Poniendo
nuestros ojos en la persona de Juan, vamos a descubrir cómo podemos preparar la
venida del Señor en este tiempo de Adviento. Os sugerimos los siguientes
interrogantes:
¿Cómo contestaría si alguien me preguntara quién soy? ¿Me conozco a mí
mismo?
¿Cuáles son mis límites, dones y fuerzas? ¿Qué parte de mi persona o de mi
vida necesito allanar en estos días? ¿Por qué tengo que allanarla?
¿Reconozco que, como Juan, soy enviado también por Dios? ¿Soy consciente de
la misión que Dios me pide realizar aquí y ahora?
¿Qué quiere decir para mí “ser testigo”? ¿Cómo puedo ser testigo de la
luz?
De
la vida de Juan, podemos destacar que ser testigo es ser luz, una luz
para los demás, para que se conviertan, para preparar el camino del Señor. Sin
embargo, en la vida cotidiana, experimentamos que hay muchas maneras de ser
testigo. Una de estas formas la encontramos en las palabras de un sacerdote
comboniano, Ismael Piñón, publicadas no hace mucho en una revista misionera.
Según este misionero, “anunciar el Evangelio consiste no tanto en hablar o
predicar, sino en estar, en estar con la gente. En compartir con ellos
sus alegrías y sus penas. En no tener prisas si no hay muchos bautismos porque,
al fin y al cabo, es el Espíritu el que entra en el corazón de las personas y
las convierte.”
Este
testimonio del padre Ismael me ha dado “luz” para caer en la cuenta de que ser
testigo no consiste sólo en predicar (sin negar la importancia y valor de
los predicadores), sino en estar, en compartir mi “presencia” con los
demás. Me he dado cuenta de que la gente, hoy día, no necesita tantas
palabras, sino más bien obras que les ayuden a sentir que no están solas, que
alguien está con ellas. Lo que más cuenta es “perder el tiempo”, el tiempo
que entregas para “escuchar”, sobre todo cuando alguien lo necesita. Por
consiguiente, su testimonio me hace considerar cómo es mi presencia entre
las personas con quienes vivo. Me pregunto cómo y cuándo estoy con ellas
verdaderamente. ¿Es mi presencia un testimonio de la luz para ellas? ¿Doy
gracia y alegría? ¿Doy importancia a perder tiempo con ellas o
prefiero, habitualmente, estar delante de mi ordenador o de la televisión?
Ser
testigo de la luz, de la venida de nuestro Señor, no es tanto hacer cosas
extraordinarias. Más bien es hacer cosas sencillas, como escuchar a la persona
que sufre a tu lado, dar una mano a tu prójimo que no tiene a quien acudir con
sus problemas y luchas. O quizás, es comprender a alguien que no hace nada
bueno (según tu criterio) para ti ni para los demás.
Hay muchas maneras de ser testigo, de ser una presencia de la venida del Señor en medio de nosotros. Cada uno tiene esta misión. Cada uno tiene dones para compartir. Sólo que, a veces, es necesario “allanar” nuestra ceguera, nuestros miedos, nuestra sordera a la voz que nos llama en medio del desierto de nuestra vida. ¡Que la persona de Juan Bautista nos ayude a abrir los ojos para que podamos ver la LUZ y ser verdaderos testigos de su resplandor en medio del mundo y de la vida!
Señor, sé que me has llamado,
que me has enviado a ser tu testigo.
Pero, a veces, hay muchas cosas
que me impiden compartir
los dones que me has dado:
situaciones, personas, e incluso a mí mismo.
¡Cuántas
veces he tenido que luchar contra mis miedos,
mis
debilidades y límites!
¡Cuántas
veces he experimentado persecuciones
e
incomprensiones!
¡Cuántas
veces me he sentido realmente solo,
abandonado
en medio de luchas y dificultades!
No
es nada fácil ser un testigo de la LUZ.
Muchas
veces he sentido
que
la luz que había dentro de mí se estaba apagando
y
que no podía continuar ya más la jornada.
Pero
sé también que Tú nunca me has dejado solo
que
siempre has sido mi luz,
y
que nunca te has olvidado
de
enviarme personas
que
pudieran encender otra vez la luz de mi fe,
de
mi ánimo y mi confianza en ti.
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Por
eso, te doy gracias, Señor,
por
haberme llamado a ser tu testigo,
por
estar siempre conmigo,
por
ser mi luz en esta jornada de mi vida.
Con
mis manos unidas en oración
y
abiertas para darse, sigo rezando:
¡Qué
seas nuestra LUZ
para que seamos TU LUZ verdadera para los demás!
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Cecilia Payawal, pddm (Filipinas)