Lectura orante

Juan 10,11-18

Invocación inicial - leemos - meditamos - oramos

 

 

«Yo soy el Buen Pastor»

 

Oración para disponer el corazón

 

Cae en la cuenta de cómo estás: si tienes hambre de algo

en tu vida, si te sientes orientado/a o perdido/a,

si sabes ver la Presencia amorosa y providente de Dios

en cada persona o acontecimiento, o andas agobiado/a y disperso/a 

"como una oveja sin pastor".

 

Pregúntate qué voces escuchas, a dónde te orientan,

y si sabes oír los reclamos de Dios,

que desea conducirte 

por un camino de libertad y Evangelio.

 

Pídele al Espíritu que venga sobre ti

y te guíe hacia la verdad plena de ti mismo,

de tu Dios y de la vida que quieres vivir.

 

1. Leemos el evangelio de Juan 10,11-18

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

- 11Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da la vida por las ovejas; 12el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; 13y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

        14Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, 15igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

       16 Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. 17Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. 18Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido del Padre.

 

 

  Orientaciones para la lectura 

 

Para una lectura atenta

        Podemos comenzar nuestra lectura orante del evangelio, fijándonos en las imágenes que Jesús utiliza para hablar de sí mismo, de sus discípulos y de otros personajes que trataremos de identificar:

- El buen pastor

- Las ovejas

- El asalariado

- El lobo

- Otras ovejas

¿Qué hace cada uno de estos personajes? ¿Con quién o con quiénes los identificas? Fíjate en los verbos que se refieren a sus acciones y relaciones:

El buen pastor El asalariado Las ovejas Otras ovejas El lobo

- Da su vida por las ovejas

- Le pertenecen

- Quiere que tengan vida abundante

- Las conoce

- Las conduce

- Las congrega y las une

- Las abandona y huye

- No le pertenecen

- No le importan nada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

- Conocen al pastor

- Lo escuchan y lo siguen

 

 

 

 

 

 

- Le escucharán y se dejarán conducir

- Las apresa y las devora

 

 

 

 

 

 

 

- Las dispersa

En el Antiguo Testamento hay muchos textos que hablan de Dios como "Pastor" de su pueblo. ¿Recuerdas alguno? ¿Hay semejanzas entre ese modelo de "Pastor" y el que Jesús propone?

Una posible lectura

La imagen del pastor empleada por Jesús para referirse a sí mismo en los evangelios era una imagen muy familiar para los judíos de su tiempo, oriundos de un país mediterráneo agrícola y ganadero. Los pastores, con sus rebaños de ovejas y cabras, o con sus vacadas, formaban parte esencial del paisaje de Palestina, en tiempos de Jesús. 

        Conocemos la forma de hablar de Jesús: una forma cercana y sencilla para que todos pudieran entenderle. Jesús trazaba historias con retazos de la vida cotidiana, episodios domésticos, actividades ordinarias de amas de casa, pescadores o agricultores: la pequeña levadura que engorda toda la masa, la mujer que barre la casa para encontrar una moneda, el sembrador, que desconoce el misterioso crecimiento de la semilla, el pescador, que selecciona los peces capturados en la red..., y el pastor, el buen pastor que cuida sus ovejas y arriesga su vida por ellas, si es necesario.

        Pero, además, a un buen judío, conocedor de la Escritura, la palabra "pastor" le evocaba, irremediablemente, textos proféticos y salmos, recitados frecuentemente, cuyo protagonista era Dios como único Pastor de su pueblo.

