Lectura orante

Lucas 11,1-13

oración inicial - leemos - meditamos - oramos 

 

 

"Señor, enséñanos a orar"

 

Invocación al Espíritu

 

Espíritu que infundes la vida,

ven y renueva nuestras mentes.

Derrama en abundancia tu gracia y bondad

en nuestro pobre y afligido corazón.

 

Consuelo de los fieles que luchan,

fuente del gozo verdadero,

torrente de agua viva y llama de amor,

unción de un pueblo bendecido con la paz.

 

Espíritu repleto de dones,

fuerza que actúas sobre el mundo,

regalo prometido por nuestro Señor,

que nos inspiras los caminos a seguir.

 

Haz limpia la mirada del alma,

llena de amor los corazones,

envía desde el cielo tu fuerza y poder:

así podremos resistir a todo mal.

 

Concédenos vencer en la prueba,

surja gozosa la esperanza.

Que siempre nos dejemos llevar de tu amor

y demos frutos de justicia y santidad.

 

Pronuncien nuestros labios palabras

iluminadas en tu fuego:

que el mundo reconozca la inmensa bondad

de nuestro Padre, que en el Hijo nos salvó.

Amén.

 

 

1. Leemos la Palabra

 

Lucas 11,1-13 

   

1 Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

- Señor, enséñanos a orar, como Juan enseño a sus discípulos.

2 Él les dijo:

- Cuando oréis, decid: "Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, 3 danos cada día nuestro pan del mañana, 4 perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación".

5 Y les dijo:

- Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene durante la medianoche para pedirle: "Amigo, préstame tres panes, 6 pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle". 7 Y, desde dentro, el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos". Si el otro insiste llamando, 8 yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

        9 Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; 10 porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.

        11 ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?

        12 O si le pide un pez, ¿le dará una serpiente? O si le pide un huevo, ¿le dará un escorpión?

        13 Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

 

 

  Orientaciones para la lectura 

 

Cuando leemos el pasaje de Lucas 11,1-13, nos encontramos ya en camino hacia Jerusalén. El contexto pone de relieve la formación de los discípulos que lleva a cabo Jesús por el camino. Les manda dar testimonio (9,51-56; 10,1-12.17-20), exige de ellos determinadas actitudes (9,57-62; 10,25-42), y les promete abundancia de dones para llevar a cabo su misión (10,21-24). El seguimiento de Jesús tiene un objetivo concreto: Él nos lleva al Padre. Toda la misión de Jesús nos conduce a la unión con el Padre. Jesús se nos revela como un modelo de tal unión.

 

- v.25: Jesús está rezando. Él se encuentra en unión continua con Dios, pero elige un tiempo y un lugar oportunos para entrar en diálogo con el Padre. En el evangelio de Lucas a menudo vemos a Jesús en oración: antes de elegir a los Apóstoles (6,12), antes de preguntar a los discípulos quién es Él (9,18), en el monte Tabor (9,28)... Así se convierte en un ejemplo: los discípulos quieren orar así también. Uno de ellos se vuelve a Jesús, a su Maestro, pidiéndole que le enseñe a orar.

 

- v.2: Jesús comienza a enseñar. Lo más importante de esa enseñanza es que Jesús llama a Dios Padre. Esto quiere decir que Jesús nos revela a Dios de modo pleno: Dios es nuestro Padre. La otra cara de esta realidad es que nosotros somos sus hijos, venimos de Él y caminamos hacia Él. Jesús nos enseña la verdadera relación con el Padre del cielo: nuestra dependencia de Él. Por esto debemos buscarlo siempre a Él, su gloria y su Reino.

 

- v.3: Pedir el pan significa pedir la vida. Dios es nuestro Creador y nos ha dado el don de la vida, pero este don lo recibimos día tras día: 

 

"Todos ellos esperan de ti

que les des su comida a su tiempo;

se la das y ellos la toman,

abres tu mano y se sacian de bienes.

Si escondes tu rostro, desaparecen,

les retiras tu soplo y expiran,

y retornan al polvo que son.

Si envías tu aliento, son creados,

y renuevas la faz de la tierra." (Sal 104,27-30)

 

        El pan simboliza toda comida para cada una de nuestras necesidades: satisface el hambre de pan, pero también el hambre de verdad, de justicia, de amor... Sólo Dios puede saciar todas nuestras hambres.

        En el evangelio de Juan, Jesús mismo es el pan de vida: "Yo soy el pan de vida. Quien viene a mí no tendrá más hambre, y quien cree en mí no tendrá más sed" (Jn 6,35).

 

 

        Esto se cumple plenamente en su misterio pascual: "Tomó luego pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: 'Éste es mi cuerpo que se entrega por vosotros'" (Lc 22,19).

 

- v.4: Nuestra condición de hijos nos muestra también nuestra debilidad: somos pecadores y tenemos necesidad del perdón de Dios. Pero este perdón depende de nuestro perdón hacia los hermanos. En Dios podemos también buscar la ayuda para todos los peligros, la ayuda en la tentación.

 

- vv.5-8: En estos versículos, Jesús pone un ejemplo. Se trata de la historia de dos amigos. Teniendo una gran necesidad y estando en grave apuro, uno de ellos se dirige a su amigo pidiéndole tres panes. La escena se desarrolla a media noche. La oscuridad es grande y, la luz, lejana. Es la hora de la suma improbabilidad de ser escuchado. El amigo no quiere atender la petición, porque el momento es muy inoportuno, pero la insistencia y la perseverancia vencen todos los obstáculos. Quien pide, recibe, como le sucedió a la viuda pobre que venció al juez inicuo (Lc 18,1-8).

        En el amigo que duerme a media noche, algunos ven simbolizado a Cristo, crucificado y muerto para darnos la dignidad de hijos. Con Él duermen los hijos del Reino que han entrado por la puerta estrecha (13,24). Resucitado del sueño de la muerte, nos ofrece el Pan Vivo, es decir, a sí mismo. Lo único necesario es tener fe, que vence todas las dificultades.

 

- vv.9-13: Jesús nos pide que seamos perseverantes, firmes, fieles, pacientes: pedir, buscar, llamar. Estos verbos nos muestran una gran dinámica de vida, un esfuerzo pleno. De nuevo Jesús vuelve a poner ejemplos de la vida familiar. Imaginemos que unos hijos piden a su padre un pez o un huevo. Ningún padre que ame a sus hijos quiere causarles daño (darles una serpiente o un escorpión). Con este ejemplo, Jesús nos revela de nuevo al Padre: es Aquél que nos da lo mejor, el Espíritu Santo. El don del Espíritu nos hace hijos adoptivos de Dios y nos enseña a gritar a Dios: ¡Abbá, Padre! (cf. Rm 8,14-17).

 

 

        

 

meditamos - oramos

 

 

 

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