El día 27 de abril de 2003, estuve presente en la beatificación de nuestro fundador, el padre Santiago Alberione (fundador de la Familia Paulina) en la Plaza San Pedro en Roma. Mientras miraba a la gente, sobre todo a los miembros de la Familia Paulina, sentía una mezcla de emociones de gozo y maravilla al ver que, en ese momento, se estaba produciendo el mejor milagro: los miles de personas presentes allí, que siguen los ejemplos del padre Alberione, sobre todo su manera de seguir a Cristo y su deseo de amar y servir a los demás a través de los medios de la comunicación social. Me sentía maravillada y me pregunté: ¿Cómo ha sido posible que el padre Alberione haya atraído a tanta gente? Un miembro de la Familia Paulina con quien compartí esta pregunta me contestó: “No es el padre Alberione quien nos ha atraído, sino Jesús, el Maestro, el Cristo Resucitado". Creo que tiene razón. Porque recordando la historia de mi vocación a la vida religiosa, no fue el padre Alberione quien me dio la fuerza de decir que "sí" a la llamada a la misión. Creo que fue la voz del Señor resucitado que me decía: “Te llamo. Te amo. Comparte este amor. Permanece en mí...”.
Durante la celebración de la beatificación del padre Alberione, descubrí el secreto de este gran beato para poder cumplir la misión que el Señor le entregó: permanecer en el Señor. Leyendo su vida, descubrimos que es un hombre que de verdad permanecía siempre en el Señor, tanto en su vida de oración como en su vida apostólica o activa. Dicen que, a veces, se encerraba en su habitación, en oración y ayuno. Y, cuando salía, siempre tenía nuevas iniciativas apostólicas que realizar. Alberione tenía una gran fe en el Señor, no sólo para su vida personal sino también para la misión de proclamar a todo el mundo a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida.
Mientras rezaba con el evangelio de este domingo, no podía evitar recordar esta experiencia. Y otra vez me preguntaba: ¿Cómo ha sido posible que tanta gente siga las huellas del padre Alberione en la vida de seguimiento de Cristo? La alegoría de la vid verdadera me dio la respuesta: «Permanece en mí...Quédate conmigo y me quedaré contigo».
Alberione permaneció en el Señor. Por lo tanto, la gente vio, no tanto su persona, sino la presencia del Señor en él. Esa presencia es la que les atrae a amar, a servir a los demás.
En tu vida, ¿puedes afirmar que el Señor es tu vid verdadera y tú eres su sarmiento? ¿Permaneces en él? ¿Cuáles son los frutos que puedes presentar al Señor? ¿Qué tienes que podar en ti para que puedas dar más frutos de amor?
PERMANECE EN MÍ

A
veces Señor,
veo
imposible hacer muchas cosas.
Quiero
cumplir la misión que me has entregado,
pero
me siento incapaz.
Por
eso te pido:
Permanece
en mí...
¡Tantas
veces detienen mis pasos
mis
miedos, limitaciones y debilidades...!
Por
eso te pido:
Permanece
en mí...
Querría
estar contigo siempre,
pero
mi fe, en ocasiones, se hunde,
la
luz de mi confianza se oscurece
y
no tengo bastante fuerza de seguir.
Por
eso te pido:
Permanece
en mí...
Al
final, me quedo en silencio,
te
escucho y me dices:
“Siempre
estoy contigo,
y
lo único que te pido es:
Permanece
en mí... Quédate conmigo
y me quedaré en ti”.
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Cecilia Payawal, pddm (Filipinas)