oración
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oramos
Ven, dulce huésped del alma,
compañero de las horas sin fin,
y del tiempo efímero,
compañero en el silencio y en los ruidos,
compañero de tristezas y alegrías.
Ven, compañero de soledades
y de bullicios,
habitante eterno de mi casa.
Ven, en medio de mis trabajos
y de mis pasividades,
enciende ese rincón profundo y secreto de la fe
desde el que toda mi existencia queda transfigurada.
Transfigura mi vida, Espíritu de Dios,
transfigúrame,
con la luz de la Palabra que nos salva.
Marcos 9,30-37
En aquel tiempo, 31 instruía Jesús a sus discípulos. Les decía:
- El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días, resucitará.
32 Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
33 Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa les preguntó:
- ¿De qué discutíais por el camino?
34 Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. 35 Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
- Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.
36 Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
- 37 El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.
Orientaciones para la lectura
Para
profundizar la lectura del evangelio de este domingo, vamos a considerar algunos
puntos que nos pueden ayudar a entenderlo mejor.
“...iba
enseñando a sus discípulos.” (v.31) Este versículo forma parte de una
serie de relatos en los que Jesús se dirige a sus discípulos
para introducirles más profundamente en su misterio (la sección abarca
Mc 8,31-10,45). En el evangelio de hoy, Jesús les anuncia, una vez más, su
pasión. Recordemos que Jesús les anunció su pasión tres veces (8,31-33;
9,30-32; 10,32-34). El número tres, según la tradición hebrea, significa algo
definitivo, muy importante o significativo. A cada anuncio de Jesús, le
corresponde una reacción negativa (de incomprensión) de los discípulos y una
enseñanza de Jesús sobre las actitudes más importantes con que el creyente ha
de vivir su seguimiento.
“Pero
ellos no le entendían... y temían preguntarle.” (v.32) ¿Por qué los
discípulos no entendían a Jesús? Antes del primer anuncio de la pasión,
Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Rey mesiánico. Pero hay que tener en
cuenta que los discípulos tenían la misma idea de Mesías que tenía la
sociedad de su tiempo: un mesianismo
humano, político, hecho de poder y privilegios. Por ello no podían comprender
que Jesús, en el que creían como el Mesías, debiera sufrir mucho y ser
reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas (8,31), ser
entregado en manos de los hombres y ser matado (9,31). Ellos ignoraban lo que
decía Jesús que “a los tres días de haber muerto resucitará” (9,31). Así
pues, con esta mentalidad sobre el Mesías que tenían los discípulos, no eran
capaces de comprender lo que estaba diciendo Jesús.
¿Y por qué temían preguntar a Jesús? Seguramente por lo que hizo Jesús con Pedro. Recordemos que después de que Jesús anunciase su pasión (el primer anuncio, 8,31-33) Pedro se puso a reprenderle. Por eso, Jesús reprendió a Pedro diciéndole: “¡Ponte detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.” (8,33)
“...quien
era el mejor.” (v.33) Los discípulos, en vez de intentar comprender las
indicaciones de Jesús sobre su muerte inminente, se preocupan por decidir quien
de entre ellos es el más importante. Por consiguiente, no hay manera alguna de
hacerles comprender el anuncio de la pasión de Jesús.
“Si
uno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de
todos.” (v.35) Viene ahora la gran enseñanza de Jesús para todo aquél
que quiera ser un "líder" en la comunidad cristiana: el que quiera
ser el primero deberá ser el último y el servidor de todos. Lo repitió en
10,45, “...tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a
servir y a dar su vida como rescate por muchos.” Con esto, Jesús señaló
el propósito de su pasión. Para servir a los demás, Jesús tenía que aceptar
la pasión, consecuencia de todo lo que había hecho y dicho durante su vida.
Jesús tenía que recibir la condena reservada a los últimos, a los criminales
de su tiempo: el ser ejecutado en la cruz.

“El
que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe...” (v.37)
¿A quién, de manera particular, hay que servir? Jesús llama a un niño, lo
coloca en medio de ellos y lo toma en brazos. Los niños (como las mujeres) eran
muy poco valorados en la sociedad del momento. Jesús se ha hecho tan solidario
con los hombres, que se identifica con ellos, y especialmente con los más
pobres, pequeños y necesitados, representados aquí, emblemáticamente, por los
niños.
En resumen, ¿qué mensaje nos quiere transmitir el evangelio de hoy? El evangelio de este domingo fue dirigido a los discípulos de Jesús. A nosotros, como discípulos/as de Jesús hoy, nos quiere comunicar que, en la vida de seguimiento de Jesús, la pasión forma parte de la respuesta, del “sí” al discipulado. En la Palabra de hoy, recibimos una llamada a ser el/la “mayor”, pero no en el sentido de tener poder sobre los demás, sino en el sentido de tener la disposición de servirles, sobre todo a "los niños": los pequeños, débiles y oprimidos de la comunidad y de la sociedad. En esta tarea de “servicio”, podemos encontrar en el camino "pasión", sufrimiento o sacrificio. Pero Jesús nos asegura que de la misma manera que él resucitó, triunfó al tercer día, nosotros también lo experimentaremos si perseveramos hasta al final, incluso en medio de la experiencia de la “pasión”.
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