En el Congreso Mundial sobre la Vida Consagrada, celebrado en Roma en 2004 con el tema Pasión por Cristo, pasión por la humanidad, uno de los iconos propuestos para la profundización en el tema fue, precisamente, la figura del Buen Samaritano. Tomamos, para contemplar este icono, los números 70-71 del Instrumentum Laboris:
70. El desafío más importante es el de ponerse en acción, dando prioridad al necesitado, a las personas y no a los negocios, a los itinerarios terapéuticos y no a las normas sagradas que nos despojan de la compasión, como aconteció al sacerdote y al levita. Los hombres de la institución no supieron liberar la imaginación de la caridad. Siguieron su camino para mantenerse puros en sentido legal y cultual. Sin embargo, aquel que vivía la religiosidad y el culto en una forma no correcta e incluso despreciada por los jefes religiosos oficiales, se manifestó como el único capaz de ejercer la caridad. Libre de esquemas sagrados externos, tuvo entrañas y corazón de misericordia. Cuando se conmueven las entrañas, incluso los recursos pobres como el aceite, el vino, las vendas, se convierten en signos de grandes y profundos valores. Pero hay que bajar de la cabalgadura que nos hace seres privilegiados y nos separa de tantos caminantes que no tienen dignidad, casa, ni meta. Hay que derramar sobre sus heridas el aceite de nuestra contemplación, para que no sea una mera búsqueda egoísta y solitaria y el vino de la ternura y de la gratuidad para que vuelva la esperanza y el ansia de vivir.
71. La comunidad samaritana se constituye en torno a Jesús. Es la comunidad de los que están con Él y comparten su compasión por la humanidad y son enviados, como Él, para predicar y con el poder de expulsar demonios (Mc 3,15) y curar enfermos, ungiéndolos con aceite (Mc 6,13). Así se forma la fraternidad verdadera de Jesús en un mundo violento e injusto.
1. Oración
Padre misericordioso, que en el mandamiento del amor
has puesto el compendio y el alma de toda la ley,
danos un corazón atento y generoso
hacia los sufrimientos y miserias de los hermanos y hermanas
para ser semejantes a Cristo,
buen samaritano del mundo.
Él, que es Dios, y vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo.
Amén.
2. Oración a Jesús, samaritano del mundo
Señor Jesús, misericordia del Padre hecha cuerpo y palabra,
manos, mirada y pies de caminante:
recorreré contigo la senda del amor;
aprenderé de ti la compasión que removía tus entrañas;
aprenderé de ti a reír con los que ríen
y a compartir las lágrimas de los que lloran,
como hiciste Tú con aquella pobre viuda Naín.
¡Que no me quede indiferente y frío, Señor!
Recorreré contigo la senda del amor.
Aprenderé a buscar incansablemente a los perdidos,
como la mujer no cejó en la búsqueda de su moneda extraviada.
Aprenderé a esperar, incansable y paciente,
a quienes se marchan a explorar otros mundos,
lejos de la senda de tu alegría.
Señor Jesús, samaritano del mundo,
recorreré la senda de tu compasión entrañable.
Dame oídos y una vida abierta
en la que puedan resonar tus palabras:
“Anda y haz tú lo mismo”.
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Gemma Victorino, pddm (Filipinas)