Oración inicial - Leemos - Meditamos - Oramos

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Espíritu
del Señor, ven
sobre nosotros, transforma
nuestro corazón y
toma posesión de él. Quema
nuestros miedos, vence
nuestras resistencias, danos
capacidad de ser justos con
nosotros mismos y con los demás, para
reconocer y aceptar en todo las
exigencias de la verdad. Haz
que no quedemos prisioneros
de la nostalgia o
de la añoranza del pasado, sino
que sepamos abrirnos, con
serena fortaleza, a
las sorpresas de Dios. Danos
la fidelidad al
humilde presente en
el que nos has colocado, para
redimir contigo y en ti nuestro
hoy y hacer de él el hoy del Eterno. |
Haznos
vigilantes, confiados y prudentes en
llevar adelante el mañana de
la promesa en
la dificultad de las obras y
en la paciencia de los días de
nuestra vida. Santificador
del tiempo, ayúdanos
a hacer de
nuestro camino el
lugar del Adviento, en
el que se asome ya desde ahora, en
los gestos del amor y
en el rendimiento de la fe, el
alba del Reino prometido
y esperado en la esperanza. ¡Amén!
¡Aleluya!
(Bruno Forte)
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Lucas 3,10-18
En aquel tiempo, 10 la gente preguntaba a Juan:
- Entonces, ¿qué hacemos?
11 Él contestó:
- El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.
12 Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
- Maestro, ¿qué hacemos nosotros?
13 Él les contestó:
- No exijáis más de lo establecido.
14 Unos militares le preguntaron:
- ¿Qué hacemos nosotros?
Él les contestó:
- No hagáis extorsión a nadie, ni os aprovechéis con denuncias, sino contentaos con la paga.
15 El pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra 16 y dijo a todos:
- Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego: 17 tiene en la mano la horca para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.
18 Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba la Buena Noticia.
Orientaciones para la lectura
En
este tercer domingo de Adviento, que llamamos “Gaudete” por las primeras
palabras con que inicia en latín la antífona de entrada, la liturgia de la
Palabra es una insistente invitación al gozo, al regocijo, al júbilo.
La motivación para esta “alegría desbordante” la ofrece
especialmente el profeta Sofonías con palabras calurosas de aliento y
esperanza:
“Regocíjate,
hija de Sión,
...el
Señor ha cancelado tu condena, ...
él
está en medio de ti,
es
un guerrero que salva,...
se
goza, y se complace en ti,
te
ama y se alegra con júbilo
como
en día de fiesta” (primera lectura)
La
escucha de esta llamada tan viva a la esperanza hace vibrar a la asamblea litúrgica
que en el salmo responsorial responde en canto:
Gritad
jubilosos, habitantes de Sión:
“¡qué
grande es en medio de ti el Santo de Israel!”
Él
es mi Dios y salvador,
confiaré
y no temeré,
porque
mi fuerza y mi poder es el Señor,
él
fue mi salvación”.
En
la segunda lectura, tomada de la carta de los Filipenses, con un texto bien
conocido porque lo proclamamos en las II vísperas de los cuatro domingos de
Adviento, Pablo reiteradamente ruega a los cristianos de Filipos y a toa la
comunidad creyente:
“Estad
siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres”.
Y la razón no podía ser dicha de forma más clara y concisa:
“El
Señor está cerca”.
Esta
razón bien podemos decir que constituye el “hilo rojo” del tiempo litúrgico
que estamos celebrando y viviendo: El Señor Jesús está cerca, está “en
medio de nosotros”, que sin embargo lo seguimos esperando.
A
lo largo de las cuatro semanas de Adviento, y de manera especial a partir del día
17 de diciembre toda la liturgia es una viva expresión de “alegre
esperanza” suscitada por la inmediata preparación a la gran fiesta de la
“memoria litúrgica” de la venida el Señor en la carne, a
la Navidad. Lo expresa de manera hermosa la oración colecta de este día:
“Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”.
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