1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

      

    

Los profeta y el Señor Jesús insisten en que el verdadero culto a Dios es la justicia y no nuestras liturgias vacías y nuestros sacrificios rituales, las “promesas” y los “votos” que hacemos a Dios. Lee Isaías 1,11-17 y Miqueas 6,6-8.

 

Isaías 1,11-17

Miqueas 6,6-8

¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? (...)

¿Por qué entráis a visitarme?

¿Quién pide algo de vuestras manos cuando pisáis mis atrios?

No me traigáis más dones vacíos,

más incienso execrable.

Novilunios, sábados, asambleas,

no los aguanto.

Vuestras solemnidades y fiestas

las detesto; ...

Cuando extendéis las manos,

cierro los ojos;

aunque multipliquéis las plegarias,

no os escucharé.

Vuestras manos están llenas de sangre.

Lavaos, purificaos,

apartad de mi vista vuestras malas acciones:

cesad de obrar mal,

aprended a obrar bien;

buscad la justicia,

defended al oprimido;

sed abogados del huérfano,

defensores de la viuda.

¿Con qué me acercaré al Señor,

me inclinaré ante el Dios de las alturas?

¿Me acercaré con holocaustos,

con novillos de un año?

¿Se complacerá el Señor

en un millar de carneros,

o en diez mil arroyos de grasa?

¿Le daré un primogénito para expiar mi culpa,

el fruto de mi vientre para expiar mi pecado?

Te ha explicado, hombre, el bien,

lo que Dios desea de ti:

simplemente que respetes el derecho,

que ames la misericordia,

y que camines humildemente con tu Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1. ¿Qué piensas de las palabras de los profetas?

2. ¿De qué modo podemos hacer que nuestra liturgia y nuestro culto sea vivo y verdadero, y nuestra vida cotidiana sea, toda ella, un culto a Dios?

  En el capítulo 4 del evangelio de Juan, Jesús dice que ya no hemos de adorar “en este monte o en aquel”, en esta ermita o en aquel santuario, sino “en espíritu y verdad”. Los verdaderos santuarios de Dios somos las personas porque la Trinidad nos habita. Pablo dice, en 1 Cor 6,19, que somos templo del Espíritu Santo.

1. ¿Cómo vives esta realidad?

2. ¿Sitúas a las personas por encima de las cosas, por “sagradas” que éstas sean? 

3. Mira nuestro mundo: ¿qué situaciones descubres en las que "la Casa del Padre" (las personas) es profanada y convertida en un mercado?

4. ¿Cuidas, en ti, esa presencia de Dios que te habita?

 

3. Oramos

 

  Contempla, durante un rato, de cerca y en silencio, la imagen de Cristo Crucificado. Repite, al ritmo de tu respiración, con fe y gratitud: “Pero Él hablaba del templo de su cuerpo”. 

  Pídele al Señor que te ayude a unir culto y vida: que la Eucaristía y la oración diaria o dominical se exprese en actitudes de amor al prójimo, servicialidad, amabilidad, generosidad, perdón... 

  Puedes terminar rezando el Salmo 15, un salmo que expresa que los deberes éticos hacia el prójimo son la condición necesaria para “hospedarse en su tienda”, es decir, para permanecer unidos a Dios.

1 Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda,

quién habitará en tu monte santo?

 

2 El de conducta intachable

y el que practica la justicia;

 

3 el que dice la verdad sinceramente

y no calumnia con su lengua;

el que no hace mal a su prójimo

y no difama a su vecino;

4b el que no retracta lo que juró

aun en daño propio;

 

5 el que no presta dinero a usura

y no acepta soborno contra el inocente.

 

6 El que así obra nunca fallará.

 

 

 

 

 

 

Mª concepción López, pddm (España)