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Lectura oranteLucas 10, 25-37invocación inicial - leemos - meditamos - oramos
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Espíritu que infundes la vida,
ven y renueva nuestras mentes.
Derrama en abundancia tu gracia y bondad
en nuestro pobre y afligido corazón.
Consuelo de los fieles que luchan,
fuente del gozo verdadero,
torrente de agua viva y llama de amor,
unción de un pueblo bendecido con la paz.
Espíritu repleto de dones,
fuerza que actúas sobre el mundo,
regalo prometido por nuestro Señor,
que nos inspiras los caminos a seguir.
Haz limpia la mirada del alma,
llena de amor los corazones,
envía desde el cielo tu fuerza y poder:
así podremos resistir a todo mal.
Concédenos vencer en la prueba,
surja gozosa la esperanza.
Que siempre nos dejemos llevar de tu amor
y demos frutos de justicia y santidad.
Pronuncien nuestros labios palabras
iluminadas en tu fuego:
que el mundo reconozca la inmensa bondad
de nuestro Padre, que en el Hijo nos salvó.
Amén.
Lucas 10, 27-37
25 En aquel tiempo, se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
- Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
26 Él le dijo:
- ¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella?
27 El letrado contestó:
- Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.
28 Él le dijo:
- Bien dicho. Haz esto y tendrá la vida.
29 Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús:
- ¿Y quién es mi prójimo?
30 Jesús dijo:
- Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. 31 Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 32 Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo, dio un rodeo y pasó de largo.
33 Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, 34 se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. 35 Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo:
- Cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta. 36 ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?
37 El letrado le contestó:
- El que practicó la misericordia con él.
Le dijo Jesús:
- Anda, haz tú lo mismo.
Orientaciones para la lectura
a) v.25: "Se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: - Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?"
A lo largo de su viaje hacia Jerusalén (cf. Lc 9,51 ss), Jesús encuentra a diversas personas: aquellas que sinceramente se sienten atraídas por su estilo de vida y quieren ser sus discípulos y discípulas, y aquellas que están inclinadas, más bien, a oponerse a él y ponerlo a prueba, como este doctor de la Ley. Ante este desafío, Jesús intenta ayudar a la persona a sacar a la luz la verdad que ya está en su mente o, al menos, en su boca. En efecto, el escriba tiene una respuesta para su propia pregunta, recitando la síntesis de la ley, es decir, el amor a Dios y al prójimo. Pero el discurso no termina ahí.
b) v.29-30: "Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús: - ¿Y quién es mi prójimo? Jesús dijo: 'Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó...'"
La respuesta de Jesús es una bellísima narración conocida con el nombre de "la parábola del buen samaritano". En esta parábola, Jesús usa, de modo muy evidente, la ironía, marginando a las personas que son signo del poder político (el sacerdote y el levita, hombres del culto), cuando no se dejan mover a compasión, y poniendo como protagonista, paradójicamente, al hombre samaritano que, según la mentalidad religiosa dominante, estaba "fuera", excluido del pueblo de Dios (cf. Lc 9,51-54 y Jn 4).
c) v.33: "Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima..."

La compasión del samaritano es el centro de la historia. Al samaritano se le estremecen las entrañas, se siente movido a compasión (la expresión "le dio lástima" de la traducción litúrgica no expresa la fuerza del sentimiento de este personaje), y ése es el "verbo fuerte" que lleva a la acción. La misma palabra la usa Lucas en la narración de la viuda de Naín (Lc 7,13) y en la parábola del hijo pródigo (Lc 15,20). El hombre conmovido realiza gestos humildes, sencillos, valiéndose de los recursos que tiene a su alcance -el vino, las vendas, el aceite, su propia cabalgadura. La compasión impulsa al samaritano a continuar pensando en aquel necesitado y lo sigue aún "al día siguiente" para asegurarse de que ha recibido los cuidados adecuados y para proveer lo necesario.
d) v.36: "¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?"
Jesús transforma completamente la pregunta inicial del levita: ya no es "¿cuál es mi prójimo?" sino "¿cómo puedo ser yo el prójimo de una persona necesitada? ¿cómo puedo estarle cerca?".
Para muchos de nosotros, es evidente que el prójimo es cada persona necesitada de ayuda. Sin embargo, no es tan evidente, no es tan fácil despertar y sentir aquella "compasión" que arrastra al compromiso hasta el final. La narración de Jesús, en efecto, sugiere que las normas sagradas, como les sucede al sacerdote y al levita, no son garantía de aquella compasión que, queremos creer, ya ha sido sembrada por Dios en el corazón de cada uno de nosotros. Debemos estar atentos a pedir la ayuda del Espíritu de Jesús para convertirnos a Él y activar la energía del amor "derramado en nuestros corazones" (cf. Rm 5,5).
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