Lectura orante

Hechos 2,1-11 y 1 Cor 12,3b-7.12-13

oración inicial - leemos - meditamos - oramos

 

 

 

Oración para disponer el corazón (Inspirada en el Salmo 119/118)

 

Tu Palabra es perdón y compasión que me cura.

Tu Palabra es Amor derramado sobre mi vida.

Tu Palabra es aliento y ánimo para mis noches oscuras.

Tu Palabra es esperanza que me pone en pie

y me empuja hacia el futuro, sin miedo.

 

Tu Palabra es el sol que calienta mi vida

bajo los rayos de tu Presencia, siempre nueva.

Tu Palabra es luz en el sendero de mis días.

Tu Palabra es lámpara que esclarece mis decisiones,

y fortaleza que sostiene mis empresas y proyectos.

 

Tu Palabra me revela tu Rostro, Dios y Padre mío.

Tu Palabra me descubre tu Proyecto sobre el mundo.

Tu Palabra me da la gracia de conocer tu voluntad

y es tan dulce, para mí, como miel en la boca.

 

Tu Palabra es más valiosa que todos los tesoros.

Tu Palabra crea en mí aquello que proclama.

Tu Palabra me recrea a tu imagen y semejanza

y es consuelo y alegría en todo tiempo.

 

Dispón mi corazón a escuchar tu Palabra, la única que salva.

Abre mis oídos para que comprenda cómo deseas que viva.

Abre mis ojos para que contemple las maravillas

que hoy quieres hacer en tu Iglesia

y en todos cuantos te buscan con sincero corazón.

 

Que tu Palabra me tome de la mano y me lleve al Cenáculo;

que me enseñe a esperar, con los discípulos y con María,

el don precioso del Espíritu Santo.

Que me enseñe a abrirme a Él y a recibirlo

para quedar transformado en apóstol y testigo.

Amén.

 

 

1. Leemos la Palabra

 

Hechos 2,1-11

 

Todos los discípulos estaban juntos el día de Pentecostés. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu sugería. 

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban:

- ¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oye hablar en nuestra lengua nativa?

Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros, judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.

 

1 Corintios 12,3b-7;12.13

Hermanos: Nadie puede decir “Jesús es Señor”, si no es bajo la acción del Espíritu Santo.

Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

 

        

 

meditamos - oramos

 

 

 

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