oración
inicial - leemos - meditamos -
oramos
Espíritu, que infundes la vida,
ven y renueva nuestras mentes.
Derrama en abundancia tu gracia y bondad
en nuestro pobre y afligido corazón.
Consuelo de los fieles que luchan,
fuente del gozo verdadero,
torrente de agua viva y llama de amor,
unción de un pueblo bendecido con la paz.
Espíritu repleto de dones,
fuerza que actúas sobre el mundo,
regalo prometido por nuestro Señor,
que nos inspiras los caminos a seguir.
Concédenos vencer en la prueba,
surja gozosa la esperanza.
Que siempre nos dejemos llevar de tu amor
y demos frutos de justicia y santidad.
Pronuncien nuestros labios palabras
iluminadas en tu fuego;
que el mundo reconozca la inmensa piedad
de nuestro Padre, que en el Hijo nos salvó.
Amén.
(Libro de oraciones de la Familia Paulina, p. 339)
Marcos 9,2-10
En aquel tiempo, 2Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. 3Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
4Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. 5Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:
- Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
6Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
7Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:
- Éste es mi Hijo amado; escuchadle.
8De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
9Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
- No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.
10Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de “resucitar de entre los muertos”.
Orientaciones para la lectura
Para poder entender mejor el texto de la transfiguración de Jesús y su propósito,
es conveniente acudir al contexto, que es el capítulo 8 del evangelio de
Marcos. Aquí encontramos la confesión de Pedro de que Jesús es el Mesías
(8,29). Tras esta confesión de fe, Jesús anuncia, por vez primera, su pasión.
Pedro se lo lleva aparte y se pone a reprenderle (8,32). Pero Jesús le rechaza
severamente con estas palabras: "¡Apártate de mí, Satanás!, porque tus
sentimientos no son los de Dios, sino los de los hombres" (8,33).
Del relato anterior, podemos deducir la incomprensión de Pedro. Pedro tenía una imagen de mesías distinta de la que quería transmitir Jesús. Pedro estaba influenciado por la idea mesiánica de los judíos. Para ellos, el mesías que había de venir sería "victorioso", poderoso e impasible. Por ello, resultaba muy difícil aceptar que Jesús, como Mesías, tuviera que ser rechazado y morir. Pedro no comprendió el mesianismo que Jesús representaba. Por ello, porque aún no le habían comprendido, Jesús ordenó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías (8,30).
Seguidamente, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y les llevó a
un monte alto, aparte, a ellos solos (9,2). La palabra "aparte"
(v.2), es usada por Marcos para señalar la incomprensión de los discípulos (cf.
4,34; 6,31-32; 7,33).
Allí, en el monte, Jesús se transfiguró ante ellos: sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como ningún batanero en la tierra es capaz de blanquear (9,3). ¿Qué significa el monte para los judíos de aquella época? ¿Por qué es descrita la transfiguración a través de la imagen de la blancura de los vestidos?
En Marcos 3,13, Jesús sube "al monte" para llamar a sí a los hombres que se había elegido; y, en 6,46, se retira "al monte" para orar. Por lo tanto, la soledad del monte significaba el alejamiento del resto de los hombres y la proximidad de Dios. En este evangelio, "el monte", con artículo determinado, es símbolo de la esfera de Dios en contacto con la historia humana.
El blanco deslumbrador simboliza la gloria divina. Se manifiesta, por tanto, la condición divina de Jesús, el que ha dado su vida por los hombres. Marcos recalca el origen no terrestre de ese esplendor. La mención del batanero sirve para explicar que la blancura extraordinaria, la gloria que se muestra en Jesús, no es mero fruto del esfuerzo humano, sino efecto de la acción divina en respuesta a su compromiso a favor de la humanidad.
¿Qué significado tiene la aparición de Moisés y Elías? Moisés
representa la Ley, y Elías es el representante de los profetas.
Eran la base sobre la que se fundaba la ideología mesiánica de los letrados,
compartida por los discípulos (según la cual, Pedro no podía comprender el
mesianismo que Jesús representaba -véase 8,33). Se
muestra que Moisés y Elías no son absolutos, sino subordinados a la realidad
de Jesús, el Hombre-Dios; que el Antiguo Testamento sólo tiene validez en su
referencia al Hijo del hombre. Por lo tanto, queda patente la superioridad de
Jesús y de su mensaje sobre la revelación del Antiguo Testamento. Lo que diga
Jesús está por encima de lo que hayan dicho Moisés y los Profetas.

Pero, entre tanto, hay una interpelación de Pedro. Este discípulo está
tan fascinado por la maravillosa escena, que quiere levantar tres tiendas. Querría
invitar a aquellos personajes gloriosos a que se quedasen porque quería asir la
felicidad del momento. Es una réplica de su postura después del anuncio de la
muerte de Jesús (8,32). La doble y contraria intervención de Pedro representa
para el evangelista una indudable trabazón interna. También ahora podría
responderle Jesús: "No piensas a lo divino, sino a lo humano".
Otra vez, Pedro no ha comprendido. En este momento, interviene el mismo Dios.
La nube que cae sobre los discípulos es el signo de la presencia divina (cf.
Éx 24,15-18), de una presencia benéfica que es revelación, promesa, exhortación.
La voz de Dios (cf. 1,11) revela a Jesús como a su Hijo amado, mayor que
Elías y que Moisés, y diferente del Mesías esperado por los judíos. A
diferencia también de la voz que se escuchó en el bautismo, esta vez la
palabra no se dirige a Jesús sino a los discípulos, y para éstos se agrega
este importante inciso: "Escuchadle". Para el evangelista, esta
exhortación tiene un sentido muy concreto: también las palabras, difíciles
de comprender, que Jesús ha pronunciado acerca de su camino doloroso y del
seguimiento de sus discípulos con la cruz (8,34) se presentan a los discípulos
y a la comunidad posterior como palabras de Dios a las que es preciso obedecer.
Contra la propuesta de Pedro, Elías y Moisés han desaparecido. No tienen ya
una misión en la historia. Sólo permanece Jesús, y a ese Jesús de siempre
es al que hay que escuchar.
Luego, bajaron del monte (v.9). Este relato describe la vuelta desde
la esfera divina a la historia. Jesús es quien toma la iniciativa.
La falta de reacción positiva de los discípulos ha puesto en evidencia que el cambio pretendido no se ha efectuado. Por eso, Jesús les prohíbe divulgar lo que han visto, es decir, toda la experiencia anterior, que han interpretado mal, en clave de poder. En lugar de corregir su idea mesiánica (que excluía la muerte y aseguraba el triunfo), los discípulos se han confirmado en ella, y Jesús no quiere que la difundan, porque induciría a otros al mismo error.
En resumen, ¿qué mensaje nos quiere transmitir el relato de la transfiguración
de Jesús?. Es una revelación inicial del secreto mesiánico de Jesús,
el desvelamiento de su gloria oculta, pese a la presencia de la muerte. Más aún:
es la justificación del camino fatídico de Jesús y la confirmación divina
de sus palabras. Esto, a su vez, es una llamada a la comunidad para que
no rechace la cruz de Jesús y le siga por su camino. La mirada al
transfigurado es sólo una incitación a creer en el crucificado y a seguirle;
es sólo un estímulo a mantenerse fuerte en las penalidades y
persecuciones.
![]()
![]()
Inicio
© Pías Discípulas
del Divino Maestro
C/ Canal
de la Mancha, 2
28022 –
Madrid
Tlf.: 91 741 27 18