1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

  

 

        Cuando pensamos el desastre que hemos hecho del mundo, esta hermosa creación regalada por Dios, casi resulta increíble que Dios pudiera todavía interesarse por nosotros y salvarnos. Las noticias diarias nos traen escenas de terror no sólo en regiones remotas o lugares desconocidos, sino en la misma tierra donde Jesús vivió y viajó, donde se ofreció a sí mismo por la salvación de todos. Cuando oigo las noticias sobre la situación actual de Palestina (marzo de 2003), el locutor dice: “la ciudad de Gaza huele a edificios quemados, cuerpos quemados, gente aterrorizada por cientos de tanques israelíes, gente que no puede dormir de miedo…” Realidades horrorosas mientras el mundo espera, con el aliento contenido, el desenlace de la guerra terrible iniciada en Irak.

        Y, sin embargo, lo real es: “Dios amó tanto al mundo que envió a su único Hijo…” Esto sucedió y continúa sucediendo. El misterio Pascual, la muerte y resurrección de Cristo, sucesos ligados al amor misterioso y sin límites del Padre a nosotros, empapa la experiencia de nuestra vida, incluso ahora, a pesar de todas las apariencias que parecen contradecirlo.

        Sin embargo “así amó Dios al mundo que le envió a su Hijo único” no es sólo una expresión de fe, sino también un reto para nosotros, los cristianos. ¿Estamos dispuestos a creer en este amor incondicional de Dios hasta el punto de dejarle dirigir o enderezar nuestras vidas? ¿estamos dispuestos a escoger la senda de la luz (Jn 3, 21) como consecuencia de nuestra fe en Jesús, conociendo bien y profundamente que, al hacer así, y cualquiera que sea el sufrimiento que esta decisión nos traiga, nunca quedaremos fuera del abrazo amoroso de nuestro Dios?

 

3. Oramos

 

A. Oremos con las palabras de la segunda lectura (Efes 2, 4-10) y contemplemos con S. Pablo la profundidad del amor de Dios a nosotros.

 

Pero Dios, rico en misericordia, por el mucho amor con que nos amó, estando  nosotros  muertos  por  las  caídas,  nos  convivificó con  Cristo  –habéis sido salvados gratuitamente- nos conresucitó con él y nos sentó junto a Cristo Jesús  en los cielos, para que se muestre en los tiempos venideros la superabundante riqueza de su don en beneficio nuestro, en Cristo Jesús. Pues por un  don habéis sido salvados por medio de la fe; y no viene esto de vosotros, es regalo de Dios; no de obras, para que nadie se gloríe. Pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús, para obras buenas, las que nos preparó Dios, para que caminemos en ellas.

 

 

B. Oración personal

 

Dios, siempre amoroso y compasivo,

Yo creo en tu amor incondicional a mí.

 

Y yo creo que me llamas a compartir el mismo amor incondicional a todos.

Que yo entre profundamente en el misterio de tu amor a nosotros,

que mi pasión pueda practicar el mismo amor creativo y responsable

que movió a tu Hijo Jesús a ofrecerse por amor a mí, por amor a nosotros.

Que el mismo espíritu de amor empape mi vida diaria,

toda interacción humana,

mi relación contigo,

Dios de amor y misterio.

Te lo pido en nombre de Jesús.

Amén.

 

 

 

 

 

 

Gemma Victorinio, pddm (Filipinas)