(Lecturas tomadas de la Biblia de Jerusalén)
32
Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido desde el día en
que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿Hubo jamás desde un extremo a otro
del cielo palabra tan grande como ésta? ¿Se oyó semejante? 33 ¿Hay
algún pueblo que haya oído como tú has oído la voz del Dios vivo hablando de
en medio del fuego, y haya sobrevivido?
34
¿Algún dios intentó jamás venir a buscarse una nación de en medio de otra
nación por medio de pruebas, señales, prodigios y guerra, con mano fuerte y
tenso brazo, por grandes terrores, como todo lo que Yahveh vuestro Dios hizo con
vosotros, a vuestros mismos ojos, en Egipto?
39 Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón que Yahveh es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. 40 Guarda los preceptos y los mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que Yahveh tu Dios te da para siempre.
Dichosa la nación
cuyo Dios es el Señor
La
palabra del Señor es sincera,
y
todas sus acciones son leales;
Él
ama la justicia y el derecho,
y
su misericordia llena la tierra.
La
palabra del Señor hizo el cielo,
el
aliento de su boca, sus ejércitos,
porque Él lo dijo y existió,
Él lo mandó y surgió.
Los
ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en
los que esperan en su misericordia,
para
librar sus vidas de la muerte
y
reanimarlos en tiempo de hambre.
Nosotros
aguardamos al Señor:
Él
es nuestro auxilio y escudo;
que
su misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
(versión litúrgica)
14
En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.
15 Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el
temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace
exclamar: ¡Abbá, Padre!
16
El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos
hijos de Dios. 17 Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios
y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él
glorificados.
16
Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les
había indicado.
17
Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron.
18
Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el
cielo y en la tierra.
19 Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»