1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

Acogiendo esta Palabra, podemos preguntarnos de qué modo la mentalidad de Jesús Rey está presente en nuestra vida. Él nos ha dado el ejemplo de lo que significa reinar de modo cristiano (Lc 22, 24-27). También nosotros estamos invitados a dar testimonio de la verdad (2 Jn 2-4), es decir, cumplir siempre en la vida lo que pide la Palabra revelada: conocerse a sí mismo/a (1Jn 1, 8), cumplir sus mandamientos (1Jn 2, 4), amar de modo concreto (1Jn 3, 18). La vida cristiana auténtica es el mejor testimonio de la verdad (3 Jn 3, 4). Es precisamente en ese momento cuando Jesús llega a ser el Rey del mundo, cuando a través de nosotros puede amar y servir.

 

3. Oramos

 

Cada día pedimos con la oración del Padre nuestro que venga su Reino. Hagámoslo hoy con el salmo 72 (71), abrazando con el corazón a todos los que están oprimidos por los poderes de este mundo para que puedan experimentar el amor regio y misericordioso de Jesús.

 

Dios mío, confía tu juicio al rey,

tu justicia al hijo de reyes,

para que rija a tu pueblo con justicia,

a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,

y los collados, justicia;

que él defienda a los humildes del pueblo,

socorra a los hijos del pobre

y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,

como la luna, de edad en edad;

que baje como lluvia sobre el césped,

como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia

y la paz hasta que falte la luna;

que domine de mar a mar,

del Gran Río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;

que sus enemigos muerdan el polvo;

que los reyes de Tarsis y de las islas

le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia

le ofrezcan sus dones;

que se postren ante él todos los reyes,

y que todos los pueblos le sirvan.

Él librará al pobre que clamaba,

al afligido que no tenía protector;

él se apiadará del pobre y del indigente,

y salvará la vida de los pobres;

él rescatará sus vidas de la violencia,

su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;

que recen por él continuamente

y li bendigan todo el día.  

 

 

Que haya trigo abundante en los campos,

y susurre en lo alto de los montes;

que den fruto como el Líbano,

y broten las espigas 

como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,

y su fama dure como el sol;

que él sea la bendición 

de todos los pueblos,

y lo proclamen dichoso 

todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

el único que hace maravillas;

bendito por siempre su nombre glorioso;

que su nombre llene la tierra.

¡Amén, amén! 

 

 

 

 

 

 

Judyta Pudelko, pddm (Polonia)