1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

La  celebración litúrgica de este domingo del Tiempo Ordinario pone en boca de cada uno de nosotros, los creyentes, una pregunta: «¿Entonces, quién puede salvarse?» No es fácil para ninguno de nosotros entrar en la lógica de la sabiduría de la cruz, de aquel amor desarmado y desarmante que es la debilidad de Dios en Jesucristo. Entrar en su lógica es, sobre todo, un DON. 

        Podemos confrontarnos con algunas preguntas que podrán ayudarnos a interiorizar más la Palabra en nuestra vida:

 

  ¿Como sigo a Cristo, sabiduría del Padre?

  ¿Estoy dispuesto a dejar seguridades materiales, espirituales, psicológicas, para entrar en el nuevo modo de concebir la relación con el Señor?

  ¿Creo que el cristianismo, antes de ser un esfuerzo, es un fiarse y confiarse totalmente a Cristo?

  En mi camino de respuesta y de adhesión, ¿creo que son más importantes mis esfuerzos o el poder de Dios que obra en mí?

 

3. Oramos

 

Dejemos que el Señor Jesús ponga, una vez más, sobre nosotros/as su mirada de amor; dejémonos mirar, porque sólo el ACONTECIMIENTO de un encuentro es lo que puede "trastornar" totalmente nuestra existencia y hacernos exclamar con el apóstol Pablo:

 

«Lo que era para mí ganancia

lo he juzgado pérdida, a causa de Cristo.

Y más aún: todo lo estimo pérdida,

comparado con la excelencia del conocimiento

de Cristo Jesús, mi Señor.

 

Por él lo perdí todo,

y todo lo estimo basura, 

con tal de ganar a Cristo, y existir en él,

no con una justicia mía -la de la ley-,

sino con la que viene de la fe en Cristo,

la justicia que viene de Dios,

y se apoya en la fe.

 

Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección,

y la comunión con sus padecimientos,

muriendo su misma muerte,

para llegar, un día, a la resurrección de entre los muertos.

No es que ya haya conseguido el premio, 

o que ya esté en la meta:

yo sigo corriendo.

Y aunque poseo el premio,

porque Cristo Jesús me lo ha entregado, hermanos,

yo a mí mismo me considero

como si aún no hubiera conseguido el premio.

 

Sólo busco una cosa:

olvidándome de lo que queda atrás

y lanzándome hacia lo que está por delante,

corro hacia la meta,

para ganar el premio,

al que Dios, desde arriba,

llama en Cristo Jesús.

 

(Flp 3,7-14)

 

 

 

 

 

Doriana Giarratana, pddm (Italia)