oración
inicial - leemos - meditamos -
oramos
Espíritu de Dios, Tú que eres Amor,
enséñame el arte de amar a mis hermanos,
de escuchar sus necesidades y de hacerme cargo de ellas,
de ser justo y misericordioso todos los días de mi vida
mientras
espero la gloriosa venida del Señor Jesús.
Espíritu
de Dios, Tú que eres Señor y Dador de Vida,
líbrame del pecado, de la desesperación, de la tibieza
y de todo aquello que me impide vivir en plenitud
como auténtico hijo de Dios,
mientras
espero la gloriosa venida del Señor Jesús.
Espíritu de Dios, Tú que eres el Maestro interior,
recuérdame las palabras del Maestro de Nazaret
y enséñame sus caminos
para que viva según su voluntad,
mientras
espero su venida gloriosa al final de los tiempos.
Espíritu de Dios, Tú que revelas la única Verdad,
líbrame del error y de toda oscuridad
y ayúdame a entender la buena nueva de la Esperanza,
mientras
aguardo la gloriosa venida del Señor Jesús.
Espíritu de Dios, Tú que oras en nosotros
con gemidos inefables,
pon un clamor en nuestros labios: “¡Ven, Señor Jesús!”,
pon una esperanza en nuestros corazones: “¡El Señor vendrá!”.
Que el Señor venga a nosotros, hoy y siempre.
Aguardamos su venida gloriosa.
Aguardamos su Salvación y la vida sin fin que nos promete. Amén.
Marcos 13,24-32
Dijo
Jesús a sus discípulos:
-
24 Pasada la tribulación de aquellos días, el sol se
oscurecerá y la luna no dará resplandor; 25 las estrellas caerán
del cielo y las fuerzas celestes se tambalearán.
26 Entonces verán
venir al Hijo del hombre entre nubes con gran poder y gloria. 27
Él enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus
elegidos, desde el extremo de la tierra al extremo del cielo.
28
Aprended
de la higuera esta parábola:
Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, sabéis que se acerca el
verano. 29 Pues lo mismo vosotros, cuando veáis que suceden
estas cosas, sabed que ya está cerca, a las puertas.
30
Os
aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. 31 El
cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 En
cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo,
sino sólo el Padre.
Orientaciones para la lectura
Explicación
del texto:
El evangelio del Domingo XXXIII
del tiempo ordinario está tomado del discurso escatológico de Jesús
que, en Marcos, ocupa todo el capitulo 13. Si leemos el capítulo entero,
veremos que su estilo es apocalíptico y que contiene elementos proféticos
y exhortativos.
Lo
más importante y lo central del capítulo es el anuncio de la venida del
Hijo del hombre (vv. 16-32). Este anuncio está precedido por unas exhortaciones
a la fidelidad en tiempos recios de persecución (vv. 1-23) y va seguido de
otras sobre la vigilancia (vv. 33-37).
Lo
que Marcos pretende es sostener la fidelidad y la perseverancia de la comunidad
cristiana en tiempos difíciles, alentando la esperanza con la fe en la
venida del Hijo del hombre.
Las
imágenes que se utilizan son típicas de la literatura apocalíptica: la figura
del Hijo del hombre tomada del libro de Daniel; los cataclismos, que indican una
pronta intervención de Dios; los ángeles; los símbolos cósmicos (La escena
es grandiosa. El sol «se hará tinieblas», ya no pondrá luz y calor en
el mundo. La luna «no dará su resplandor», se apagará para siempre.
Las estrellas «se irán cayendo del cielo» una detrás de otra. Las
fuerzas de los cielos «temblarán». Este mundo que parece tan seguro,
estable y eterno, se hundirá.). En la apocalíptica, los cataclismos cósmicos
son símbolo de la intervención de Dios en la historia y de su juicio sobre la
humanidad. En esta clave hay que interpretar la venida del Hijo del hombre tal y
como la describe Marcos.
Mientras
el Señor vuelve, sus discípulos deben vivir en actitud de vigilancia y
atención a los signos del paso de Dios por sus vidas y por la historia. La parábola
de la higuera invita precisamente a eso: a velar y discernir los signos de
los tiempos y a vivir en fidelidad a la voluntad de Dios.
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