Invocación inicial - leemos - meditamos - oramos
Envíame, Señor, tu Espíritu.
Que Él me vista de Fortaleza y de Luz.
Desde la oscuridad de mi entendimiento humano,
demasiado pequeño para entender Tus cosas,
te suplico, Señor, que tu Santo Espíritu
sea mi Luz.
Envíame, Señor, tu Espíritu.
Que Él me vista de Fortaleza y de Luz.
Desde la duda de mi corazón vacilante,
tan débil y temeroso, a veces,
que apenas puede balbucir un testimonio convincente de su fe,
aguardo anhelante, Señor, que tu Santo Espíritu
fortalezca mis pies para seguir a Jesús Resucitado,
y haga firme mi voz y mis manos
para anunciarlo, en la alegría,
con palabras y gestos cotidianos.
Envíame, Señor, tu Espíritu.
Que Él me vista de Fortaleza y de Luz.
35En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
36Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice:
- Paz a vosotros.
37Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma.
38Él les dijo:
- ¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? 39Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.
40Dicho esto, les mostró las manos y los pies. 41Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
- ¿Tenéis ahí algo que comer?
42Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. 43 Él lo tomó y comió delante de ellos. 44Y les dijo:
- Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.
45Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. 46Y añadió:
- Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, 47y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. 48Vosotros sois testigos de esto.
Orientaciones para la lectura
La lectura del tercer domingo de Pascua sigue profundizando en el sentido del Misterio Pascual para nosotros. Mientras repite algunos elementos de las otras narraciones de resurrección, subraya también otros, importantes cuando reflexionamos sobre nuestra fe en la resurrección.
Mientras
estaban hablando…(Lc 24, 36-43). Hay elementos semejantes que conectan
esta perícopa a la anterior, la conocida narración de Emaús: la aparición física
de Jesús resucitado y la falta de reconocimiento en varios discípulos. Pero
difieren en que, mientras en la narración de Emaús Jesús resucitado
desaparece tras ser reconocido por los dos discípulos, en ésta afronta su duda
y su miedo. Se les aproxima más y les invita a utilizar sus sentidos para
comprobar, e incluso tocarle, y ver por sí mismos que es el mismo que habían
conocido (cfr. Jn 20, 24-29 como texto paralelo). Por fin, para conquistar su
desconfianza, repitió un hecho familiar: comió delante de ellos y con ellos.
Al evangelio de Lucas se le conoce por las comidas de Jesús con sus discípulos
y otra gente. Por esto el “signo” de comer es también signo de continuidad
entre el Jesús conocido por los discípulos durante su ministerio y el Jesús
ahora resucitado de entre los muertos.
Les
dijo: “Éstas
son mis palabras, las que os dije cuando estaba todavía con vosotros…”(vv.
44-48). Tras calmar sus miedos y convencerles de la verdad de su presencia,
comienza Jesús a apelar a la comprensión de los discípulos: “les
abrió las mentes para comprender las Escrituras…” Hay parecido hasta en
el detalle con la narración de Emaús, donde Jesús les explicó el sentido de
los sucesos de su vida y su muerte, a la luz de las profecías de la Escritura
(cfr.: Lc 24, 26s). Esta comprensión nueva se convierte en la base de la
proclamación de los discípulos “empezando
desde Jerusalem”, llamándoles a ser testigos del Señor crucificado y
resucitado, tras haber sido revestidos
con poder desde lo alto, es decir, el Espíritu Santo que vendrá en su
momento para acompañarles en su
compromiso por continuar la misión de Jesús.
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