Lectura orante

Hechos 10,34a.37-43

Invocación inicial - leemos - meditamos - oramos

 

 

«Dios lo resucitó»

 

Invocación al Espíritu 

 

Espíritu de Dios, sin Ti, la Palabra es letra muerta,

como un eco lejano e incomprensible,

sin importancia y ajeno a mi vida.

 

Sin Ti, el Evangelio no es Buena Noticia,

porque no tiene el poder de salvar.

Sin Ti, la esperanza y la fe están adormecidas

y el sepulcro vacío está en silencio.

 

Espíritu de Dios, desciende sobre mí

cuando escucho la Palabra,

sacude los cimientos de mi casa

con la desconcertante noticia

de la Resurrección del Señor Crucificado.

 

Dame los ojos de la fe, para que vea y crea,

ponme en camino hacia la Luz,

y haz que el Evangelio me levante

con la fuerza vivificante de la Resurrección.    

 

1. Leemos Hechos 10, 34a.37-43

La Pascua es la fiesta más importante del año litúrgico cristiano. Todo en la vida adquiere luz y sentido desde la Resurrección del Señor.

Hoy vamos a orar con la primera lectura del Domingo. Como siempre, el primer paso será leer y releer despacio el texto bíblico que ofrecemos a continuación.

34a En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

- 37 Hermanos: Vosotros conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. 38 Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con Él.

39 Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. 40 Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, 41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.

42 Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. 43 El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en Él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados. 

 

 

 

  Orientaciones para la lectura 

 

1. Durante los cincuenta días que dura la Pascua hasta Pentecostés, tanto las primeras lecturas de los domingos como las de diario están tomadas del libro de los Hechos de los apóstoles. Por eso es una buena ocasión para leerlo entero, siguiendo el ritmo de nuestra liturgia.

El libro de los Hechos es la narración de la expansión del Evangelio, desde Jerusalén hasta los confines del mundo entonces conocido. Una evangelización que se lleva a cabo por la acción del Espíritu Santo, tras Pentecostés. Por eso se puede decir que los Hechos son el Evangelio del Espíritu.

Este libro es, además, un retrato de la primitiva Iglesia, desde los ojos de Lucas, y nos presenta a las dos grandes columnas de la Iglesia: los apóstoles Pedro y Pablo. 

2. La lectura de este primer domingo de Pascua es un pequeño discurso que Pedro pronuncia en la casa de un centurión romano: Cornelio. Lo cual indica que el evangelio comienza a extenderse a los paganos. La salvación es universal, es para todos.

Este discurso es una catequesis que contiene los puntos esenciales del kerigma primitivo (es decir, del anuncio o proclamación de la Iglesia primera). ¿Cuál es el contenido de esta catequesis? Se resume fácilmente: es Jesús (su vida, muerte y resurrección) y la misión de la Iglesia 

2.1. La vida. Fíjate en lo que dice Pedro sobre la persona y la vida de Jesús de Nazaret: 

a) Es el ungido por Dios con el Espíritu, es decir, es el Mesías, el elegido, el predilecto de Dios. Recordemos el episodio del Bautismo de Jesús por parte de Juan, en el que el Espíritu llenó a Jesús y el Padre lo proclamó: "Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco" (Mt 3,16-17). Este amor del Padre constituye la identidad de Jesús: Él es el Hijo amado. 

b) Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos. Así de sencilla es la vida del Señor. Pasó haciendo el bien. Los evangelios resumen la actividad de Jesús con pequeños sumarios como el siguiente: "Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo" (Mt 4,23). En esas actividades se concretó su "hacer el bien". 

c) ... porque Dios estaba con Él: Lo que Jesús hace y dice es lo que ve hacer al Padre (Jn 5,20) y le oye decir (Jn 8,26.38; 15,15). Jesús está íntimamente unido a su Padre, de modo que puede decir: "El Padre está conmigo" (Jn 16,32), "Yo y el Padre somos una sola cosa" (Jn 10,30).  

2.2. La muerte. Observa cómo Pedro habla de la muerte del Señor: "Lo mataron colgándolo de un madero". La muerte de Jesús en la cruz fue algo terriblemente desconcertante para los judíos, un verdadero escándalo (cf. 1 Cor 1,23). Porque dice el Dt 21,23: "Maldito de Dios todo el que está colgado de un madero". Sin embargo, aquel al que la ley y los hombres consideraban "maldito", "herido de Dios y humillado", era el "bendito de Dios", el Hijo que crucificó, en Él, todo el pecado del mundo.  

