Lectura orante

Lucas 15, 1-3.11-32

invocación inicial - leemos - meditamos - oramos 

 

 

 

Ambientación

El evangelio de Lucas es conocido como el “Evangelio de la misericordia”. Todo él puede ser leído como un gran relato que nos sumerge en el amor entrañable del Padre. Jesús es el gran protagonista: a través de sus palabras y sus acciones se revela el rostro misericordioso de Dios. Hace dos mil años, sus discípulos fueron testigos privilegiados de ello. Hoy nosotros, discípulos atentos a su Palabra, nos disponemos a contemplar el evangelio como verdadera buena noticia del amor de Dios.

 

«Lo abrazó y lo cubrió de besos»

 

Oración para disponer el corazón

 

Aquí estamos, Señor, en tu presencia.

Gracias, Padre Bueno, porque siempre nos recibes sin condiciones.

Aquí estamos, Jesús, ante ti, que eres el Camino, la Verdad y la Vida, 

y te pedimos el regalo de tu mirada, la luz que nos hace ver tu luz.

 

Abre nuestros corazones a la escucha,

ilumina los rincones oscuros de nuestra vida,

ayúdanos a identificar las sombras de nuestro mundo,

permítenos poder agradecer esta luz que nos viste de fiesta,

renueva nuestra fe y nos convierte a tu amor.

 

 

(Homilética, Vol. 50, 2004/2)

 

 

1. Leemos la Palabra

 

El capítulo 15 del evangelio de Lucas es un magnífico retablo formado por tres parábolas en el que podemos contemplar el rostro misericordioso de Dios. Vamos a leer la tercera de ellas, la del “Hijo pródigo”, que hemos rebautizado con un nuevo nombre: “la parábola del Padre misericordioso”.

Lucas 15,1-3.11-32 

En aquel tiempo 1 se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo. 2 Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos:

- Ése acoge a los pecadores y come con ellos.

3 Jesús les dijo esta parábola:

- 11 Un hombre tenía dos hijos; 12 el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.

El Padre les repartió los bienes.

13 No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

14 Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

15 Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. 16 Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.

17 Recapacitando entonces se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan mientras yo aquí me muero de hambre. 18Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; 19 ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.

20 Se puso en camino adonde estaba su padre: cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.

21 Su hijo le dijo:

- Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.

            22 Pero el padre dijo a sus criados:

- Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; 23 traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, 24 porque este hijo mío estaba muerto y revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado.

            Y empezaron el banquete.

            25 Su hijo mayor estaba en el campo.

            Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, 26 y, llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.

            27 Éste le contestó:

- Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.

            28 Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. 29 Y él replicó a su padre:

- Mira, en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; 30 y cuando ha venido ese hijo tuyo, que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.

            31 El padre le dijo:

- Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: 32 deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado.

 

 

  Orientaciones para la lectura 

 

En un momento de silencio, volvemos a leer el pasaje, despacio, fijándonos bien en lo que dice. Podemos ayudarnos de las notas de nuestra Biblia. Después, juntos, leemos las siguientes orientaciones e intentamos responder a las sencillas preguntas que se proponen. 

Los dos primeros versículos del texto nos presentan la escena. Unos fariseos y maestros de la ley se, que se consideran justos, se indignan y murmuran porque Jesús les responde con esta parábola. Con ella justifica su comportamiento y revela el rostro misericordioso de Dios. En su modo de actuar con los pecadores y publicanos se aprecia en Jesús la forma de ser del Padre. 

La historia comienza presentando a unos personajes: un padre y sus dos hijos. El pequeño de ellos no se comporta correctamente. En la sociedad de aquella época, emanciparse del padre era un atentado contra su autoridad, deshonrándole y manchando su reputación. El padre muere en vida. Y el hijo también: abandona la protección y el amor de la casa y derrocha lejos su fortuna, llega al límite de cuidar cerdos (impuros para los judíos) y de querer comer lo que a ellos les daban. Cuando se encuentra en un callejón sin salida, el hijo menor calcula la posibilidad de volver a casa para saciar su hambre. Es fácil reconocer en este hijo la vida de los pecadores y publicanos a quienes simboliza. Vamos a fijarnos un momento en su hermano. ¿Qué actitudes muestra el hijo mayor? ¿A quiénes simboliza?

Aunque el hijo mayor no ha abandonado la casa, también vive alejado del padre. En su dureza de corazón, en su incapacidad de perdonar y acoger a su hermano, descubrimos a los fariseos y maestros de la ley. Jamás han desobedecido una orden de Dios, pero en su fidelidad no se aprecia un ápice de alegría ni amor. Nunca han experimentado el perdón del Padre, y por eso no comprenden la alegría y la fiesta en la reconciliación. En la rigidez de su comportamiento marginan de la salvación a los que no son como ellos. Son incapaces de entender la inesperada actitud de Dios. ¿Cuál es el comportamiento del padre ante estos dos hijos?

La reacción del padre desborda todas las expectativas. Cuando el hijo aún está lejos, el padre se adelanta. El verdadero acercamiento es el del padre; él es quien toma la iniciativa. “Profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos”. No importa la ambigüedad de las motivaciones del hijo: mediante el vestido, el anillo y las sandalias, el padre le dice que sigue siendo hijo suyo. Sin una recriminación ni un reproche. El desprestigio sufrido por el padre no importa. Este padre, que simboliza a Dios, quiere hacer fiesta porque el hijo que había muerto ha vuelto a la vida, porque el perdón conduce siempre a la alegría. Y el padre sale también a buscar al hijo mayor, al que no quiere unirse a esta fiesta. Con él desea reconstruir la filiación y la fraternidad perdidas.

También nosotros estamos llamados a participar con alegría en la fiesta del perdón que nace del amor de un Dios que es como el padre de la parábola.

  

 

 

        

 

meditamos - oramos

 

 

 

Inicio

 

© Pías Discípulas del Divino Maestro

C/ Canal de la Mancha, 2

28022 – Madrid

Tlf.: 91 741 27 18