El
Año Litúrgico, con la selección de sus lecturas, nos lleva en profundidad
hacia el misterio de Cristo. En el comienzo de este Tiempo Ordinario somos como
“Teófilo”: tras nuestro contacto inicial con Jesús, probablemente con la
primera catequesis recibida, se nos invita a crecer más y ahondar más
profundamente en el significado de nuestra fe. Y la comprendemos mejor cuanto más
conocemos a nuestro Maestro Jesús. ¿Cuál es su visión y misión en la vida?
Él es el único, ungido por el Espíritu, elegido y enviado a todos, pero más
especialmente a los pobres, los ínfimos y los perdidos.
Con esta opción preferencial por los últimos de la sociedad, Jesús
abre el corazón del Padre, el “sueño” de Dios y la clase de liberación
que quiere traer. Nos resulta muy difícil comprender esto, quizás por haber
estado tan acostumbrados a pensar y creer que las bendiciones y la presencia de
Dios significan buena vida; y se reduce la “buena vida” al bienestar
material. Encontramos difícil creer que Dios ponga sus ojos en los pobres. Con
el anuncio de su programa de vida y su fidelidad en llevarlo a cabo hasta el
final, Jesús cambia esta perspectiva. Nos reta a dejar actuar a su Espíritu en
nosotros, de modo que podamos comprender cuán verdadero es que en su persona se
esté cumpliendo el texto sagrado “hoy.”
Quizás podrían ayudarnos a entrar en un mejor conocimiento de este reto las palabras de Juan Pablo II en Novo Millennio Ineunte: “El siglo y el milenio que comienzan tendrán que ver todavía, y es de desear que lo vean de modo palpable, a qué grado de entrega puede llegar la caridad hacia los más pobres. Si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse: «He tenido hambre y me habéis dado de comer, he tenido sed y me habéis dado de beber; fui forastero y me habéis hospedado; desnudo y me habéis vestido, enfermo y me habéis visitado, encarcelado y habéis venido a verme» (Mt 25,35-36). Esta página no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo. Sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia" (NMI, 49)
a)
Que la beata Teresa de Calcuta, seguidora de los pasos de Jesús sirviendo a los
más pobres de los pobres, nos inspire con estas vívidas palabras:
|
“HOY
Dios ama al mundo a través de nosotros, lo
mismo que antes probó su amor al mundo entregando
Su Hijo a María, la más pura... y
ella fue “con premura” a entregarlo a otros. Y
Él nos amó tanto que
se hizo el Pan de Vida. Nosotros
también debemos amar, también
debemos dar hasta lastimarnos. HOY
Dios ama al mundo a través de nosotros. Continúa
amando al mundo al
enviarnos al mundo para
ser Su amor, Su
compasión”. |
|
b) Petición al Padre
Padre,
tú enviaste a Jesucristo, rey y profeta,
a
anunciar al buena noticia de tu reino a los pobres.
Concede
que estas palabras que hoy resuenan en la Iglesia
nos
robustezcan como un cuerpo
y
nos hagan instrumentos de liberación y salvación.
Te
lo pedimos a través de Cristo, tu Hijo,
que
vive y reina contigo y el Espíritu Santo por siempre jamás.
Amén.
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Gemma Victorino, pddm (Filipinas)
Traductor: D. Luis Chacón