Lectura orante

Lucas 1,39-45

Oración inicial - Leemos - Meditamos - Oramos

 

 

 

"¡Dichosa tú, que has creído"

 

Invocación al Espíritu

 

 

1. Leemos la Palabra

 

Lucas 1,39-45 

En aquellos días, 39 María se puso de camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; 40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 En cuanto Isabel escuchó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, 42 y dijo voz en grito:
¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
43 ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 44 En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45 ¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

 

 

  Orientaciones para la lectura 

 

 

Recordemos el contexto del evangelio de hoy: María acaba de recibir la Palabra de Dios a través de su mensajero, el ángel Gabriel. El ángel le anuncia que también su prima Isabel ha concebido un hijo en su vejez y en la esterilidad porque nada es imposible para Dios.

        Entonces María, levantándose (en griego, anastasa) se pone en movimiento y sale deprisa. En algunas traducciones, este verbo griego (anistemi) se pierde, pero es importantísimo porque es el verbo que indica la resurrección. Literalmente significa levantar, alzar, poner en pie. María es puesta en pie por la Palabra de Dios revelada por Gabriel. Y se pone en camino movida por el Espíritu ("El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra", Lc 1,35). Lucas nos dice que también Simeón, movido por el Espíritu, se dirigió al templo (Lc 2,25-27); más tarde, los pastores partieron deprisa para ver el acontecimiento anunciado por los ángeles.

        Nos ponemos en marcha cuando somos movidos, impulsados por Alguien que es más grande que nosotros y que está dentro de nosotros. La Palabra lleva a María de Galilea a Judea. No se dice nada sobre este viaje, pero podemos imaginar que duró algunos días de camino ininterrumpido, sin excluir los peligros, los imprevistos y las varias dificultades que conllevaba aquel trayecto a través de las montañas.

        María entró en casa de Zacarías, saludó a Isabel y sucedió que, al oír la voz de María, el niño saltó de alegría en su vientre y se llenó del Espíritu Santo. Está presente la misma dinámica del anuncio a María: el ángel entró, la saludó y se llenó María del Espíritu Santo. Ahora es Isabel la que se llena de Espíritu y, en Isabel, también Juan es alcanzado por el Espíritu, como le fue anunciado a Zacarías por el ángel (Lc 1,15): "estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre". Juan salta como David saltó y danzó ante el Arca de la Alianza (2 Sam 6). Juan oye la voz (foné) y esta voz será su voz: Voz de uno que grita en el desierto (Lc 3,4).

        El amigo del esposo, que está presente y le escucha, se alegra por la voz del esposo (Jn 3,29). El tiempo de la salvación es tiempo de alegría.

        "En cuanto tu saludo llegó a mis oídos...". También el oído es el órgano que permite entrar y estar en contacto con Dios; por ello Jesús cura a los sordos tocando sus oídos (Mt 7,33). Ya Isaías dice: Por la mañana me espabila el oído...

        Los vv. 42-45 expresan la voz del Espíritu que habla por boca de Isabel y por boca de María: Isabel llama a María bendita y bendito el fruto de su seno, y la llama madre de mi Kyrios, de mi Señor. Isabel parece intuir el significado profundo de lo que está pasando. Dios ha bendecido a María con la plenitud de todas las bendiciones con que hemos sido bendecidos/as en Cristo (Ef 1,3).

        Isabel proclama a María feliz, dichosa (makaria) porque, fiel y obediente a la Palabra de Dios, ha permitido el cumplimiento de la promesa: Dios ha venido a salvar a su pueblo de un modo definitivo. 

        La respuesta de María a las palabras de Isabel es la explosión de alegría y júbilo que podemos leer en los vv. 46-55: es un cántico o himno que sigue los trazos del cántico veterotestamentario de Ana (1 Sam 2,1-10). En él, María engrandece al Señor porque en ella se realiza la antigua promesa de salvación ya que en Jesús, que significa Dios salva, Dios se ha hecho Salvador de su pueblo. Este antiguo himno que la Iglesia de los primeros siglos ha puesto en boca de María quiere ayudarnos a leer el acontecimiento salvífico de Dios en la historia personal y comunitaria del pueblo de Israel que reconoce en María a la hija y a la madre de su pueblo, porque no sólo sigue el camino, sino que lo indica y lo da haciéndose arca, custodiando y dando forma al cuerpo humano del Hijo de Dios.

        En efecto, María es considerada como el Arca de la Alianza del Nuevo Testamento: en su seno lleva al Santo, la revelación de Dios, la fuente de toda bendición, la causa primera de la alegría de la salvación, el centro del nuevo culto.

 

 

        

 

meditamos - oramos

 

 

 

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