1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

 

 

        Acogiendo la Palabra de hoy, pensemos en nuestra relación con la Eucaristía. ¿Qué significa para mí la presencia vital de Jesús, que permanece siempre con nosotros? También hoy, Él continúa el servicio de amor con el que nutre nuestra vida y nos sostiene en el camino hacia el Padre. A través de su sacrificio nos libera de nuestras esclavitudes y nos hace hijos del Padre. En el mundo de hoy, existe la mentalidad de que las personas no tienen necesidad de nadie, el hombre debe ser autosuficiente. Esta mentalidad conduce a la muerte, a la pérdida del sentido de la vida. Es preciso decir que siempre necesitamos la ayuda, la presencia, el amor de los otros. Jesús, presente en medio de nosotros, nos ofrece la plenitud de vida que nadie puede darnos (cf. Jn 10,10).

 

        Pero la Eucaristía es también misión. Jesús invita a los discípulos a preparar el banquete. Nosotros, los cristianos, somos, pues, responsables de nuestros hermanos, para que puedan entrar en comunión con el Maestro. Cuando nuestro corazón se convierte en "una estancia superior" llena de amor, abierta, damos el testimonio más bello de la Eucaristía. Nos convertimos entonces en el don: el pan partido y la sangre derramada por los hermanos. Las pequeñas cosas y cada uno de los acontecimientos de nuestra vida nos dan la posibilidad de amar de esta manera: haciéndonos pan partido para todos.

 

 

3. Oramos

En unión con Jesús, que a través de su pasión se hace nuestro Pan cotidiano y nos lleva al Padre, oramos para que esta actitud de amor, de donación, se convierta en nuestro estilo de vida, de vida eucarística...

 

A) Salmo 116, 10-19

 

Tenía fe, aun cuando dije:

"¡Qué desgraciado soy!"

Yo decía en mi apuro:

"Los hombres son unos mentirosos"

 

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

 

Mucho le cuesta al Señor

la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,

siervo tuyo, hijo de tu esclava:

rompiste mis cadenas.

 

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos,

en presencia de todo el pueblo,

en el atrio de la casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén.

            

B) Buen Pastor, Pan verdadero... (Sto. Tomás de Aquino, tomado de Ecclesia de Eucharistia, 62)

 

 

Buen pastor, Pan verdadero,

oh Jesús, piedad de nosotros:

nútrenos y defiéndenos,

llévanos a los bienes eternos

en la tierra de los vivos.

 

Tú que todo lo sabes y puedes,

que nos alimentas en la tierra,

conduce a tus hermanos

a la mesa del cielo,

a la alegría de tus santos.

 

 

 

 

 

 

 

Judyta Pudelko, pddm (Polonia)