Los profeta y el Señor Jesús insisten en que el verdadero culto a Dios es
la justicia y no nuestras liturgias vacías y nuestros sacrificios rituales,
las “promesas” y los “votos” que hacemos a Dios. Lee Isaías 1,11-17 y
Miqueas 6,6-8.
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Isaías 1,11-17 |
Miqueas 6,6-8 |
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¿Qué
me importa el número de vuestros sacrificios? (...) ¿Por
qué entráis a visitarme? ¿Quién
pide algo de vuestras manos cuando pisáis mis atrios? No
me traigáis más dones vacíos, más
incienso execrable. Novilunios,
sábados, asambleas, no
los aguanto. Vuestras
solemnidades y fiestas las
detesto; ... Cuando
extendéis las manos, cierro
los ojos; aunque
multipliquéis las plegarias, no
os escucharé. Vuestras
manos están llenas de sangre. Lavaos,
purificaos, apartad
de mi vista vuestras malas acciones: cesad
de obrar mal, aprended
a obrar bien; buscad
la justicia, defended
al oprimido; sed
abogados del huérfano, defensores de la viuda. |
¿Con
qué me acercaré al Señor, me
inclinaré ante el Dios de las alturas? ¿Me
acercaré con holocaustos, con
novillos de un año? ¿Se
complacerá el Señor en
un millar de carneros, o
en diez mil arroyos de grasa? ¿Le
daré un primogénito para expiar mi culpa, el
fruto de mi vientre para expiar mi pecado? Te
ha explicado, hombre, el bien, lo
que Dios desea de ti: simplemente
que respetes el derecho, que
ames la misericordia, y que camines humildemente con tu Dios.
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1.
¿Qué piensas de las palabras de los profetas?
2.
¿De qué modo podemos hacer que nuestra liturgia y nuestro culto sea vivo y
verdadero, y nuestra vida cotidiana sea, toda ella, un culto a Dios?
En el capítulo
4 del evangelio de Juan, Jesús dice que ya no hemos de adorar “en este monte
o en aquel”, en esta ermita o en aquel santuario, sino “en espíritu y
verdad”. Los verdaderos santuarios de Dios somos las personas porque la
Trinidad nos habita. Pablo dice, en 1 Cor 6,19, que somos templo del Espíritu
Santo.
1.
¿Cómo vives esta realidad?
2. ¿Sitúas a las personas por encima de las cosas, por “sagradas” que éstas sean?
3.
Mira nuestro mundo: ¿qué situaciones descubres en las que "la Casa del
Padre" (las personas) es profanada y convertida en un mercado?
4.
¿Cuidas, en ti, esa presencia de Dios que te habita?
Contempla,
durante un rato, de cerca y en silencio, la imagen de Cristo Crucificado.
Repite, al ritmo de tu respiración, con fe y gratitud: “Pero Él hablaba
del templo de su cuerpo”.
Pídele
al Señor que te ayude a unir culto y vida: que la Eucaristía y la oración
diaria o dominical se exprese en actitudes de amor al prójimo, servicialidad,
amabilidad, generosidad, perdón...
Puedes
terminar rezando el Salmo 15, un salmo que expresa que los deberes éticos
hacia el prójimo son la condición necesaria para “hospedarse en su tienda”,
es decir, para permanecer unidos a Dios.
1
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda,
quién
habitará en tu monte santo?
2
El
de conducta intachable
y
el que practica la justicia;
3
el
que dice la verdad sinceramente
y
no calumnia con su lengua;
el
que no hace mal a su prójimo
y no difama a su vecino;
4b
el
que no retracta lo que juró
aun
en daño propio;
5
el
que no presta dinero a usura
y
no acepta soborno contra el inocente.
6 El que así obra nunca fallará.
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Mª concepción López, pddm (España)