Acogiendo esta Palabra, podemos preguntarnos de qué modo la mentalidad de Jesús Rey está presente en nuestra vida. Él nos ha dado el ejemplo de lo que significa reinar de modo cristiano (Lc 22, 24-27). También nosotros estamos invitados a dar testimonio de la verdad (2 Jn 2-4), es decir, cumplir siempre en la vida lo que pide la Palabra revelada: conocerse a sí mismo/a (1Jn 1, 8), cumplir sus mandamientos (1Jn 2, 4), amar de modo concreto (1Jn 3, 18). La vida cristiana auténtica es el mejor testimonio de la verdad (3 Jn 3, 4). Es precisamente en ese momento cuando Jesús llega a ser el Rey del mundo, cuando a través de nosotros puede amar y servir.
Cada día pedimos con la oración del Padre nuestro que venga su Reino. Hagámoslo hoy con el salmo 72 (71), abrazando con el corazón a todos los que están oprimidos por los poderes de este mundo para que puedan experimentar el amor regio y misericordioso de Jesús.
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Dios
mío, confía tu juicio al rey, tu
justicia al hijo de reyes, para
que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. Que
los montes traigan paz, y
los collados, justicia; que
él defienda a los humildes del pueblo, socorra
a los hijos del pobre y quebrante al explotador. Que
dure tanto como el sol, como
la luna, de edad en edad; que
baje como lluvia sobre el césped, como llovizna que empapa la tierra. Que
en sus días florezca la justicia y
la paz hasta que falte la luna; que
domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. Que
en su presencia se inclinen sus rivales; que
sus enemigos muerdan el polvo; que
los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Que
los reyes de Saba y de Arabia le
ofrezcan sus dones; que
se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan. Él
librará al pobre que clamaba, al
afligido que no tenía protector; él
se apiadará del pobre y del indigente, y
salvará la vida de los pobres; él
rescatará sus vidas de la violencia, su sangre será preciosa a sus ojos. Que
viva y que le traigan el oro de Saba; que
recen por él continuamente y
li bendigan todo el día. |
Que
haya trigo abundante en los campos, y
susurre en lo alto de los montes; que
den fruto como el Líbano, y broten las espigas como
hierba del campo. Que
su nombre sea eterno, y
su fama dure como el sol; que él sea la bendición de
todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. Bendito
sea el Señor, Dios de Israel, el
único que hace maravillas; bendito
por siempre su nombre glorioso; que
su nombre llene la tierra. ¡Amén, amén!
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Judyta Pudelko, pddm (Polonia)