He de reconocer que experimento cierta resistencia a la imagen de Jesús como "pastor", porque la imagen del rebaño es totalmente "gregaria" y pasiva. Los miembros del rebaño van donde los llevan, no tienen autonomía ni libertad, no tienen iniciativa propia ni piensan por sí mismos. Esta metáfora no causaba reticencia alguna en el pueblo judío, cuyos miembros tenían escasa conciencia de su autonomía e individualidad y, por el contrario, un fuerte sentimiento comunitario, hasta el punto de perderse, a veces, en lo gregario. En nuestras sociedades modernas, nuestro problema es el contrario: nos cuesta crear vínculos comunitarios, adquirir conciencia de grupo o de pueblo, mientras prima la exaltación del individualismo y la independencia.
Por otra parte, rechazo un modelo de Iglesia en el que los "pastores" se erigen en guías de un "rebaño" que parece no contar con la asistencia del Espíritu Santo ni con la inteligencia de la fe. Es un modelo jerarquizado y piramidal de superiores y súbditos, no de hermanos, que poco tiene que ver con el Evangelio. Me resisto, por tanto, a hablar de "pastores" y "pastoras" (que también las hay en las comunidades cristianas, de diversas formas), como me resisto a llamar "padre" o "director" a persona alguna (en nuestro contexto, muchos presbíteros gustan de ser llamados "padre", amén de los "directores espirituales"...), porque sólo uno es el Pastor, sólo uno, el Padre, y sólo uno, el Maestro y Director (cf. Mt 23,8-11).
Entonces, ¿cuál es la Buena Noticia que este evangelio me trae? La metáfora del pastor, en Jn 10, se centra en el amor abnegado del Pastor, y en su relación íntima con las ovejas:
- las conoce profundamente (vv.14-15),
- las llama una a una (v.3),
- va delante de ellas y ellas le siguen (verbos que se refieren al discipulado: cf. Mc 1,18; 8,34; Jn 1,43...), le escuchan y conocen su voz (v.4),
- ha venido para que tengan vida en abundancia (v.10),
- y da su vida por ellas, porque ellas son suyas: le importan y le pertenecen desde el amor, no desde la posesión.
Este Pastor es extraño: se parece a un novio que seduce con su voz (vv.3.16; cf. Cant 1,7; 2,8-16; 5,2; 6,2-3); se parece a un siervo que está al servicio de la vida de sus ovejas, procurándoles el alimento que les dará vida abundante. Su único cayado es la cruz, a la que subió por amor a nosotros, y desde la que atrae a todos hacia sí.
Un Pastor así sólo puede despertar en mí el agradecimiento, el amor y el deseo de escuchar y dejarme conducir, enseñar (Mc 6,34) y curar (Mt. 14,14).
El evangelio de hoy suscita también, en mí, una consideración, un deseo y una súplica: puesto que es inevitable que haya "pastores" en nuestra Iglesia, pido al Señor Jesús que sean "pastores conforme a su corazón", como dice el profeta Jeremías:
«Os pondré pastores según mi corazón
que os den pasto de conocimiento y prudencia» (Jr 3,15)
C) El día de Jesús, buen Pastor, es el día que la Iglesia dedica especialmente a orar por las vocaciones. Este año, el lema de la jornada es: «Y tú, ¿a quién sirves?». Proponemos la oración que el beato Santiago Alberione, fundador de la Familia Paulina, compuso esta intención. Oración por las vocaciones.
Señor Jesús: ningún otro Nombre hay, bajo el cielo,
capaz de salvarnos,
ningún otro Pastor que nos conduzca
a la vida que anhelamos.
Yo te alabo, te doy gracias,
te amo y te pido perdón,
por escuchar las voces de falsos pastores
que no buscan mi bien, sino mi muerte,
arrastrándome hacia lo que no da vida.
Pastor Bueno, atráeme con el cayado de tu cruz,
de la que colgaste por amor a nosotros.
Condúceme con tu voz firme y suave,
y con tus Palabras de Verdad,
y congrégame a la comunión de los hijos de Dios,
en fraternidad, libertad y gozo.
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El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por veredas de justicia, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. |
Jesús Maestro, tú dijiste: "La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos". Acogemos con amor tu invitación: "Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies" (Mt 9,37-38).
Suscita un amplio movimiento vocacional: "Todos los creyentes, por todas las vocaciones". Que aumente el número de sacerdotes. Que sean sal de la tierra, luz del mundo, ciudad situada en lo alto del monte, para la salvación de la humanidad, redimida por tu sangre.
Que aumente el número de consagrados. Que llenen la tierra de institutos y comunidades que acojan a tus elegidos, que sean hogares de luz y calor, manantiales de espiritualidad y viveros de santos donde se cante: "Gloria a Dios y paz a los hombres que ama el Señor".
María, la elegida de Dios, madre y protectora de las vocaciones, ruega con nosotros, por nosotros y por todos los llamados. Amén.
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Mª Concepción López, pddm (España)