oración inicial - leemos - meditamos - oramos

Ven,
Espíritu Santo,
y
convierte mis oídos, mi corazón,
y toda mi persona
en tierra buena
capaz de acoger la Palabra,
como una semilla,
y hacerla germinar.
Ven, Espíritu de la Vida,
desciende y derrámate sobre mí,
como una llovizna suave se derrama, penetra,
refresca y fecunda
un campo destinado a dar fruto.
Ven, y ayuda el leve pero continuo crecimiento
de mi ser, hacia la criatura nueva,
hecha a imagen de Jesucristo,
mi Maestro y mi Señor.
Amén.
Marcos 7,31-37
En aquel tiempo, 31dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. 32Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
33Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. 34Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:
- Effetá.
(Esto es: «¡Ábrete!»").
35Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.
36Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. 37Y en el colmo del asombro decían:
- Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
Orientaciones para la lectura
Sugerencias para una lectura atenta:
Lee detenidamente el texto y date cuenta de los lugares que menciona:
Tiro, Sidón, la Decápolis, el mar de Galilea. ¿Te resultan familiares estas
ciudades y lugares? ¿Los podrías situar geográficamente en un mapa mudo? Si
no es así, búscalos en un mapa de los que suelen ilustrar las ediciones más
comunes de la Biblia (Biblia de Jerusalén, Biblia Latinoamericana, Casa de la
Biblia, San Pablo...).
Pregúntate por los personajes protagonistas de la escena: Jesús, el
sordo medio mudo, la gente... ¿Qué dice y qué hace cada uno de estos
personajes? ¿Hay algo que te llama la atención de forma especial, que te choca
o te sorprende?
Fíjate en el final del pasaje y confronta la exclamación de la
gente con Gén 1,31 e Is 35,5-6. ¿Qué puede estar queriéndonos decir el
evangelista con esas alusiones a esos textos veterotestamentarios?
Si tuvieras que explicar a alguien el mensaje central de este evangelio, ¿qué
dirías? ¿con qué palabras o frases condensarías su mensaje?
Una posible lectura: Jesús, Mesías y artesano de la nueva creación
El evangelio de hoy comienza con un versículo de transición: «Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis» (Mc 7,31). El relato anterior al que aquí se narra, nos presenta a Jesús "forzado" por una mujer sirofenicia (es decir, pagana) a abrir el anuncio del evangelio a los extranjeros, a los que el judaísmo consideraba "gentuza", gente excluida del amor y de la alianza de Dios.

Aunque Jesús, hoy, sale de esa región pagana, la referencia del texto a Tiro, Sidón y la Decápolis quiere incidir en esa apertura de Jesús a la universalidad de la salvación, a la vez que sitúa espacialmente un relato que, en su origen, probablemente no presentaba ninguna coordenada espacial. Así pues, Marcos sitúa la escena junto al mar de Galilea y se dice que allí había "gente" (v. 33), posiblemente "mucha gente", como se dice más adelante, en 8,1 y en otros textos de Marcos en los que Jesús enseña junto al mar y ha de subir a una barca para no ser aplastado por la multitud (cf. Mc 3,7-9; 4,1).
Una vez que tenemos ya el escenario, acontece algo semejante a lo que pasa con el famoso paralítico llevado entre cuatro, que es descolgado por el agujero del techo de la casa en donde Jesús estaba enseñando (cf. Mc 2,1-12): es decir, unos (no se dice cuántos) le presentan a un sordo medio mudo y le piden que le imponga las manos. Son ellos los que se acercan a Jesús pidiendo la curación de su amigo, o su pariente, mediante la imposición de las manos (v.32). Es la misma súplica que le dirige Jairo a Jesús en Mc 5,23: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella para que se salve y viva».
Jesús realiza la curación valiéndose de las prácticas terapéuticas corrientes en su época, conocidas por las historias contemporáneas de milagro. En primer lugar, Jesús retira al enfermo de la gente y le cura a solas. Otros taumaturgos procedían así para que no se descubrieran sus métodos curativos. En el caso de Jesús, probablemente hay que relacionar este "secreto" con el mandato insistente que dirige a los curados de que a nadie cuenten lo que ha hecho con ellos (cf. v. 36).
