Lectura orante

Lucas 3,10-18

Oración inicial - Leemos - Meditamos - Oramos

 

 

 

"Y nosotros, ¿qué debemos hacer?"

 

Invocación al Espíritu

 

Espíritu del Señor,

ven sobre nosotros,

transforma nuestro corazón

y toma posesión de él.

Quema nuestros miedos,

vence nuestras resistencias,

danos capacidad de ser justos

con nosotros mismos y con los demás,

para reconocer y aceptar en todo

las exigencias de la verdad.

Haz que no quedemos

prisioneros de la nostalgia

o de la añoranza del pasado,

sino que sepamos abrirnos,

con serena fortaleza,

a las sorpresas de Dios.

 

Danos la fidelidad

al humilde presente

en el que nos has colocado,

para redimir contigo y en ti

nuestro hoy

y hacer de él el hoy del Eterno.

Haznos vigilantes, confiados y prudentes

en llevar adelante el mañana

de la promesa

en la dificultad de las obras

y en la paciencia de los días

de nuestra vida.

 

Santificador del tiempo,

ayúdanos a hacer

de nuestro camino

el lugar del Adviento,

en el que se asome ya desde ahora,

en los gestos del amor

y en el rendimiento de la fe,

el alba del Reino

prometido y esperado en la esperanza.

¡Amén! ¡Aleluya!               

 

(Bruno Forte)

 

 

 

 

 

 

1. Leemos la Palabra

 

Lucas 3,10-18    

En aquel tiempo, 10 la gente preguntaba a Juan:

- Entonces, ¿qué hacemos?

11 Él contestó:

- El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.

12 Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:

- Maestro, ¿qué hacemos nosotros?

13 Él les contestó:

- No exijáis más de lo establecido.

14 Unos militares le preguntaron:

- ¿Qué hacemos nosotros?

Él les contestó:

- No hagáis extorsión a nadie, ni os aprovechéis con denuncias, sino contentaos con la paga.

        15 El pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra 16 y dijo a todos:

- Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego: 17 tiene en la mano la horca para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.

        18 Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba la Buena Noticia.

 

 

  Orientaciones para la lectura 

 

 

En este tercer domingo de Adviento, que llamamos “Gaudete” por las primeras palabras con que inicia en latín la antífona de entrada, la liturgia de la Palabra es una insistente invitación al gozo, al regocijo, al júbilo.

         La motivación para esta “alegría desbordante” la ofrece especialmente el profeta Sofonías con palabras calurosas de aliento y esperanza:  

“Regocíjate, hija de Sión,

...el Señor ha cancelado tu condena, ...

él está en medio de ti,

es un guerrero que salva,...

se goza, y se complace en ti,

te ama y se alegra con júbilo

como en día de fiesta” (primera lectura) 

La escucha de esta llamada tan viva a la esperanza hace vibrar a la asamblea litúrgica que en el salmo responsorial responde en canto: 

Gritad jubilosos, habitantes de Sión:

“¡qué grande es en medio de ti el Santo de Israel!”

Él es mi Dios y salvador,

confiaré y no temeré,

porque mi fuerza y mi poder es el Señor,

él fue mi salvación”. 

En la segunda lectura, tomada de la carta de los Filipenses, con un texto bien conocido porque lo proclamamos en las II vísperas de los cuatro domingos de Adviento, Pablo reiteradamente ruega a los cristianos de Filipos y a toa la comunidad creyente: 

“Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres”. 

Y la razón no podía ser dicha de forma más clara y concisa:

“El Señor está cerca”. 

Esta razón bien podemos decir que constituye el “hilo rojo” del tiempo litúrgico que estamos celebrando y viviendo: El Señor Jesús está cerca, está “en medio de nosotros”, que sin embargo lo seguimos esperando.

A lo largo de las cuatro semanas de Adviento, y de manera especial a partir del día 17 de diciembre toda la liturgia es una viva expresión de “alegre esperanza” suscitada por la inmediata preparación a la gran fiesta de la “memoria litúrgica” de la venida el Señor en la carne, a  la Navidad. Lo expresa de manera hermosa la oración colecta de este día:

“Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”. 

 

 

        

 

meditamos - oramos

 

 

 

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