Oración inicial - leemos - meditamos - oramos

Lecturas: Ez 42,1-2.8-9.12; Sal 45; 1 Co 3,9c-11.16-17; Jn 2,13-22
Juan 2,13-22
En aquel tiempo, 13 se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. 14 Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; 15 y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; 16 y a los que vendían palomas les dijo:
- Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.
17 Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».
18 Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
- ¿Qué signos nos muestras para obrar así?
19 Jesús contestó:
- Destruid este templo y en tres días lo levantaré.
20 Los judíos replicaron:
- Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
21 Pero él hablaba del templo de su cuerpo. 22 Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de lo que había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Orientaciones para la lectura
Contexto litúrgico:
¿Por qué se interrumpe la lectura continua del Evangelio de San Marcos durante estos domingos en el Tiempo Ordinario? Se debe al aniversario de la consagración de la Basílica de San Juan de Letrán que cae este año en domingo; de ahí que las lecturas se hayan tomado del Propio de la Dedicación de un templo. La fiesta de hoy hace referencia al aniversario de la más antigua y “primera” de las cuatro grandes basílicas romanas. Levantada por Constantino, el primer emperador cristiano, fue el centro de la vida cristiana en la ciudad de Roma desde el siglo IV d.C. Al principio se celebraba este aniversario únicamente en Roma; después se extendió a todas las iglesias de rito romano, en honor de la “madre-iglesia de todas las iglesias de la ciudad y del mundo” (Omnium urbis et orbis ecclesiarum mater). Esto es también un signo de amor y unión con el Papa, quien al mismo tiempo es Obispo de Roma y Cabeza de la Iglesia Católica.
LECTURA
La lectura comienza con una narración sobre la primera visita de Jesús al Templo de Jerusalén, próxima ya la Pascua de los Judíos. En Jn 6,4 y13,1 se vuelve a citar la fiesta de la Pascua, haciendo notar así los tres años de ministerio público de Jesús antes de su muerte; es un marco temporal proporcionado únicamente por el Evangelio de Juan. La Pascua es la fiesta más importante de los judíos; recuerda su liberación de la esclavitud en Egipto y la creación consiguiente de un pueblo nuevo consagrado al culto y servicio de Yahveh.

El Templo de Jerusalén es el centro del culto y servicio judío a Yahveh. La existencia de gente vendiendo “ganado, ovejas, palomas y los cambistas de dinero” nos recuerda las complicaciones de los ofrecimientos de sacrificios requeridos por la celebración de la fiesta de la Pascua (cfr.: Ex 12) en tiempo de Jesús. “Quitad estas cosas de ahí, no hagáis un mercado de la casa de mi Padre.” Sea como fuere, Jesús estaba protestando contra el estado lastimoso del culto religioso. El evangelista nos interpreta el sentido más profundo de la acción exasperada de Jesús al citar el versículo: “el celo de tu casa me consume” (Sal 69, 10). El enfrentamiento entre Jesús y las autoridades religiosas traslada la narración a otro plano. La pregunta de los judíos desconcertados: “¿Qué signo nos muestras para hacernos esto?” es la plataforma de lanzamiento de la réplica de Jesús y el intento de llevarles a un nivel más elevado: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré.” El evangelista Juan utiliza aquí su famosa técnica de malentendido. Los judíos le respondieron pensando en la comprensión literal del Templo judío que “tardó 46 años en construirse.” Pero Jesús se refería a otro templo, “el templo de su cuerpo” que será destruido en la cruz, permanecerá tres días en la oscuridad y se levantará al tercer día. De hecho, el evangelista comenta: “cuando resucitó de entre los muertos, recordaron sus discípulos que había dicho esto.” (Jn 2, 22)
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