Por otra parte, Jesús toca al enfermo, primero con sus dedos y luego con su saliva. Los dedos con los que Jesús actúa la sanación-salvación pueden ser una alusión al dedo de Dios, es decir, al Espíritu del que habla Lc 11,20 o Éx 8,15. En cuanto a la saliva, en la antigüedad se le atribuían propiedades curativas. Por esta razón el tacto con saliva se incluyó en el rito bautismal posterior.
La elevación de la mirada al cielo (v. 34) es, en otras partes del evangelio, un gesto de oración (cf. Mc 6,41; Jn 11,41). Aquí es un gesto característico del estilo del relato de milagro y expresa el hecho de que el taumaturgo ha de valerse de una fuerza superior a la humana para realizar su obra. El mismo significado tiene el suspiro del taumaturgo, que es un acto de preparación para su actuación milagrosa.
El término de origen arameo "Effatá" ("¡Ábrete!") muestra el poder de Jesús que, con su palabra, re-crea la realidad. "Ábrete" es un imperativo singular que no se refiere a los oídos o a la boca simplemente, sino a todo el hombre enfermo, cerrado a la posibilidad de una vida plena.
A la orden de Jesús, sucede el milagro. La palabra es poderosa, eficaz, creadora en sus labios, como lo es la palabra del Padre. Así dice el salmo 33:
«La palabra de Yahveh hizo el cielo,
el aliento de su boca, sus ejércitos...
Porque él lo dijo y existió,
él lo mandó y surgió»
Y el Deuteroisaías se hace eco de ese poder creador de la Palabra en el siguiente texto, muy conocido:
«Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos
y no vuelven allá, sino que empapan la tierra,
la fecundan y la hacen germinar (...)
así será mi palabra, la que salga de mi boca,
que no tornará a mí de vacío,
sin que haya realizado lo que me plugo,
y haya cumplido aquello a que la envié» (Is 55,10-11)
El milagro revela la divinidad de Jesús, y Él manda a los presentes que no lo digan a nadie. Pero, como siempre en el evangelio de Marcos, su mandato es desobedecido: no se puede acallar ni ocultar el gozo de la experiencia de haber sido salvado/a.
La exclamación «¡Todo lo ha hecho bien!» recuerda el estribillo insistente del relato sacerdotal de la creación: "Y vio Dios que estaba bien" (Gén 1,10.12.18.21.25) ... "Y todo estaba muy bien" (Gén 1,31). Cuando el Padre creó, todo era bueno y hermoso. Así es lo que Jesús fue sembrando por los caminos de Galilea: bueno y bello, hecho a su imagen y semejanza.
La frase final: «Hace oír a los sordos y hablar a los mudos» es una alusión al pasaje de Isaías 35,5-6, en el que se habla de la salvación mesiánica a través de imágenes sugerentes acompañadas de una invitación insistente al gozo y el júbilo:
«Entonces se despegarán los ojos de los ciegos,
y las orejas de los sordos se abrirán.
Entonces saltará el cojo como el ciervo,
y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo».
Con estas imágenes, Marcos nos está diciendo que Jesús es el Mesías anunciado por los profetas, autor de una nueva creación.
Por otra parte, la curación del sordo medio mudo se convierte en símbolo del milagro de la fe. En el contexto anterior, se dice explícitamente que los discípulos no entendía a Jesús, porque su mente estaba embotada (Mc 6,52; 7,18). Por eso, Jesús insistía: "Oídme todos y entended" (7,17). Así pues, Jesús, en la persona del sordomudo, abre los oídos de sus discípulos y de todos nosotros para que escuchemos y entendamos, y desata nuestra lengua para que le alabemos y anunciemos lo que hemos visto y oído.
![]()
![]()
Inicio
© Pías Discípulas
del Divino Maestro
C/ Canal
de la Mancha, 2
28022 –
Madrid
Tlf.: 91 741 27 18