Invocación inicial - leemos - meditamos - oramos
Invocación al Espíritu (Secuencia de Pentecostés)
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Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. |
Entra hasta el fondo del alma. Divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. |
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
Amén.
1 En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
3 Simón Pedro les dice:
- Me voy a pescar.
Ellos contestan:
- Vamos también nosotros contigo.
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. 4 Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
5 Jesús les dice:
- Muchachos, ¿tenéis pescado?
Ellos contestaron:
- No.
6 Él les dice:
- Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. 7 Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
- Es el Señor.
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. 8 Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red de los peces.
9 Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. 10 Jesús les dice:
- Traed de los peces que acabáis de coger.
11 Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos, no se rompió la red.
12 Jesús les dice:
- Vamos, almorzad.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
13 Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado.
14 Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
15 Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro:
- Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?
Él le contestó:
- Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
- Apacienta mis corderos.
16 Por segunda vez, le pregunta:
- Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Él le contesta:
- Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Él le dice:
- Pastorea mis ovejas.
17 Por tercera vez, le pregunta:
- Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si le quería y le contestó:
- Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
- Apacienta mis ovejas.
18 Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.
19 Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió:
- Sígueme.
Orientaciones para la lectura
El pasaje que precede a la perícopa de este III domingo de Pascua parece una conclusión del evangelio de Juan. El capítulo siguiente (el 21) es considerado, por algunos exegetas, obra del movimiento joáneo que representa a la Iglesia post-pascual de Juan. El capítulo 21 nos dice lo que sucede cuando se profundiza en el acontecimiento pascual: la hora de Jesús pasa de Él a la Iglesia. "Hay muchas otras cosas escritas, acerca de Jesús, que no se encuentran en este libro". Hay algo más que Jesús ha hecho y que no está en el libro, pero lo que ha sido escrito es para que creáis que Jesús es el hijo de Dios. Tiene, por tanto, el objetivo de activar la fe.
Estamos frente a otra manifestación de Jesús; es la tercera, dice Juan. Cambia el lugar: después de la tumba vacía y el cenáculo, ahora le toca el turno al lago de Galilea.
Podemos dividir el capítulo 21 evangelio en cuatro partes, aunque la liturgia de este domingo nos hace leer sólo las dos primeras:
vv.1-14: particular manifestación de Jesús en la Iglesia.
vv.15-19: primado dado a Pedro y, a través
del imperativo de Amar, le es confiado el encargo de apacentar a todo el rebaño;
vv. 20-23: reflexión sobre la permanencia del discípulo que Jesús ama
y que permanece para siempre.
vv.24-25: segunda conclusión del evangelio.
La primera (vv. 1-14) se nos presenta no tanto como una crónica sino como una narración con valor simbólico. La iniciativa de ir a pescar la toma Simón Pedro, aunque el calificativo de "pescador" o "pescadores" ha cambiado ahora: ha pasado a ser pescadores de hombres.
v. 1: Después de estas cosas, se manifestó a los discípulos. Es capítulo anterior tiene como fin esta manifestación de Jesús. Hay una alusión al capítulo 1 de Juan, a los hijos de Zebedeo y a los otros dos discípulos. Pedro toma la iniciativa no casualmente, bien porque era el jefe del grupo, bien porque Jesús le había dado el nombre de "Piedra", roca, pero en aquella noche no cogieron nada. Se está hablando de su actividad como pescadores de hombres, es decir, una actividad pastoral, en la Iglesia, del anuncio de Cristo, que no da inmediatamente un resultado tangible. Se trabaja, hay esfuerzo, pero los resultados pueden no darse durante largo tiempo.
En el v.4 encontramos a Jesús, de pie (designación de Jesús Resucitado), y presente con toda la fuerza de la tarde de Pascua (cap. 20), pero no sabían que era Jesús. Encontramos la misma experiencia del sepulcro vacío: Jesús Resucitado está presente pero no se ve, no lo ven y advierten sólo el vacío de su trabajo.
