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Oración para disponer el corazón (Inspirada en el Salmo 119/118)
Tu
Palabra es perdón y compasión que me cura.
Tu
Palabra es Amor derramado sobre mi vida.
Tu
Palabra es aliento y ánimo para mis noches oscuras.
Tu
Palabra es esperanza que me pone en pie
y
me empuja hacia el futuro, sin miedo.
Tu
Palabra es el sol que calienta mi vida
bajo
los rayos de tu Presencia, siempre nueva.
Tu
Palabra es luz en el sendero de mis días.
Tu
Palabra es lámpara que esclarece mis decisiones,
y
fortaleza que sostiene mis empresas y proyectos.
Tu
Palabra me revela tu Rostro, Dios y Padre mío.
Tu
Palabra me descubre tu Proyecto sobre el mundo.
Tu
Palabra me da la gracia de conocer tu voluntad
y
es tan dulce, para mí, como miel en la boca.
Tu
Palabra es más valiosa que todos los tesoros.
Tu
Palabra crea en mí aquello que proclama.
Tu
Palabra me recrea a tu imagen y semejanza
y
es consuelo y alegría en todo tiempo.
Dispón
mi corazón a escuchar tu Palabra, la única que salva.
Abre
mis oídos para que comprenda cómo deseas que viva.
Abre
mis ojos para que contemple las maravillas
que
hoy quieres hacer en tu Iglesia
y
en todos cuantos te buscan con sincero corazón.
Que
tu Palabra me tome de la mano y me lleve al Cenáculo;
que
me enseñe a esperar, con los discípulos y con María,
el
don precioso del Espíritu Santo.
Que
me enseñe a abrirme a Él y a recibirlo
para
quedar transformado en apóstol y testigo.
Amén.
Hechos 2,1-11

Todos
los discípulos estaban juntos el día de Pentecostés. De repente, un ruido del
cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban.
Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose
encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en
lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu sugería.
Se
encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la
tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque
cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos,
preguntaban:
- ¿No son
galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los
oye hablar en nuestra lengua nativa?
Entre nosotros
hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en
el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que
limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros, judíos o prosélitos;
también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas
de Dios en nuestra propia lengua.
1 Corintios 12,3b-7;12.13
Hermanos: Nadie puede decir “Jesús es Señor”,
si no es bajo la acción del Espíritu Santo.
Hay diversidad de dones,
pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y
hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra en todos. En cada uno
se manifiesta el Espíritu para el bien común.
Porque, lo mismo que el
cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar
de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y
griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para
formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
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