Quiero acoger esta Palabra de mi Dios con la actitud propia de una discípula que siempre está dispuesta a cambiar su vida según la enseñanza de su Maestro. Para ello, me pregunto: ¿Qué me revela Dios, nuevamente, acerca de su Misterio? ¿Y qué verdad revela, acerca de mí misma, esta Palabra?
Las palabras de Jesús en relación al escándalo, aun siendo palabras tan duras, me revelan a Dios, que cuida con empeño de mí y hace todo lo posible para que yo, con plena consciencia y libertad, elija el camino de la verdad y del bien que me llevan a la vida eterna. Él no carga sobre mí los pesos opresores ni difíciles de llevar de unas normas que quieren hacer mi vida más complicada (cf. Mt 23,4). Por el contrario, Él quiere hacer mi vida más sencilla y feliz. Sus exigencias son claras y deben ayudarme a recorrer bien el camino de esta vida presente.
Cada uno de nosotros es libre y, sin embargo, desgraciadamente, muchos son los que siguen las codicias de la carne (cf. Gál 5,16) y eligen la puerta espaciosa y el camino ancho que conduce a la perdición (cf. Mt 7,13). Si quiero alcanzar la plenitud de vida en Dios, debo entrar, continuamente, por la puerta estrecha (cf. Mt 7,14), sometiéndome a la acción del Espíritu. Quiero comprender que es mejor perder algo ahora para recibir lo que es más valioso y no pasará jamás. Y, para esto, necesito experimentar un encuentro personal con el Dios vivo para no tener miedo de perder todo lo que no me ayuda a vivir según la vocación recibida pero que, por otra parte, puede resultarme atrayente (cf. Flp 3,8). Soy consciente de que, por mí misma, no soy capaz de conducir mi vida adecuadamente. Por eso, quiero pedir la sabiduría que viene de lo alto (cf. St 3,17).
a) Salmo 90, 1.12
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.
Enséñanos a calcular nuestros años
para que adquiramos un corazón sensato.
b) Oración personal
Señor, te pido la gracia del discernimiento espiritual.
Haz de mí una persona recta,
que sepa elegir el bien y rechazar el mal.
Ayúdame a vivir lo cotidiano según las promesas del Bautismo.
Dame la delicadeza de acoger las pequeñas semillas de bien,
escondidas en mí misma y en mis hermanos.
Y ayúdame a vivir vigilante y a apagar
todos los dardos encendidos del maligno,
con el escudo de la fe (cf. Ef 6,16)
c) Con el beato Santiago Alberione, quiero pedir a Jesús Maestro que santifique mi voluntad:
Jesús Maestro, tu vida es norma, camino,
certeza absoluta, verdadera, infalible.
Desde el pesebre, desde Nazaret
y desde el Calvario,
no haces más que trazar el camino del amor al Padre,
un camino de pureza infinita,
de amor a los hombres, a la abnegación y a la entrega...
Haz que yo lo conozca, que constantemente
siga tus huellas de pobreza,
castidad y obediencia.
Cualquier otro camino es ancho...
no es tu camino.
Jesús, yo quiero ignorar y rechazar
todo camino que no sea el que tú me indicas.
Lo que tú quieres, eso quiero yo;
sustituye mi voluntad por la tuya.
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Úrszula Szymanska, pddm (Polonia)