Lectura orante

Marcos 10,2-16

oración inicial - leemos - meditamos - oramos 

 

"...Ya no son dos, sino una sola carne"

"El que no acepte el Reino de Dios como un niño no entrará en él"

 

Oración para disponer el corazón

 

Desde nuestro corazón endurecido como pedernal,

torpe para comprender,

contaminado por razonamientos humanos, alejados de tu mentalidad,

te suplicamos, Señor Jesús,

que tu Espíritu nos enseñe,

con fuerza y suavidad,

los caminos a seguir,

las actitudes a asumir,

los valores a encarnar.

 

Envíanos al Maestro interior de nuestras vidas

para que aprendamos, acojamos y amemos

el plan original que el Padre soñó para nosotros,

hombres y mujeres

creados para la vida y el amor.

 

 

1. Leemos la Palabra

 

Marcos 10,2-16 

En aquel tiempo, 2 se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús para ponerlo a prueba:

- ¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?

3 Él les replicó:

- ¿Qué os ha mandado Moisés?

4 Contestaron:

- Moisés permitió divorciarse dándole a la mujer un acta de repudio.

5 Jesús les dijo:

- Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. 6 Al principio de la creación, Dios los creó hombre y mujer. 7 Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer 8 y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. 9Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.

        10 En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. 11 Él les dijo:

- Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. 12 Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

        13 Le presentaron unos niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.

        14 Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:

- Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios. 15 Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.

        16 Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

 

 

  Orientaciones para la lectura 

 

  

Lee detenidamente el evangelio de este domingo (incluyendo el v. 1: Mc 10,1-16) y cae en la cuenta de que hay tres perícopas perfectamente diferenciadas, la segunda de las cuales está dividida, a su vez, en dos partes:

 

1) Mc 10,1: Pequeño sumario introductorio

2) Mc 10,2-12: La enseñanza de Jesús sobre el matrimonio

a) Mc 10,2-9: Jesús enseña a la gente

b) Mc 10, 10-12: Jesús enseña a los discípulos

3) Mc 10, 13-16: La actitud de Jesús hacia los niños

 

 

2) Mc 10,2-12: La enseñanza de Jesús sobre el matrimonio

 

El versículo 1 del capítulo 10 de Marcos es, como hemos dicho, un pequeño sumario que nos sitúa con Jesús, en camino hacia Jerusalén. De nuevo la gente acude a Él esperando su palabra, y él se pone a enseñar. Es, ante todo, un Maestro.

 

        A Él se acercan los fariseos, para preguntarle sobre una cuestión jurídica debatida en su tiempo: «¿Puede el marido repudiar a su mujer?». Marcos dice que le preguntan "para ponerlo a prueba". La postura del judaísmo oficial era clara: existía la posibilidad de disolver legalmente casi todos los matrimonios y el divorcio estaba previsto en la ley. Entonces, ¿a qué preguntar a Jesús? Parece evidente que su pretensión era hacer que Jesús se manifestara públicamente en contra de la ley o del lado de alguna de sus interpretaciones. El alcance del precepto del Dt 24,1 («Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le redactará un libelo de repudio, se lo pondrá en la mano y la despedirá de su casa») es interpretado de un modo más riguroso por la escuela rabínica de Shammai y de un modo más laxo por la escuela de Hillel. Mientras que para Shammai sólo se podía disolver un matrimonio en caso de adulterio, para Hillel cualquier motivo, por pequeño que fuera, podía ser válido para tal propósito.

 

        La respuesta de Jesús se desmarca de una interpretación meramente jurídica o moral y hurga en las propias conciencias de sus interlocutores llevándoles, a través de una pregunta, de un terreno conocido para ellos (la ley de Moisés) al terreno de Jesús, que no es la ley sino el designio original del Padre. 

        Los fariseos conocen bien la ley de Moisés en la que estaba permitido repudiar a la esposa. Jesús es el nuevo Moisés que se mueve en unas claves en las que no hay ley. La ley tuvo que escribirse a causa de la dureza de corazón de los israelitas; su "esclerocardía" les impedía acoger el designio de Dios: un designio de amor, de comunión, de armonía en las relaciones, de complementariedad y compenetración recíprocas entre el hombre y la mujer. Y Jesús da un salto de la clave jurídica de los fariseos a la clave religiosa y teológica, ofreciendo un argumento escriturístico en esa controversia: «Desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Mc 10,6-8). Las palabras de Jesús aluden a los relatos sacerdotal y yahvista del Génesis (Gn 1,27 y 2,24) que expresan, de forma narrativa, el designio primero de Dios para el hombre y la mujer. Con ello, Jesús invita a entrar en la mente de Dios y a abandonar la dureza de corazón que impide amar al esposo o a la esposa como a uno mismo.

 

        Ya en la casa, Jesús adoctrina a sus discípulos en privado dándoles dos principios que derivan del sexto mandamiento: «No cometerás adulterio» (Éx 20,13; Dt 5,17). Estos principios se refieren al hombre y a la mujer respectivamente: «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio» (vv.10-12). Probablemente estos versículos tratan de responder a los problemas del matrimonio que surgieron en las primeras comunidades cristianas. El versículo 12, que contempla la posibilidad de que sea la mujer la que despide al marido, puede resultarnos extraño en el contexto judío. En efecto, es una situación jurídica incompatible con la legislación palestiniano-judía respecto del matrimonio, pero no con el derecho de divorcio greco-romano y egipcio-judío, según el cual era posible que la mujer pudiera tener ese comportamiento.

 

3) Mc 10, 13-16: La actitud de Jesús hacia los niños

 

        Tras la discusión de Jesús con los fariseos y la posterior enseñanza a sus discípulos, de nuevo Jesús se encuentra entre la gente y algunos le presentan a unos niños para que los toque (v.13), posiblemente imponiéndoles las manos como signo de bendición (v.16). No hay razón aparente para la actitud de rechazo de los discípulos, que delata su afán de dominio y mando y su poca amabilidad. En este contexto, Jesús muestra el significado que los niños tienen para él y trata de corregir la postura intransigente y aferrada a prejuicios y privilegios que tienen los discípulos. Jesús ha venido para todos y el Reino es para todos: enfermos, mujeres, niños, paganos..., no para una élite de devotos y justos según una ley a su medida. La presencia de Jesús era gratuita para todos, y especialmente para los niños, en quienes veía una imagen de los hijos del Reino (cf. 9,36-37 y par.). Quien quiera entrar en el Reino ha de ser como un niño: pequeño, confiado como ellos, entregado a alguien mayor (el Padre), carente de ambición y de codicia.

 

 

        

 

meditamos - oramos

 

 

 

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