Jesús les pregunta: "¿Tenéis algo que comer?" No, respondieron. Es un no seco, después de haber trabajado toda la noche. Echad las redes a la derecha, responde Jesús, siendo bastante normal, para quien está en la orilla, ver dónde están los peces. Este trabajo infructuoso durante tanto tiempo, se convierte en fructuoso más allá de toda expectativa.
Al principio, los siete apóstoles no reconocen a Jesús en la persona que ven en la orilla y que les invita a pescar. Pero Juan, el discípulo que Jesús amaba, tiene una intuición, una corazonada de fe, y profesa: es "el Señor". Como el "Señor mío y Dios mío" de Tomás. Es la fe de la comunidad cristiana: Señor tiene aquí el significado de Dios. No es el genérico "señor" que usamos porque no conocemos el nombre de quien está delante. Es el Kyrios Pascual.
Simón Pedro se lanza hacia el Señor y se produce un encuentro muy bonito. Es en este cuadro simbólico del fracaso, de la nada, de no llevar fruto, cuando inesperadamente Jesús, aunque no acertemos a verlo, interviene sin cálculos humanos. El Señor está en la Iglesia, está con nosotros, presente. Cuando bajaron de la barca, encontraron los peces asados, los panes, y a Jesús con ellos invitándoles a un banquete fraterno.
Hay un subrayado sorprendente en el v. 12: ninguno se atrevía a preguntarle quién eres, sabiendo que era el Señor. Esta intimidad entre los discípulos y Jesús es el espacio simbólico en el que se celebra la Eucaristía. Este episodio es paradigmático para todo el tiempo post-pascual. Es una presencia de Jesús que se hace particularmente cercana en la Eucaristía. Recordamos Ap. 3,20: "Mira que estoy a la puerta y llamo, dice el Señor. Si alguno escucha mi voz y me abre, entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo".
En este episodio paradigmático se expresa la situación permanente de la Iglesia empeñada en la actividad. Los resultados de su trabajo vienen de Jesús y son sorprendentes; a veces, al retomar el camino, los discípulos no son capaces de ver a Jesús, pero no hay preguntas porque todos saben, por la fe, que está presente.
Continúa en el segundo cuadro la escena (vv.15-19) con el diálogo entre Jesús y Pedro. Es requerida y dada una confirmación: el amor por Jesús - "¿me amas?"-, y el servicio de guía de los hermanos -"apacienta mis ovejas". Al final, la invitación: "sígueme".
Sería interesante notar el verbo que usa Jesús las primeras dos veces que pregunta a Pedro "¿me amas?": El verbo agapao, que significa el amor más grande, el que llega a dar la vida. Y la respuesta de Pedro es sincera. No sabe si es capaz de un amor así y se limita a decir: "te quiero", como a un gran amigo. La tercera vez, Jesús desciende al nivel de Pedro y pregunta si le quiere, pero Pedro responde, herido: "Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero". Algún comentarista dice que quizá encontramos aquí la alusión a las tres negaciones, pero Pedro sabe bien que, con su pasión, Cristo ha cancelado su pecado, ya es un hombre que ha tenido experiencia del perdón y, por otra parte, desdeciría en Jesús recalcar de nuevo el pecado. En la Biblia, repetir tres veces no significa una repetición sino un "crescendo". Hay, por tanto, un crescendo de Amor que Jesús le pide a Pedro. Pero Pedro se asusta porque no sabe si es capaz de llegar a este máximo de amor, y dice a Jesús: Tú lo sabes todo, eres Tú el que me tiene que decir si seré capaz. Hay un enriquecimiento de un verdadero encargo a Pedro: serás una roca, serás una Iglesia con un rebaño. Pedro es visto como Pastor, pero este encargo le viene dado bajo el signo del Amor.
Otro versículo enigmático: "Cuando eras joven, tú solo te ceñías e ibas donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás las manos y otro te ceñirá y te conducirá adonde tú no quieras". Extenderás las manos alude al tipo de muerte que Pedro deberá sufrir, es decir, la crucifixión. Extenderás... es el modo de decirle a Pedro que participará plenamente de la situación de Jesús crucificado.
La última palabra que Jesús le dice a Pedro es, como la primera, sígueme (cf. Mc 1,17:"venid detrás de mí").
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