1. Leemos        2. Meditamos        3. Oramos

 

 

2. Meditamos

 

 

Imagínate dentro de la escena de la parábola. ¿Con quién te puedes identificar?

  ¿Con el hijo menor, que estuvo perdido y fue encontrado?

  ¿Con el hijo mayor, que critica el gesto misericordioso y amoroso del padre?

  ¿Con el padre, que sabe confiar en sus hijos y que les ama incondicionalmente con perdón y comprensión?  

En primer lugar, la parte del evangelio que me ha impactado más es la confianza que el padre da a su hijo menor. El padre le dio su herencia sin preguntarle nada (no dice nada el evangelio sobre ello). Se ve que tenía mucha confianza en que la iba a administrar bien. Tampoco dice nada sobre si le dolió al padre que su hijo se marchase. Para mí habría sido mejor que el evangelista hubiera escrito estos detalles para que la parábola reflejara más la realidad en la vida.  

En segundo lugar, veo que el padre que refleja la parábola no personifica sólo la firmeza de un padre que defendió su postura de aceptar a su hijo menor ante el hijo mayor, sino que también refleja la ternura que llevaba en su corazón, la cual le empujó a abrir sus brazos a su hijo menor.  

¿Cuántos padres reflejan la disposición del padre de la parábola? ¿Cuántas veces reflejamos el amor de este padre en nuestra vida? Es un amor dispuesto a perdonar, que se alegra por haber encontrado a su hijo perdido, que comprende la incomprensión y el resentimiento del hijo mayor.  

Por mi parte, he tenido la suerte de tener un padre que confía mucho en mí. Él me solía decir que “si mis compañeros de la clase pueden, seguramente que yo puedo también”. Me lo decía cuando me quejaba de las dificultades que tenía en mis estudios. Siempre me cuidaba (me daba cosas que me gustaban), me inspiraba (a través de sus palabras y obras), me daba cualquier cosa que necesitaba. Basta que yo pidiera, y él me daba sin dificultad, sin preguntas. Mi padre confía en mí tanto que a veces yo sentía que no merecía esa confianza. Es un padre parecido al padre de la parábola. Nunca me ha dicho que me ama ni me perdona. Pero lo mostraba a través de sus obras. De hecho, a pesar de que no quiso que ingresara en la vida religiosa, con los ojos llenos de lágrimas, me dejó responder a la llamada del Padre que es más poderoso que él.  

        Cada uno de nosotros tenemos experiencias de la personificación del amor de Dios como Padre. ¿Cómo se ha hecho real esta experiencia en tu vida? ¿Cómo manifiestas este amor a los demás?

 

 

  3. Oramos

 

Oración al Padre

 

Padre amoroso,

estoy lleno de gozo y agradecimiento.

Gracias por todo:

por el don de vida,

por tus manos que me cuidan,

por tu presencia que nunca falla.

 

Padre misericordioso,

a veces siento que no merezco

el perdón que siempre me das

cada vez que me alejo de ti

y no te hago caso.

 

Muchas gracias, Padre,

por ser como Tú eres,

amoroso y misericordioso,

firme y justo a la vez.

 

Perdóname, Padre,

por no haber sido lo bastante agradecido,

cuando no he transmitido tu Palabra a los demás,

cuando no he sabido perdonar,

cuando no he podido darme

 a los que me necesitan.

 

Padre,

ayúdame a ser como Tú.

Que sepa perdonar y no vengar.

Que ame sin condición ni pedir cuentas.

Que sea tu presencia acogedora y amorosa.

 

Padre,

¡estoy aquí!

Gracias por tu llamada:

a amar, a perdonar,

a “vivir” y a “morir”.

 

Padre,

¡estoy aquí!

Dame un abrazo.

Ponme en tu regazo.

Sé mi Padre, ahora y para siempre.  

 

 

 

 

 

Cecilia Payawal, pddm (Filipinas)