza!

 

Venid a Galilea,

allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos

la gloria de la Pascua.

Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia

que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.

 

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa.

 

 

 

 

 

 

 

Cecilia Payawal, pddm (Filipinas)