1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

 

        Como hemos dicho al principio, Lc 16 nos propone la formación cristiana respecto al dinero, subrayando la necesidad de una mentalidad nueva. El problema no es poseer, sino poseer de un modo egoísta, cerrándose en el propio mundo. Éste es el error del rico de la parábola de hoy. Ha construido una frontera, un límite, que nadie podía traspasar. Con la muerte, pierde todos sus bienes terrenos y le queda sólo su hermetismo. El rico ha creado el infierno en su propio corazón.

 

        Podemos preguntarnos a nosotros mismos: nuestra vida, ¿está abierta a los otros, a menudo diferentes a nosotros, o construimos muros, quizá, con nuestros prejuicios o en nuestro corazón, que no nos dejan ver a los otros como hermanos e hijos de un Único Dios y Padre? 

        Los problemas, las dificultades, las diversas pobrezas que vemos en el mundo, incluso la moral, pone fronteras en nuestro corazón: no puedo... no logro... amar, perdonar, aceptar.

        Jesús, en esta Palabra de hoy, nos da la posibilidad de contemplarnos y conocernos a nosotros mismos: cómo vivo, qué busco, qué espero en esta vida. La Palabra nos anima a traspasar nuestros límites: toda persona, incluso la más pobre en sentido material o espiritual, es una hermana, un hermano amado y salvado por Dios, que busca unas manos abiertas, una sonrisa, una oración, el calor humano...

        Y si acaso nos sentimos como Lázaro, pobres y abandonados por todos, confiemos en Dios, que no nos olvida jamás.

 

 

  3. Oramos

 

Oremos con el salmista, para que podamos poner toda nuestra confianza en Dios, nuestro único refugio, y usar bien todos los bienes que tenemos sobre la tierra. Nuestra eternidad está naciendo ahora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Salmo 62 

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de Él viene mi salvación; 
sólo Él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.
 
¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre,
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede o a una tapia ruinosa?
 
Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen, con el corazón maldicen.
 
Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque Él es mi esperanza;
sólo Él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.
 
De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme, Dios es mi refugio.
 
Pueblo suyo, confiad en Él,
desahogad ante Él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.
 
Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia;
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.
 
No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.
 
Dios ha dicho una cosa, y dos cosas que he escuchado:
"Que Dios tiene el poder y el Señor tiene la gracia;
que Tú pagas a cada uno según sus obras".

 

 

 

 

 

 

 

Judyta Pudelko, pddm (Polonia)