  Por eso, cuando Jesús dice: "Yo soy el buen Pastor" (v. 11), su afirmación trasciende el significado inmediato del término: alguien que apacienta el rebaño, es decir, alguien que cuida de la comunidad de discípulos como líder. Jesús no es sólo eso. El término "pastor" tiene, en boca de Jesús, una connotación mesiánica: Jesús es el cumplimiento definitivo de la promesa de Dios hecha a su pueblo a través del profeta Ezequiel: 

«Yo suscitaré, para ponérselo al frente, un sólo pastor que los apacentará, mi siervo David: él los apacentará y será su pastor» (Ez 34,23)

«Mi siervo David reinará sobre ellos, y será para todos ellos el único Pastor» (Ez 37,24)

        Jesús, descendiente de David, es el mesías-pastor tan deseado por el pueblo. No es un pastor más, como los que Dios suscitó en el pasado para conducir a su pueblo (cf. Nm 27,17-18), sino el pastor-mesías definitivo.

  Y aún, un paso más: Según el evangelista Juan, entre Jesús y el Padre hay una unión tal que Jesús se atreve a usar, para sí mismo, el nombre de Dios: "Yo soy" (cf. Éx 3,14; Jn 4,26; 6,20; 8,24.57). En el evangelio de hoy, es como si Dios mismo estuviese pastoreando a su pueblo y pronunciase, por boca de Jesús, estas palabras de consolación:

«Aquí estoy yo: yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Como un pastor vela por su rebaño, cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas... Yo mismo aparentaré mis ovejas y yo las llevaré a reposar. Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a la enferma...» (Ez 34,11-16a)

        Dios se ha cansado de los malos pastores que se apacientan a sí mismos y dominan con violencia y dureza el rebaño, y lo descuidan y lo dispersan... Por eso, Dios mismo viene a su rebaño en la persona de su Hijo.

  Jesús es, no sólo el buen Pastor, es decir, el pastor auténtico frente a los falsos pastores (dirigentes religiosos a los que no les interesan en absoluto las personas, sino medrar ellos mismos), sino también el Pastor bueno. Tanto Marcos como Mateo nos cuentan que a Jesús se le conmovían las entrañas ante la multitud vejada y abatida, "como ovejas que no tienen pastor", y les enseñaba y les curaba (cf. Mt 14,14; Mc 6,34; Mt 9,36). En el evangelio de hoy, la bondad y el amor del Pastor se expresan en que da la vida por sus ovejas.

 

        Este gesto de DAR LA VIDA ocupa, junto con la imagen del pastor, el centro del evangelio. Jesús lo dice cuatro veces (vv. 11.14.17.18): "yo doy mi vida". Esta afirmación trasciende la imagen de la relación entre un pastor responsable y sus ovejas, y entra en las coordenadas de las relaciones interpersonales: "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos" (Jn 15,13). El buen Pastor, muriendo por todos, es la prueba viva de que Dios nos ama (cf. Rom 5,8).

 

  El texto de hoy habla indirectamente de alianza al hablar de "pertenencia" (las ovejas "no pertenecen" al asalariado, sino al buen pastor). Recordemos que la fórmula de la alianza, en el Antiguo Testamento, no hacía sino expresar una pertenencia mutua de Dios al pueblo y del pueblo a Dios: "Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios" (Ez 36,28; cf. Dt 29,12; Am 2,25; Jr 31,33; 2 Sam 7,24; Zac 8,8...).

 

        La Nueva Alianza que Jesús, Pastor bueno, establece con el nuevo pueblo representado en los discípulos es mucho más íntima y profunda que la Alianza Antigua, puesto que ha sido sellada por su propia sangre derramada. Pertenecemos a Jesús porque hemos sido comprados a caro precio (cf. 1 Co 6,19-20; 1 Pe 1,18-19), y le conocemos como él conoce a su Abbá.

 

        Es sorprendente que Jesús ponga en paralelismo el conocimiento que sus discípulos tienen de Él y el conocimiento que Él tiene del Padre (recordemos que "conocer", en la Biblia, es entrar en comunión íntima). Jesús podía decir: "El que me ha visto a mí ha visto al Padre" (Jn 14,7). Sin embargo, aunque los discípulos/as estemos llamados/as a reproducir la imagen del Hijo (Rom 8,29), ninguno/a nos atreveríamos a decir, seguramente: "Quien me ve a mí ve a Jesús". Pero eso es lo que Jesús afirma: "... mis ovejas me conocen", es decir, tienen una profunda comunión conmigo, como yo la tengo con el Padre.

