Lectura orante

Lucas 17,5-10

invocación inicial - leemos - meditamos - oramos 

 

 

 

Servir con una fe semejante a un grano de mostaza

 

Invocación al Espíritu

 

Espíritu Santo, 

visítame con tu Presencia densa y ligera,

sacúdeme con tu azote semejante a una caricia,

atráeme, con el imán de tu Amor,

hacia la puerta estrecha por donde se entra

al Reino inmenso e inefable del Amor de nuestro Padre Dios.

 

Haz espacio en mí, para que resuene, como un eco,

en el paisaje de mi cuerpo y de mi alma,

la Palabra de Jesús,

la única Palabra con poder de salvar.

 

Visítame, Señor y Dador de Vida,

para que pueda ser yo cauce

de tu Vida en abundancia.

 

 

1. Leemos la Palabra

 

Lucas 17,5-10

En aquel tiempo, 5 los apóstoles dijeron al Señor:

- Auméntanos la fe.

6 El Señor contestó:

- Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar", y os obedecería.

7 Suponed que un siervo vuestro trabaja como labrador o como pastor: Cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? 8 ¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú"? 9 ¿Tenéis que estar agradecidos al siervo porque ha hecho lo mandado? 10 Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer".

 

 

  Orientaciones para la lectura 

 

 

 

Jesús, subiendo hacia Jerusalén (Lc 9,51), va enseñando a sus apóstoles las actitudes y el modo de vivir que debe caracterizar a un verdadero discípulo suyo. El evangelio de hoy, que podríamos dividir en dos partes bien diferenciadas, contiene una enseñanza sobre la fe y otra sobre el modo de servir.

 

  Primera parte: Vivir con una fe semejante a un grano de mostaza (vv. 5-6)

 

        En la primera parte del evangelio, la palabra clave es "fe". Los apóstoles le piden al Señor que aumente su fe, porque sin ella es imposible ser hijos del Reino. 

        Proponemos dos ejercicios que pueden ayudarnos a ampliar los ecos de estos versículos en nuestro corazón:

 

Ejercicio 1: El primero es confrontar los versículos 5 y 6 con sus paralelos en Mc 11,23 y Mt 17,20; 21, 21.

- En Lc 17,5-6, la famosa frase de Jesús: "si tuvierais fe como un grano de mostaza..." es una frase vinculada tan sólo a la petición de los apóstoles de que aumente su fe. Pero no está ligada a ningún otro episodio. En Mt 17,20, forma parte del relato de exorcismo y curación del endemoniado epiléptico. Si leemos esta narración (Mt 17,14-20), nos daremos cuenta de que allí los discípulos no han podido hacer nada por el epiléptico, a pesar de que Jesús ya les había dado el poder de curar y expulsar demonios (Mt 10,1). Esta incapacidad suya se debe, según se desprende del contexto, a que no tienen fe. Por eso Jesús llega a dirigirles, incluso, las siguientes palabras, cargadas de dureza: "¡Generación incrédula y perversa!... ¿Hasta cuándo os tendré que soportar?". Es la poca fe de los discípulos la que hace imposible que obren el bien, como Jesús. Y es en ese contexto donde Mateo introduce las palabras de Jesús: "Si tenéis fe como un grano de mostaza"... Y añade: "Nada os será imposible".

Ése es el sentido de la imagen del árbol que se arranca de raíz y se planta en el mar. Es tan sólo una metáfora de lo que puede una persona, ayudada por la fe: "nada os será imposible".

- En Mt 21,21, Jesús utiliza una imagen parecida a la del árbol que se arranca por nuestra sola palabra: la de la montaña que se desplaza de su sitio y se arroja al mar. Esta imagen va unida, además, al episodio de la higuera que se seca por la palabra del Señor Jesús. De nuevo la condición para tener este señorío sobre todo lo creado es la fe. Sólo que esta vez, la fe va ligada a la oración: "todo lo que pidáis con fe en la oración, lo recibiréis". 

- El episodio de Mc 11,23 es semejante al de Mt 21,21.

 

Ejercicio 2: No es para hacerlo durante la lectio, pero puede ser enriquecedor hacerlo con más tiempo, en otro momento. Consiste en leer todo el evangelio de Lucas con esta clave de lectura en la mirada: la fe. La fe de Jesús, la fe de la gente, la fe de los discípulos y discípulas, la incredulidad... Podremos obtener algunas conclusiones como las siguientes:

 

- Sólo quien tiene fe es capaz de poner en marcha el dinamismo re-creador y transformador del Reino. La primera creyente del evangelio de Lucas es María, a la que Isabel proclama feliz por creer (Lc 1,45). A lo largo del camino, Jesús se encuentra con hombres y mujeres cuya fe le causa admiración: el centurión (7,9); la hemorroisa (8,48); el leproso samaritano que vuelve a darle gracias (17,19), el ciego de Jericó (18,22)...

        Desafortunadamente, no era así la fe de los discípulos: en muchas ocasiones dejan ver que su fe es tan débil que no son capaces de corresponder al don de la vocación y misión que han recibido (cf. Lc 8,25; 9,40-41). A pesar de que Lucas es más benévolo con ellos que Marcos y Mateo, no puede obviar la tradición, que nos ha transmitido una imagen no muy edificante de los primeros discípulos. De ahí que seamos testigos de algunos reproches que les dirige el Maestro: “¡Generación incrédula y perversa!” (9,41), “¡Hombres de poca fe!” (12,28). Y, de ahí, la súplica de los discípulos: “¡Auméntanos la fe!” (17,2).

 

 

  Segunda parte: Servir desde la gratuidad (vv. 7-10)

 

        La palabra clave de la segunda parte del evangelio es "siervo" (en griego, doulos), que aparece tres veces, y el verbo "servir" (en griego, diakoneo).

Jesús, como buen maestro, toma una imagen del ambiente de la vida rural de su tiempo, que todos podían entender: Suponed que alguno de vosotros tiene un siervo trabajando en sus campos o con sus ganados. ¿No sería insólito y absurdo que, al regresar cada día de su tarea, le prodigarais atenciones y cuidados extremos porque ha hecho su trabajo? Lo normal es que haga su trabajo, porque ya recibe su salario. Así ha de hacer un servidor del Reino: trabajar gratuitamente, sin esperar nada, porque su salario viene de Dios. 

        El primer Siervo del Reino fue Jesús. En Lc 22, 26-27, Jesús se presenta a sí mismo, no como Hijo de Dios con poder y gloria, sino como siervo de todos: "Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve" (diakoneo). Jesús es el "diácono" del Padre, el servidor del Padre y de todos nosotros. Y Él nos ha dado ejemplo para que sigamos sus huellas (1 Pe 2,21).

Cuando Jesús envía a sus discípulos a predicar, les dice: "Gratis lo habéis recibido; dadlo gratis" (Mt 10, 8). El apóstol Pablo reconocía esa gratuidad total de los dones de Dios, a la que debemos corresponder con nuestra gratuidad a la hora de ponerlos al servicio de la comunidad. Nada tenemos que no hayamos recibido (1 Cor 4,7).

 

 

 

  De estas dos partes del evangelio se desprende lo que estamos llamados a ser, como discípulos y discípulas del Señor: hombres y mujeres de fe, entregados/as al servicio de nuestros hermanos con amor y gratuidad, porque nuestra recompensa es Dios mismo. 

 

 

 

        

 

meditamos - oramos

 

 

 

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