(Lecturas tomadas de la Biblia de Jerusalén)
4b
El pueblo se impacientó por el camino. 5 Y habló el pueblo
contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos habéis subido de Egipto para
morir en el desierto? Pues no tenemos ni pan ni agua, y estamos cansados de ese
manjar miserable.»
6
Envió entonces Yahveh contra el pueblo serpientes abrasadoras, que mordían al
pueblo; y murió mucha gente de Israel.
7
El pueblo fue a decirle a Moisés: «Hemos pecado por haber hablado contra
Yahveh y contra ti. Intercede ante Yahveh para que aparte de nosotros las
serpientes». Moisés intercedió por el pueblo.
8
Y dijo Yahveh a Moisés: «Hazte un Abrasador y ponlo sobre un mástil. Todo el
que haya sido mordido y lo mire, vivirá.»
9 Hizo Moisés una serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y si una serpiente mordía a un hombre y éste miraba la serpiente de bronce, quedaba con vida.
No olvidéis las acciones del Señor.
Escucha,
pueblo mío, mi enseñanza;
inclinad
el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias
para
que broten los enigmas del pasado.
Y
cuando los hacía morir, los buscaban,
y
madrugaban para volverse hacia Dios,
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios Altísimo, su Redentor.
Lo
adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con Él
ni
eran fieles a su alianza.
Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor.
(versión litúrgica)
6
El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios.
7
Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose
semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; 8 y se
humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.
9 Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. 10 Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, 11 y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre.
13
Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
14
Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser
levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que crea tenga por
él vida eterna.
16
Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que
crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.