 

  Finalmente, Jesús habla de "otras ovejas" que no pertenecen al redil de Israel, para las que también llegará a ser Pastor. La buena noticia se extiende, por tanto, no sólo a los discípulos provenientes del judaísmo sino también a los paganos. Todos, judíos y gentiles (de los cuales formamos parte nosotros), estamos llamados a dejarnos conducir por el único Pastor, el único cuyo Nombre, bajo el cielo, es capaz de salvarnos (Hch 4,12).

 

Textos paralelos

 

Si te ayuda, puedes leer, despacio, saboreándolos, casi "respirándolos", los siguientes textos:

«[Jacob] bendijo a José diciendo: "El Dios en cuya presencia anduvieron mis Padres Abraham e Isaac, el Dios que ha sido mi pastor desde que existo hasta el presente... bendiga a estos muchachos..."» (Gén 28,15)

«El Señor es mi Pastor, nada me falta» (Sal 23,1)

«Salva a tu pueblo, bendice tu heredad, pastoréalos y llévalos por siempre» (Sal 28,9)

«Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como un rebaño, tú que te sientas sobre querubines, resplandece ante Efraím, Benjamín y Manasés; despierta tu poder y ven a salvarnos» (Sal 80,2-3)

«Como pastor, pastorea su rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y trata con cuidado a las paridas» (Is 40,11)

«Os pondré pastores según mi corazón

que os den pasto de conocimiento y prudencia» (Jr 3,15)

«La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza. Dirás a los pastores: Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de los pastores que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño? Vosotros os habéis tomado la leche, os habéis vestido con la lana, habéis sacrificado las ovejas más pingües, no habéis apacentado el rebaño.

     No habéis fortalecido a las ovejas débiles, no habéis cuidado a la enferma ni curado a la que estaba herida, no habéis tornado a la descarriada ni buscado a la perdida; sino que las habéis dominado con violencia y dureza.

     Y ellas se han dispersado, por falta de pastor, y se han convertido en presa de todas las fieras del campo; andan dispersas. Mi rebaño anda errante por todos los montes y altos collados; mi rebaño anda disperso por toda la superficie de la tierra, sin que nadie se ocupe de él ni salga en su busca.

     Por eso, pastores, escuchad la palabra de Yahveh: Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, lo juro: Porque mi rebaño ha sido expuesto al pillaje y se ha hecho pasto de todas las fieras del campo por falta de pastor, porque mis pastores no se ocupan de mi rebaño, porque ellos, los pastores, se apacientan a sí mismos y no apacientan mi rebaño; por eso, pastores, escuchad la palabra de Yahveh.

     Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo contra los pastores: reclamaré mi rebaño de sus manos y les quitaré de apacentar mi rebaño. Así los pastores no volverán a apacentarse a sí mismos. Yo arrancaré mis ovejas de su boca, y no serán más su presa.

     Porque así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Como un pastor vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas. Las sacaré de en medio de los pueblos, las reuniré de los países, y las llevaré de nuevo a su suelo. Las pastorearé por los montes de Israel, por los barrancos y por todos los poblados de esta tierra.

     Las apacentaré en buenos pastos, y su majada estará en los montes de la excelsa Israel. Allí reposarán en buena majada; y pacerán pingües pastos por los montes de Israel. Yo mismo apacentaré mis ovejas y yo las llevaré a reposar, oráculo del Señor Yahveh. Buscaré la oveja perdida, tornaré a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a la enferma» (Ez 34,1-16a)

«Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9,36)

«Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas« (Mc 6,34)

«Entonces les dice Jesús: "Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque está escrito: heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño"» (Mt 26,31)

«Erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras almas» (1 Pe 2,25)

 

 

 

        

 

meditamos - oramos

 

 

 

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