2.3. La Resurrección. "Pero Dios lo resucitó". Ése es el anuncio sorprendente de la Iglesia apostólica. Aunque Jesús pasó dando vida a todos, recibió como premio la muerte de un malhechor. En contraste con esta injusticia de los hombres está la justicia de Dios que resucita a Jesús y apoya su verdad. Es como si, con ello, el Padre dijera: "Sí, éste es mi Hijo amado, Éste es el Mesías, Éste es el Salvador". 

2.4. La misión de la Iglesia. Observa quiénes son los testigos del Señor: quienes vivieron y oyeron lo que hizo en Galilea, Judea y Jerusalén, y quienes "comieron y bebieron con Él después de su resurrección", es decir, quienes lo conocieron y fueron sus discípulos durante su vida, y quienes fueron testigos directos de su resurrección. El mensaje que éstos han de anunciar es que los que creen en Jesús reciben el perdón, la gracia, la salvación. 

3. Tras el discurso de Pedro, el Espíritu Santo se derramó sobre Cornelio y sobre los demás paganos que estaban con él, y fueron bautizados. Esto quiere decir que no hay obstáculos para la salvación, que la Luz del Señor Resucitado es capaz de iluminar absolutamente todas las oscuridades del mundo, a todos los hombres, a todos los pueblos, todas las situaciones y toda la realidad.

 

2. Meditamos

 

Jesús "pasó haciendo el bien". ¿Crees que quienes viven y se relacionan contigo dirían lo mismo de ti? ¿Qué huellas dejas en quienes te conocen?

"Lo mataron colgándolo de un madero". Ése fue el aparente destino de Jesús en la historia: la ingratitud, la injusticia, el odio, la conspiración y la muerte. Cuando realizas tu tarea evangelizadora, ¿esperas que digan bien de ti, que te estimen por ello? ¿esperas tener buena fama y prestigio? ¿Sientes que anuncias el evangelio desde la gratitud y la gratuidad o esperas recompensas humanas? 

¿Es tu palabra complaciente con todos o defiendes la justicia aunque te ganes antipatías y enemistades? 

"Lo mataron... pero Dios lo resucitó". ¿Crees que Dios puede transformar las realidades de muerte en vida, la tristeza en gozo, el luto en danza? ¿Te consideras un hombre o mujer de esperanza?

"Nosotros somos testigos". Sólo quien tiene experiencia personal del Señor, quien le contempla y le escucha, quien camina con Él, quien le conoce y le ama puede ser su testigo. ¿Sientes que eres un apóstol del Señor, llamado/a a anunciar su resurrección?

"Quienes creen en Él reciben el perdón". ¿Te sientes perdonado/a por Dios? ¿Te sientes agraciado/a por el don de su salvación o sientes que tu pecado es más grande que el amor de Dios? Recuerda: "Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia, en Cristo Jesús, Señor nuestro" (cf. Rm 5,20).

 

 

3. Oramos

 

Da gracias a Dios por el don de la fe y por las celebraciones del Triduo Pascual en las que has recordado y actualizado la muerte y resurrección del Señor. Da gracias por el fruto que sientes que estas celebraciones han dejado en ti.

María Magdalena, en el evangelio de este domingo (Jn 20,1-9), busca al Viviente en el sepulcro. Pide perdón a Dios si, como ella, a veces piensas y actúas como si Dios estuviera muerto.

Pídele al Señor la fuerza y la gracia de ser testigo de su resurrección, como Pedro y los demás apóstoles.

Intercede por quienes no creen en Jesús para que, como Cornelio, reciban la luz de la fe.

Puedes terminar rezando la siguiente oración:

 

 

Dice un sabio en la Escritura que todos venimos del polvo y todos volveremos a él.

Pero yo estoy convencido, Padre, de que son tus manos, y no el polvo, el último destino de nuestras vidas, y de que también desde el reino de la muerte llegará a Ti nuestra alabanza.

Porque Tú has puesto en mis ojos, Padre, una luz que me permite contemplar ya en el grano de trigo que se pudre en la tierra, la espiga que va a brotar (Jn 12,24), y cuando una mujer grita de dolor en su parto, yo estoy ya escuchando el llanto del niño que nace (Jn 16,21). 

En esta mañana de Resurrección, Padre, la luz brilla con más fuerza, nuestras lágrimas se trocan en cantares, la boca se nos llena de risas, y la danza sustituye al luto

- porque Tú no has abandonado a tu Hijo al poder de la muerte,

- porque la piedra está quitada y el sepulcro está vacío,

- porque la última palabra la tendrás siempre Tú, Señor que amas la vida (Sb 11,26).

Por eso te damos gracias a boca llena y cantamos tu amor y fidelidad por siempre.

 

(Oración inspirada en Dolores A., Contar a Jesús, Madrid 2002, 262) 

 

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Mª Concepción López, pddm (España)

 

 

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