1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

 

 

        Jesús Resucitado está presente en la comunidad de la Iglesia. Nos ofrece su paz y su perdón. Cada celebración eucarística es un encuentro con el Señor de la Vida. Así tenemos vida en abundancia (Jn 10,10). Él vence nuestro miedo y nuestras cerrazones. Pero debemos recordar que el don ha de convertirse en misión. Como testigos del Resucitado, somos enviados/as a anunciar el Evangelio de la Vida, cada cual según su condición.

 

        Para que el testimonio sea auténtico, es necesario encontrarse personalmente con el Maestro. No podemos estar en la Iglesia como si fuéramos una parte de una gran masa anónima e impersonal. Tenemos la necesidad de una relación personal y profunda con el que conoce nuestras dudas y nos interpela por nuestro nombre, como Jesús hizo con Tomás. La duda de Tomás nos muestra la gran necesidad que tenemos de encontrarnos con el Señor. Hoy podemos acoger su presencia a través de la fe: ¡Dichosos los que crean sin ver!

 

 

 

3. Oramos

 

- Oramos con las palabras de la primera carta de Pedro (1Pe 1,3-9), que corresponde a la segunda lectura del domingo de hoy, ciclo A:

 

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que, en su gran misericordia,

por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,

nos ha hecho nacer de nuevo

para una esperanza viva,

para una herencia incorruptible, pura, imperecedera,

que os está reservada en el cielo.

 

La fuerza de Dios os custodia en la fe

para la salvación que aguarda a manifestarse

en el momento final.

Alegraos de ello,

aunque de momento tengáis que sufrir un poco,

en pruebas diversas:

así la comprobación de vuestra fe,

-de más precio que el oro que,

aunque perecedero,

lo aquilatan a fuego-

llegará a ser alabanza y gloria y honor

cuando se manifieste Jesucristo,

nuestro Señor.

 

No habéis visto a Jesucristo,

y lo amáis;

no lo veis,

y creéis en él;

y os alegráis con un gozo inefable 

y transfigurado,

alcanzando así la meta de vuestra fe:

vuestra propia salvación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Judyta Pudelko, pddm (Polonia)