1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

Cuando medites, puedes preguntarte:

 

¿Cómo resuena en ti el episodio evangélico de hoy?

  ¿Te reconoces en las expectativas de Santiago y Juan o en la reacción de los otros diez?

  Cuando haces el bien desinteresadamente ayudando, con ello, a que alguien “tenga vida”, ¿cómo te sientes?

  ¿Cómo puedes llevar a la práctica la enseñanza de Jesús de “servir” y “dar tu vida”?

  Si Jesús te preguntara hoy: "¿Que quieres que haga por ti?", ¿qué le responderías?

 

 

Santiago y Juan se acercan a Jesús con una petición extraña: ocupar los puestos de honor junto a él. «No saben lo que piden». Así les dice Jesús. No han entendido nada de su proyecto al servicio del reino de Dios y su justicia. No piensan en «seguirle», sino en «sentarse» en los primeros puestos.

Al ver su postura, los otros diez «se indignan». También ellos alimentan sueños ambiciosos. Todos buscan obtener algún poder, honor o prestigio. La escena es escandalosa. ¿Cómo se puede acoger a un Dios Padre y trabajar por un mundo más fraterno con un grupo de discípulos animados por este espíritu?

El pensamiento de Jesús es claro. «No ha de ser así». Hay que ir exactamente en la dirección opuesta. Hay que arrancar de su movimiento de seguidores esa «enfermedad» del poder que todos conocen en el imperio de Tiberio y el gobierno de Antipas. Un poder que no hace sino «tiranizar» y «oprimir».

Entre los suyos no ha de existir esa jerarquía de poder. Nadie está por encima de los demás. No hay amos ni dueños. La parroquia no es del párroco. La Iglesia no es de los obispos y cardenales. El pueblo no es de los teólogos. El que quiera ser grande, que se ponga a servir a todos. 

El verdadero modelo es Jesús. No gobierna, no impone, no domina ni controla. No ambiciona ningún poder. No se arroga títulos honoríficos. No busca su propio interés. Lo suyo es «servir» y «dar la vida». Por eso es el primero y más grande.

Necesitamos en la Iglesia cristianos dispuestos a gastar su vida por el proyecto de Jesús, no por otros intereses. Creyentes sin ambiciones personales, que trabajen de manera callada por un mundo más humano y una iglesia más evangélica. Seguidores de Jesús que «se impongan» por la calidad de su vida de servicio. Padres que se desviven por sus hijos, educadores entregados día a día a su difícil tarea, hombres y mujeres que han hecho de su vida un servicio a los necesitados. Son lo mejor que tenemos en la Iglesia. Los más «grandes» a los ojos de Jesús.

José Antonio Pagola

http://svicentemartir-abando.org

        

3. Oramos

 

Dale gracias a Jesús por ser AMOR Y SERVIDOR de la Vida. Dale gracias mientras haces memoria de episodios de su vida en los que se puso al servicio de los demás: curando, enseñando, ofreciendo palabras de perdón, acogiendo a los pobres, compartiendo las fiestas con sus amigos pecadores y rechazados socialmente...

Pídele que te dé sus mismos sentimientos de humildad y bondad, y que aparte de ti los deseos de poder y de dominar sobre los otros.

Puedes terminar tu oración rezando el salmo 130/131:

 

Señor, mi corazón no es ambicioso

ni mis ojos altaneros;

no pretendo grandezas

que superan mi capacidad,

sino que acallo y modero mis deseos

como un niño en brazos de su madre.

 

Espere Israel en el Señor

ahora y por siempre.

 

 

 

 

 

 

Mª Concepción López, pddm (España)